El estrecho lugar de la invención

Por: Gabriela Febres-Cordero

Dentro de los argumentos presentados hacia las XI Jornadas, Raquel Cors menciona que “…la indagación de la neurosis infantil perturba… algo de ese infans encarna lo real…” Me pregunto, de forma inversa, ¿en esta indagación, tal como Raquel la nombra, con qué se encuentra un niño? Se desplegarían entonces la novela familiar de la cual viene a formar parte, el lugar que ocupa en la dinámica parental, encarnando el impasse inherente a toda relación entre seres parlantes… En este punto podría parecer que nos topamos con un bucle. Pero al niño le toca una jugada fundamental. Más allá de los caminos usuales, o socialmente aceptables, por los que puede optar el infans para inscribir algo de su goce, ¿qué decisión podría concernir activamente a este niño, en medio del torrente de significantes que le devienen? ¿Qué posibilidad habría para la invención y a qué tipo de hallazgo podría llegarse? Esto, junto a una curiosidad y afición cinematográfica, me llevó a explorar en torno a algunos personajes.

Antoine Doinel (Los 400 Golpes, del director François Truffaut) es un niño que constantemente se encuentra con un discurso proveniente del Otro de la norma. Encuentro para nada amable: sus profesores le dicen el gran fracaso que será en la vida, se muestran apenados por sus padres a quienes les ha tocado un hijo así, y manifiestan con verdadero pesar que Francia deba cargar con ciudadanos tipo Antoine. Su madre luce constantemente irritada por su presencia y se queja a viva voz de lo difícil que le resulta encargarse de las cosas de casa. Y entre estas cosas de la casa que la agobian, se encuentra Antoine. En una de las primeras escenas Antoine es castigado por el profesor, lo manda a la esquina de la clase, mirando a la pared. Un compañero le pasó una revista con fotografías de chicas de calendario y el profesor se dio cuenta de esto. En ese rincón, Antoine permanece de pie incluso durante el receso. Estando solo en el aula, cumpliendo su castigo, Antoine escribe en la pared:

Aquí sufrió el pobre Antoine Doinel castigo injusto de un profe cruel por culpa de una chica dibujada en un papel. Entre nosotros será siempre ojo por ojo, diente por diente.

Por supuesto, esto es una traducción aproximada. Pero sé que en francés también está escrito con cierta rima y eso me parece rescatable en tanto recurso creativo de Antoine para decir algo en torno a la posición en la que se encuentra respecto al Otro. Creo importante tener presente el momento en el que esta película fue realizada y la dinámica que se sostenía desde el discurso institucional académico: 1958, diez años antes de Mayo del 68’. Una vez situados en el contexto de este régimen académico autoritario, diría que Antoine se las ve con un Otro que no permite nada fuera de lo esperado y cuya reacción inmediata es acallarlo, incluso violentamente. Los destellos de creatividad discursiva que se perciben en ciertos momentos no son acogidos, e incluso conllevan un castigo.

En otro momento de la película, somos testigos de cómo Antoine queda maravillado ante una novela de Balzac. Realiza un trabajo literario por el cual se lo acusa de plagiar a Balzac y es enviado a hablar con el director de la institución. En definitiva, no hay un Otro que dé lugar a lo que podría ser una suerte de invención literaria ante lo insoportable de lo que Antoine atraviesa: él, de hecho, no es hijo de la pareja de su madre y conoce que ella sostiene una relación amorosa con otro hombre. No hay espacio para Antoine; es dejado en un centro para menores delincuentes, donde en una única visita su madre le hace saber “…sólo sirves para militar o para el Centro de Aprendizaje.” Al fin y al cabo, no se lo ha logrado educar.

Paloma (El encanto del erizo, por Mona Achache. Basada en la novela La elegancia del erizo por Muriel Barbery) es una niña de 11 años que anuncia, de entrada, “…desde hace mucho tiempo sé que el destino final es la pecera. Un mundo donde los adultos chocan como moscas contra el mismo vidrio.” Dinámica de la cual ella ha decido sustraerse: se quitará la vida el día de su décimo segundo cumpleaños. Sin embargo, junto a esta decisión ella también anuncia que no se dejará morir como un vegetal, “…lo importante es lo que se está haciendo en el momento que uno muere.” En ese sentido, a Paloma la muerte la encontrará filmando una película, “…que muestre por qué es absurda la vida. La vida de los demás y la mía.”

Paloma filma a su madre hablándole más a las plantas que a los humanos. A su hermana, quien aborrece en extremo tener una cámara apuntada en su dirección. A su padre, quien pasa mucho tiempo en su trabajo, y en ocasiones mira a su hija con una mezcla de extrañeza y curiosidad. Y a la portera de su edificio, Michel. Una mujer que se ha esforzado por mantener un semblante huraño y hosco. Paloma no quiere tener nada que ver con las identificaciones familiares, comienza a buscar fuera y a relacionarse con Michel quien, en palabras de Paloma “…no es una portera corriente… ha encontrado el escondite perfecto.” En definitiva, es una portera singular: no se esfuerza por agradar, tiene una habitación repleta de libros y… se enamora.

Miller, en Sutilezas Analíticas, despliega lo difícil que es ser singular. Precisamente esto es lo que Paloma detecta: Michel lo ha conseguido. A pesar de que esto ha sido a precio de mantener una vida más bien solitaria, a lo largo de la película se despliega una historia de amor entre Michel y un nuevo inquilino. Del mismo modo, Michel le da la posibilidad a Paloma de acercarse, de conversar, de tomar el té, de determinar juntas cuál es la mejor manera de comer un chocolate. La niña comienza a turnarse entonces entre su película, los preparativos para su suicidio y descubrir quién es Michel. Michel es una mujer que ha logrado construirse un espacio en el mundo, donde se hace algo más que chocar con el vidrio de la pecera. Pues tiene en su haber el escondite perfecto.

En la película de Achero Mañas, El Bola, Pablo es el personaje principal. A Pablo todos le llaman El Bola. Vive con sus padres, su abuela, asiste a la escuela y juega con sus amigos. El padre de El Bola suele ser distante y frío con él. Sólo cuando se cruzan en la calle con algún conocido asoma un gesto de cariño: posa su mano en el hombro de El Bola o le rodea con un brazo. Ante los reclamos del padre, por ejemplo, “por qué no te quedas en casa, ¿para variar?” El Bola contesta con una pregunta que deja ver un pedido de amor, de querer ser situado en otro lugar, “¿quieres que me quede?” El padre mira para otro lado y responde, “ve”.

El Bola tenía un hermano mayor, fallecido en un accidente de tránsito. Su padre no deja de compararlo y poner en acto su rechazo, su imposibilidad de tramitar la muerte de aquel hijo abre una hiancia que lo deja sin poder amar al hijo que sí está. El Bola es golpeado violentamente por su padre, en ocasiones incluso no asiste a clases dada la gravedad de los golpes. Más adelante, El Bola conoce y se hace amigo de Alfredo, un niño nuevo en su escuela. Comparte incluso con la familia de Alfredo, donde hay posibilidad al diálogo, abrazos, risas y tatuajes. El padre de Alfredo es tatuador y El Bola llega a ser testigo de la ejecución de esta marca de afecto y de designación. Somos testigos de dos tipos de marcas inscritas en lo real del cuerpo: el golpe y el tatuaje. Ambas designan un lugar en la familia y el lugar que cada uno de estos niños ocupan para el Otro paterno. En el #12 de los Boletines preparatorios a las XI Jornadas, Carolina Vignoli ubica que se marca el cuerpo del niño para tratar de domesticar algo de ese goce que confronta a los adultos con lo insoportable. Un esfuerzo por “hacerlo ingresar al discurso del amo dominante.

Lo que me dejan estas obras cinematográficas son preguntas producto de estas introducciones a dinámicas familiares particulares: donde los niños son hablados desde un lugar y designados; la rara, el delincuente, el que no es al que se quiere… ¡Cuántos lugares y nombres posibles puede haber para un sujeto! Tanto Antoine como Paloma y El Bola, tienen lugares determinantes en su novela familiar. Sin embargo, Paloma se topa con un recurso que le permite dar cuenta de que es posible otro modo de hacer con la vida y no terminar en esa “pecera” monótona e inhumana. Por otro lado, el sistema estatal no logra encontrar cómo hacer de Antoine un ciudadano ejemplar. Y El Bola da cuenta de la posibilidad de otro lugar de designación familiar, diferente a aquel que lo somete al goce paterno y que lo marca desde lo real. Judith Miller, en la presentación del libro Los miedos de los niños señala que al parecer a los niños sólo les queda resistir o ceder. Resistir o ceder ante la norma. Pero queda la vía que el psicoanálisis propone: escuchar, acoger su singularidad y construir. Siempre desde el respeto, y en este punto dejo una cita de Miller, “…es el permiso que se da para que ese otro sea… él mismo, tal cual, independientemente de los sistemas donde sueñan inscribirlo.”

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  • Achache, M. (Directora) (2009) Le hérisson [película]. Francia: Les Films des Tournelles.
  • Cors, R. Argumento y ejes para las XI Jornadas de la NEL. Recuperado de: https://jornadasnel2020.com/template.php?file=argumento-y-ejes.html
  • Mañas, A. (Director) (2000) El Bola [película]. España: Tesela P.C.
  • Miller, J-A. (2012) Sutilezas Analíticas. España: Paidós.
  • Miller, J. (2017) Presentación. En J.A. Miller y Otros. (pp. 09-12) Los miedos de los niños. Buenos Aires: Paidós.
  • Truffaut, F. (Director) (1959) Les quatre cents coups [película]. Francia: Les Films du Carrosse.
  • Vignoli, C. Boletín Infans #12. Recuperado de: http://www.jornadasnel2020.com/boletin-infans/12.html

Notas preliminares hacia una conversación sobre psicoanálisis con niños

Notas preliminares hacia una conversación sobre psicoanálisis con niños

Un deseo de sostener la apuesta viva de las XI Jornadas de la NEL

… así de desvalido

Estoy yo cuando en mi amor pienso.

Izumi Shikibu (¿976-1025?)

Jessica Jara de Aguirre. NEL Guayaquil

  1. Ante lo insoportable, los psicoanalistas no somos especialistas.

Ante la suspensión de las Jornadas de la NEL que debían realizarse este octubre, por lo que podríamos llamar con veracidad “motivos de fuerza mayor” o siendo más específicos: una-peste-en-ciernes, Raquel Cors apuntó bien que lo real no produce tristeza; y en efecto, como nos enseñó Lacan en La Ética del Psicoanálisis y en Televisión: culpa y tristeza son índices de la renuncia al deseo.

Al traer este asunto a un “Viernes de Escuela” se encendió un deseo de no cerrar esa puerta que se estaba abriendo, en tanto que lo que leí desde el Argumento de las Jornadas, fue que ésta Jornada de la NEL: “Lo insoportable de la infancia” abría la puerta a dos “públicos”, dando cause a la convergencia de los participantes a las Jornadas y a los de la Semana del Autismo. Esta valiosa apuesta tendría efectos clínicos, éticos y políticos importantes. He allí mi insistencia de que a esta conversación sean invitados cartelizantes y participantes de los Observatorios de Infancias y Autismo. Aunque, lo cierto es que habemos aquí cartelizantes y colegas que han viajado a Bogotá a la Semana del Autismo, en ocasiones anteriores.

Eso a qué apunta sino a la confirmación de que los psicoanalistas no somos especialistas. Incluso en uno de los informes del Comité Acción de la Escuela Una se reprochan los controles “especializados” (2000). En esa vía, en “La incidencia del psicoanálisis con niños en el psicoanálisis con adultos”, Eric Laurent advierte que la especialización y la sub-especialización son perjudiciales para el conjunto del movimiento psicoanalítico y que “el esfuerzo por sostener el desafío de la práctica del psicoanálisis con niños implica empujar a todos los analistas a sostener a niños en análisis”. En lo epistémico, se apunta a que los conceptos en el psicoanálisis con adultos y psicóticos, no dejen de aplicarse al psicoanálisis con niños. Adquiere relieve entonces el por qué Lacan reprocha nunca haber escuchado el significante “goce” en las Jornadas sobre la Infancia Alienada[i].

En esta conversación, la de hoy, el concepto privilegiado será el amor, el amor y la transferencia; y se da en virtud de una transferencia de trabajo. Al respecto, creo oportuno recuperar lo que indica Miller sobre Rosine Lefort: “sin duda es importante que ella no lo cuida (al niño), no lo vigila, así que, naturalmente, el espacio que queda si ella no se ocupa de sus necesidades, es el amor”; así, Marta Berenger anota la orientación de Miller: “prescindir de la gratificación que podría dar a los intervinientes el colocarse en un lugar cercano al maternaje, al regodeo narcisista con el niño, prescindir de satisfacerse con la posición de ser el Otro de la dependencia amorosa”. Y, ¡ni hablar del capricho materno!

  1. Sexualidad femenina: Cuestión preliminar a todo tratamiento posible de los niños.

La reactualización de la pregunta: “¿Qué madre s/hoy?” (Jornadas de la NEL en México, 2018), cobra toda su importancia en este terreno. Laurent lo ha precisado: “Para Lacan, la investigación sobre la sexualidad femenina era la cuestión preliminar para todo tratamiento posible de los niños”. De ese modo, fue una interpretación la insistencia de Lacan a Françoise Dolto a que escribiera un artículo sobre la sexualidad femenina para la revista La Psychanalyse (que él dirigía). Asunto del que esa gran madre “adivina” no se ocupaba desde su tesis. La indicación de Lacan de silenciar en algo la fascinación del psicoanálisis hacia la madre, es para hacerla hablar y dar lugar a las paradojas de la sexualidad femenina. Y si el secreto de su seminario 5 es que aborda la sexualidad femenina, estamos invitados a releerlo con esa perspectiva.

Lacan en su retorno a Freud, analiza la teorización y la práctica de las mujeres en cuyas manos quedó el psicoanálisis[ii]. Lacan interroga a Melanie Klein del seminario 1 al seminario 7 (de lo que tengo más fresco por los cursos que llevamos en el CID). Lacan encuentra allí lo que podemos llamar un deseo reparador: una inyección de simbólico que permite a Dick acceder al “llamado”, lo que en efecto operó. En el seminario 7, Lacan se burla de las maravillas del psicoanálisis que “determinados trabajos gustosamente destacan, con una satisfacción algo ingenua”. Así, apunta que Klein se maravilla de que la obra de arte y los casos clínicos “peguen tan bien con la sucesión de los fantasmas del niño concernientes al cuerpo de la madre…”. En fin, son los fantasmas kleinianos los revelados en el análisis del niño. Esto último será dicho en el año 60.

Ahora bien, la conmemoración de los 40 años de la presencia de Lacan en Caracas me reintrodujo en la lectura de las Actas de la Reunión sobre la Enseñanza de Lacan y el Psicoanálisis en América Latina, y allí noto que aún en el año 80, Laurent se referirá a “Lo que Melanie sabía…”. Entonces, se aclara que la maravilla imaginaria que apuntamos, tapona la ausencia de relación sexual sobre la que Melanie no sabía. Entre la madre y el niño, dirá Laurent, no hay educación ni sublimación: hay relación sexual.

Sin embargo, el pequeño Richard la ubica como una analista y le confía dos pesadillas: La primera es que la reina de “Alicia en el país de las Maravillas”, la que corta cabezas, le pone un trapo con cloroformo en la nariz. La segunda es que un auto alemán con una matrícula que tiene muchos números se detiene a sus pies sin poder llevarlo a ninguna parte. Si hay dos pesadillas, entonces podemos anotar S1-S2.

En el análisis, Richard tiene otra pesadilla y se despierta en el sueño, va a buscar agua, apaga un fuego y la tierra se vuelve fértil. Laurent apunta que Richard no comparte la interpretación kleiniana de que la rivalidad entre hermanos sea el peor mal: Richard sabe que lo peor es que la madre no tenga palabras para simbolizar su deseo. Hay un último sueño del pequeño y al final de este tratamiento hay: disminución del síntoma, ninguna modificación en su fantasma y una toma de posición en relación a las mujeres, a la bella conductora.

De este modo, será valioso para mí seguir abordando la proximidad entre la posición femenina y la posición analítica.

  1. Estas jornadas me reconducen a las anteriores: Si lo femenino no sólo es asunto de mujeres, lo infans no es sólo asunto de niños.

Podría decir que esta conversación surgió de un desconcierto. Un desconcierto por la suspensión de nuestras Jornadas. Estas jornadas bianuales vendrían a cerrar para mí un círculo: Bogotá, Medellín, Lima, Guayaquil, México D.F., Bogotá. Pero, ahí surgió el recuerdo de que estuvimos el año pasado en Bogotá por las “I Enseñanzas del Pase de la Escuela Una de la NEL”, en una cita íntima con María Cristina Giraldo, Raquel Cors y Alejandro Reinoso: el pase, inconsistiendo una vez más, el todo.

Ciertamente, se produjo un deseo de hablar del trabajo preparatorio hacia la Jornada de la NEL “Lo insoportable de la Infancia”: argumento y boletines, animándonos a producir nuevas escrituras. Nos reunimos en cinco ocasiones, esta reunión “pública” es nuestro sexto encuentro entre: Julia, Gabriela, María Gracia y yo, buscando reencausar un trabajo y bordear lo infans. Bordear lo infans implica tomar nota del desamparo original del ser hablante y su dependencia al Otro del lenguaje, de donde resultan marcas singulares imborrables. Del Argumento de las Jornadas: “traumatismo inscrito en el encuentro del cuerpo con lalengua, del que se desprenderán los rastros de lalengua que el lenguaje no alcanza a nombrar”.

El desconcierto sin palabras es infans. El desamparo original no es un asunto de niños, y se presentifica en cada elección ética, sin Otro. Allí el analista deja al analizante al pie del cañón, en la puerta, se detiene en ese umbral porque no va a gobernarlo, (re)educarlo, ayudarlo, ser su guía de vida… (Lacan, Seminario “La Ética del Psicoanálisis”, p. 32). Si el análisis lo ha llevado hasta este punto, es porque el analista lo tomó de la mano sin dejarlo caer.

Beatriz Udenio en “Un dislocado disparate” indica que en un análisis hay un pasaje de la posición infantil a la posición femenina. En esa vía, el testimonio de Raquel Cors nos enseña que resulta necesario “soltar a la niña” para arribar a la posición femenina. Ella desafió la ciencia y los pronósticos catastróficos: “La niña morirá”, “No caminará”, “No tendrá hijos”, y si los desafió no fue sin el soporte del Otro, de los ideales de la modernidad: Será bella, inteligente y buena. En una elipsis en honor al tiempo diré que al fin de su análisis, para Raquel Cors: saltar el muro y soltar a la niña, era soltar esas horribles identificaciones de un casi holofraseado esa-niña-que-casi-muere. “Saltar el muro”, dejando caer al mismo tiempo la identificación mortífera (la muerte) y al analista, es una solución inédita a la NRS.

De un desconcierto inicial pasamos a un concierto de voces para seguir conversando sobre psicoanálisis con niños. Se viene del lado de Julia Avilés una pregunta ética por la transferencia y el derecho-al-secreto en la época de la transparencia (léase boletín con el texto de Guy Briole); Gabriela Febres-Cordero nos acerca a películas donde se multiplican golpes, dominan órdenes de hierro y se sufren estragos, pero también muestra desde la ficción como una niña puede construir un modo nuevo de vivir, no sin el amor y la elegancia… del erizo. María Gracia Contreras se pregunta por la humanización del carrocho, y anota tres epidemias antes de La epidemia, en un momento en que la responsabilidad del cuidado del niño ha vuelto a los padres: padres extrañados por niños en casa, por una escuela en casa, por una cámara de la escuela en casa y… ¿con o sin síntomas escolares?

[i] Se hace evidente una proliferación de objetos imaginarios: parciales, buenos, malos, ect. Cuando el niño es un objeto condensador de goce.

[ii] También dice que quedó en manos de “tontos de capirote”.

Boletín 7: Biblioteca Nel Guayaquil

Boletín #7

Julio 30 del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!

Que la Biblioteca de Nel Guayaquil presente hoy su séptimo boletín, hace ya una serie.  En ellos abordamos temas que interrogan a los practicantes del psicoanálisis, especialmente en una coyuntura de dificultades sin precedentes como la que estamos viviendo, frente a las cuales animamos a que se comparta lo que para cada uno es un hallazgo, una cita que da luz a problemas de la práctica, un acto que fue posible sostener, una reflexión sobre la orientación del psicoanálisis lacaniano, algo que se desee transmitir en una transferencia de trabajo hacia la Escuela.

En esta entrega de forma excepcional, presentamos a nuestros lectores una experiencia orientada por el psicoanálisis, con un grupo de jóvenes con autismo.  En palabras de Piedad de Spurrier, enseñante del CID en el seminario El autismo y la última enseñanza de Lacan, lo que María Beatriz Paredes nos participa, es una forma de mantener viva nuestra manera de hacer con este discurso en esta época de pandemia.

Ana Ricaurte

 

RESPUESTAS FRENTE AL ARRUINAPLANES

María Beatriz Paredes*

 

 

Desde hace algún tiempo vengo sosteniendo un trabajo con un grupo de chicos extraordinarios, como los llama Mariana Weschler (1).  Autistas, psicóticos, sujetos que presentan ciertas dificultades de aprendizaje y socialización.  Mi encuentro con la mayoría de ellos se dio en un colegio de la ciudad, en donde trabajo como acompañante terapéutica.  Es tanto en el espacio escolar como en las actividades que les propongo, en donde se ha construido una transferencia que ha elevado mi experiencia laboral a una práctica orientada por el psicoanálisis.

En estas salidas se arman grupos de chicos con quienes se realizan actividades que permiten encuentros tanto en sus casas como en espacios públicos.  Las actividades y grupos se piensan en torno al interés y necesidad de cada chico, a la dinámica que pueda darse a partir de este junte de singularidades y a los efectos que surgirán por el hecho de compartir un espacio con otros, esto último, incalculable.

En estas actividades algunos se han permitido deslizarse por una resbaladera de arcoíris cantando como un troll, cuando antes, la sola entrada al espacio de juego resultara aterradora, escoger un libro después de un largo recorrido de dos ediciones de la feria del libro de la ciudad, encontrar a los personajes de la película Intensamente en la pista de bolos y animarse a hacer un lanzamiento con Alegría, realizar el pedido en una cafetería, chocar los cinco con mucha emoción para luego en la siguiente ocasión decir “ya puedo sola”.  Y muchos momentos más en donde cada defensa va cediendo frente a un otro más amable con la orientación de acompañar al sujeto en la vía de una posible reacomodación en relación al goce para que resulte más compatible con el vínculo social. (2)

El 12 de marzo el gobierno ecuatoriano declara la emergencia sanitaria y establece, como medida de prevención frente a los crecientes contagios de coronavirus, la cuarentena obligatoria.  Llegan a mi celular preguntas y comentarios relacionados a actividades canceladas, rutinas afectadas y destellos, desde ya, de aburrimiento en una cuarentena que recién empezaba.  La mayoría, comentarios escritos por ellos.  En otros casos, los padres se comunicaban y hasta me traían mensajes como aquel de que el coronavirus era un arruinaplanes, y yo estoy de acuerdo con J.

Decido crear un grupo en whatsapp con los chicos que me han escrito.  Uno de ellos sugiere hacer una videollamada.  Fijamos fecha y hora.  Eventualmente se fueron animando algunos chicos más.  A inicios de abril, tuvimos que mudarnos de plataforma para estas conexiones debido a que otras nos ofrecían más herramientas que generaban las condiciones necesarias para ampliar los modos de estar: establecer chats internos, poder compartir pantalla, opción de dibujar, etc.  Quienes conocen de las herramientas tecnológicas, pudieron descargar la nueva aplicación con facilidad.  Algunos necesitaron capturas de pantalla, pasos a seguir y videos tutoriales que improvisé.  Otros, contaron con la ayuda de los padres en casa.

Estas reuniones se establecieron en una por semana.  Se conectan a la sesión de zoom quienes se animen.  Durante las primeras reuniones, surgieron comentarios sobre la pandemia y establecieron adjetivos no tan amables para el coronavirus: grande, pegajoso, como una bola, verde, contagioso, la muerte.

¿Cuándo va a acabar esto?

¿Cuándo es la próxima salida?

Frente a estas preguntas para las que yo no tenía respuestas, contesté que no lo sabía pero que por ahora y para evitar al pegajoso y contagioso coronavirus, era mejor permanecer en casa hasta que el presidente nos diga que es seguro salir, estableciendo así una instancia tercera y ubicándome como partenaire sometida también a la ley.

Y así transcurrieron las conexiones grupales y unas cuantas individuales.

Cada uno dio su propio uso de las herramientas de la plataforma.  C realiza comentarios sobre los temas de conversación, estado de ánimo y preocupaciones en relación al año lectivo que se avecina en el chat escrito.  R es un entusiasta de las reuniones en zoom, una vez se conecta, empieza a jugar un videojuego en otro dispositivo mientras está atento a la conversación, esto se evidencia cuando realiza comentarios relacionados al tema que se está tratando o responde a preguntas.  Su cámara nos ha permitido conocer el techo de su cuarto a detalle y nos deja saber de sus intereses cuando la acerca a su rostro para comentar.

En su primera conexión, F decide no activar el micrófono ni la cámara.  Nos advertimos de su presencia pero seguimos conversando.  En un gesto calculado, debido a que F fue quien a inicios del año me advirtió sobre la enfermedad Covid-19, pregunto “¿Y de dónde salió este coronavirus?” F activa su micrófono y da detalles de sus investigaciones.  Transitamos por los efectos de la enfermedad, las muertes cercanas a su familia debido a la pandemia y la dinámica grupal nos lleva hasta los cómics.  Es ahí donde se genera una conversación con otra de las chicas que disfruta mucho de las historietas.  El mostrarse desde el no saber, descompletada para no encarnar el Otro perseguidor y situando el saber del lado de F, generó condiciones que permitieron dar su consentimiento al lazo en esa conversación.

T

Empiezo a trabajar con T en una clase que dictaba en el colegio.  A T se le dificulta sostenerse en la escena con otros y elige decir muy poco y en ocasiones, nada como sostiene Laurent “la marca de goce no está extraída de la palabra, hasta tal punto que el sujeto vive la emisión de la palabra como una verdadera mutilación” (3).  Es en ese espacio donde es posible construir una transferencia a partir de sus objetos.  Con referencia a la película Intensamente y para establecer una conversación con T, solía preguntarle “T ¿quién está en los controles?”, con una risa que ahogaba en su garganta me decía la emoción que él escogía.  Al decirle que le traería platillos que a él no le gustaban como una pizza de brócoli, reía y contestaba con un no sostenido o como traduce un amigo músico, un no en séptima menor descendente.  “¿Y entonces qué te gusta?” “pizza, chocolates, galletas” y comenzábamos a charlar haciéndonos acompañar de signos de la película, de esa lengua privada que debemos saber escuchar.

Luego de varias invitaciones que él rechazaba y como consecuencia de este vínculo, T decide ir a una salida como llaman los chicos a estos encuentros.  Se acerca y me dice en un tono de voz bajo “salida”.  Ese día vamos a la casa de uno de sus compañeros, preparamos pizza en su honor y jugamos UNO.  Resulta que T ganó varias partidas y parecía disfrutar de preparar su propia pizza.  Aun así, se mostró firme en su decisión de comer su pizza con varios asientos de distancia entre él y los otros.  Y así en varios encuentros a la hora de comer.  Un sí al lazo pero con distancia.

Al inicio de la cuarentena, T escribe en el chat “hola, ¿cómo están todos?” “¿Qué hacen?” “¿Cuándo podemos salir?”.  Recibe algunas respuestas.  Le menciono que las salidas están suspendidas y pregunto qué le gustaría hacer cuando se reanuden, T contesta “invitarlos a mi casa”.  Aunque T está en el grupo de whatsapp, no había participado en las conexiones.  Le hice llegar un video con saludos de sus amigos, sus personajes favoritos y fotos de salidas anteriores, a modo de signar una presencia y sostener esos vínculos que había logrado construir.  Me envía un audio diciendo que quiere participar en la siguiente conexión ¡una sorpresa!  Gil Caroz menciona que esta modalidad de comunicación que es tan utilizada bajo estas circunstancias “mantiene el vínculo y establece una importancia de la noción de recordar: recordar una presencia que ha tenido lugar en el pasado o que tendrá eventualmente lugar en el futuro”. (4)

A

La madre de A me llama preocupada porque se acerca el año lectivo en medio de esta situación de emergencia.  Es el último año de A en el colegio.  No sabe si matricular o no a su hija ya que cree que “no será lo mismo” y que a A se le hará difícil el aprendizaje vía online.  Respaldo su idea de que no será lo mismo y le sugiero hacer una videollamada de prueba para ver cómo le va.

Durante esta videollamada A toma el celular y al verme en la pantalla, sonríe, mira a su madre que está junto a ella y vuelve a sonreír.  Su madre deja la habitación, A se acomoda en su sillón y conversamos.  Me cuenta que lo que ha hecho durante la cuarentena es comer 100 negritos, ver 100 películas y que su parte favorita del almuerzo es el postre.  Pregunto por sus largas caminatas, las que permitían apaciguar la angustia frente alguna dificultad en la clase, y me dice que da “¡1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 vueltas!” alrededor de la piscina.  Al despedirme le digo “choca esos cinco” y para dar cuenta de mi equívoco le digo “¡ah, cierto! no se puede”.  Ella se lleva la mano a la boca y ríe.  Rodeo mis hombros con mis brazos cruzados y le digo “te mando un abrazo” y A hace el mismo gesto y responde “te quiero mucho”.

En una de las llamadas grupales, mientras uno de los chicos hablaba y otro sostenía un videojuego de autos que al acelerar hacía ruido, A suelta el teléfono y choca sus dedos con las manos levantadas, luego las baja mientras hace un ruido agudo, lo hace repetidas veces y su rostro se enrojece, se muestra claramente inquieta.  Laurent, recordando a J – C Maleval destaca al “objeto voz como portador de la marca de la singularidad que el sujeto autista no soporta, como lo demuestra su rechazo de la interlocución, ya sea a la que él se dirige o la que él dirigiría al Otro”(5) Apoyándome en sus invenciones, empiezo a entonar una canción que solemos cantar juntas y me detengo, sin nombrarla, ella toma su celular y continúa con la estrofa de la canción.  Y es por medio de sus objetos que ella logra dar tratamiento a lo que le retorna como invasivo.  La transferencia vivifica ese encuentro telemático, el cuerpo agitado se calma y puede sostener la interacción e involucrarse con comentarios esporádicos. Sostuvo un encuentro grupal más pero se mostró más interesada en las conversaciones individuales.

Conversaciones en zoom sui géneris, con los arreglos de cada uno para sostenerse en el intercambio con los otros.

Ahora, otro momento.  Desde otro espacio se siguen sosteniendo los intercambios con un poco más de frecuencia, por ahora vía online, evocando que el encuentro presencial será posible y con la ilusión de continuar el trabajo que toma la singularidad como punto de partida.

____________________

*Participante en seminarios del CID Guayaquil

(1)Weschler, M., “Chicos extraordinarios de padres comunes y corrientes” Buenos Aires, Grama, 2010

(2)Plobome, G., “Una práctica esclarecida…por el psicoanálisis” L’atelier N.2, Barcelona, Repro Disseny

(3)Laurent, E., “La batalla del autismo.  De la clínica a la política” Buenos Aires, Grama, 2013

(4) Caroz, G., “Recordar el psicoanálisis” Hebdoblog n. 198, ECF, 5 de abril 2020

(5) Ídem

 

Comisión de Biblioteca Nel-Guayaquil

Si desean revisar nuestros boletines, pueden  obtener todos los anteriores  visitando el blog de la escuela en esta dirección    https://nelguayaquil.org/category/biblioteca/

Coordinadora del Boletín

Ana Ricaurte.

Diseño y Edición

Gabriela Febres-Cordero.

Silvana Gallegos.

Ana Ricaurte.

Boletín 6: Biblioteca Nel Guayaquil

LAS CITAS Y COMENTARIOS DE LA BIBLIOTECA

Boletín #6
Julio 17 del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!

Avanzamos con la investigación sobre la práctica de orientación lacaniana en esta época de pandemia, con interesantes puntuaciones en cada boletín extraídas de la obra de Lacan y de quienes lo estudian a partir de sus propios interrogantes.  En ellas, Gabriela Febres Cordero y Verónica Esteves desde la complejidad de su práctica con casos de violencia, encuentran conceptos, elaboraciones, a tener en cuenta en sus intervenciones y los aportan en el presente boletín.

Verónica, con un trabajo articulado a lo judicial, propone otra vía distinta que la de “pedagogizar el Coronamachismo”.  Más bien apuesta a la responsabilización subjetiva, tomando una cita de Lacan sobre las retorsiones del propio deseo en los caminos de la agresividad.

Gabriela hace una interesante observación de un empuje a decir, a partir de la inactividad en el confinamiento.  No es el horror sino esta especie de pausa en la vida, la que corta el velo con el que alguien cubre lo traumático sucedido en la infancia.

  Ana Ricaurte

PANDEMIA ¿EFECTO DE CORTE?
Gabriela Febres-Cordero*

En el contexto de la emergencia sanitaria que vivimos, cabe preguntarse sobre la dinámica que cada sujeto sostiene. ¿Qué efectos ha tenido el confinamiento obligatorio, súbito, con relación a lo que se decide no decir? Semblantes sostenidos en nombre de una “convivencia armoniosa”, una decisión propia del sujeto: no querer saber.

Sin embargo, la pandemia también ha introducido una pausa. En ese sentido comienzo a releer algunos textos, orientada por la oferta del discurso psicoanalítico: hay tiempo para encontrar las palabras que mejor tramiten lo que se nos presenta. (1) Lacan (1990) refiere “…el not des lebens… se encuentra en el campo del inconsciente. Sólo nos es accesible por el artificio de la palabra articulada.” (p. 63)

Así como emergieron demandas de atención ante la incertidumbre y el escenario terrible, horrible, que tuvo lugar en la ciudad también se acercaron sujetos cuya angustia lograron relacionar a un evento particular, pre-pandémico. Ubicaron, en su historia de vida, un acontecimiento que habían decidido dejar de lado, optando por el “olvido”. Encuentros con lo real que no deja de no escribirse, y que la pausa-pandémica, a modo de corte, lleva a algunos a buscar qué articulación es posible para esa dificultad de la vida.

(2) Ricardo Seldes (2004) define la angustia, luego de recoger algunos puntos en Freud y Lacan, como “…el afecto que no engaña… es esencialmente un corte, sin el cual el significante, su funcionamiento, su surco en lo real es imposible.” Precisamente, desde un profundo estado de angustia me habla una madre, a raíz de que su hija adolescente decide revelar sobre un episodio de violencia sexual ocurrido en su niñez. Angustia que, ella describe, “nos dejó tiradas en una esquina, sólo nos abrazábamos y llorábamos.” No hay palabras ante el develamiento de este suceso.

Este evento de violencia sexual da paso a que la joven ubique una serie de sensaciones y posturas a lo largo de su vida: repulsión ante ciertos olores, ante demandas del otro y la postura que se espera ella tenga ante las mismas. Se da inicio a un trabajo que le permite verbalizar, dirigir a otro, un malestar por fuera de la pandemia: ¿qué es ser femenina? Durante las sesiones la joven verbaliza que siempre se sintió extraña, incómoda respecto a estos intentos por parte de su madre y abuelas: hacer de ella una chica más femenina. Ahora comienza a tomar decisiones, desde su singularidad, dejando de lado si está siendo o no lo suficientemente femenina.

El artificio lenguajero tiene lugar en un momento particular: durante el aislamiento, junto a su madre, en una habitación, guiada por ese afecto que no engaña, decide contar sobre esta situación de abuso. Enuncia, cuestiona aquellos ideales familiares, encarnados por las mujeres de su familia, y da paso a elaborar algo suyo.
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*Asociada NEL Guayaquil

  1. Jacques, L. (1990). La ética del psicoanálisis. Argentina: Paidós
  2. Seldes, R. (julio/agosto 2004). La angustia y la certeza. Virtualida. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Año 3, número

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LA URGENCIA Y LO JURIDICO
Verónica Esteves*

Desde el inicio del confinamiento impuesto ante la irrupción de la pandemia del Covid-19, se escucha decir en ciertos medios de comunicación que la del Coronavirus no se trata de la única plaga que, además, las cifras estarían evidenciando un incremento de casos de violencia contra la mujer en algunos países. Un recrudecimiento promovido por el encierro, conociéndose escenarios como el de Colombia, en donde la Unión Europea lanzó una campaña digital denominada Coronamachismo, manifestando la intención por hacer una pedagogía sobre el respeto e invitar a denunciar los casos de violencia en el hogar. Los dispositivos del biopoder, ¡a la orden! Sin duda las cifras publicadas son alarmantes y habría que prestar atención, pero el psicoanálisis apunta en otra dirección: no se reduce a la contabilidad ni tampoco a la denuncia legal como mandato.

Las instituciones cuentan con toda una parafernalia discursiva que organiza las demandas con las que los sujetos llegan a solicitar atención. En Clínica de la urgencia, Sotelo expone cómo, si todo hecho es de discurso, “ser nombrado como golpeada o como golpeador dificulta el poder despegarse de eso(…) El nombre mismo, el golpeada, queda ligado al mujer, con lo cual se define su ser, ¿quién es Ud.? Una mujer golpeada, vengo porque soy”.(1) Significantes que no deben ser rechazados, pero sí problematizados y, llegado un punto, ya no priorizar al sujeto del derecho, permitiendo así la asunción del deseo.

En su texto La urgencia en los dispositivos jurídicos. ¿Qué lugar para un analista?, a propósito del trabajo que realizó en una entidad judicial, De Luca precisa: “(…)tenemos por un lado el universal de la ley, el para todos de una norma a la cual nos tenemos que sujetar, y por el otro el particular de quien estamos escuchando, situando la intervención analítica entre la legalidad que supone la norma jurídica y lo que cada sujeto considera legítimo.”(2) Se tendría que apuntar a que el sujeto elabore su posicionamiento frente a la activación del aparataje judicial, apelando a su responsabilidad entendida como implicación subjetiva, no por ser legalmente culpable, sino porque toda prenombrada víctima, por más pasiva que haya estado, no pierde su posición de sujeto.

A la persona acusada, la ideología jurídica la juzga en términos de responsabilidad objetiva al haber quebrantado leyes instituidas, llegando a una sentencia que no necesita ser admitida por ella ni tampoco asumida a nivel subjetivo. Nuestra experiencia nos demuestra, una y otra vez, lo que Lacan expone en sus Premisas para todo desarrollo posible de la criminología, en la que refiere que “la realidad humana no es solamente el resultado de la organización social, sino una relación subjetiva que, por estar abierta a la dialéctica patética que debe someter lo particular a lo universal, tiene su punto de partida en una alienación dolorosa del individuo a su semejante y encuentra sus caminos en las retorsiones de la agresividad”.(3) Nos encontramos en otro terreno que se distancia de la tradición judicial: “la relación de la acción humana con el deseo que la habita”.(4)
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*Participante del Cid Guayaquil

(1) Sotelo, Inés. Clínica de la urgencia, pág. 39, JCE Ediciones, Buenos Aires, 2007.
(2) De Luca, Silvia. Perspectivas de la clínica de la urgencia. La urgencia en los dispositivos jurídicos. ¿Qué lugar para un analista?, pág. 202, Grama, Buenos Aires, 2009
(3) Lacan, Jacques. Otros Escritos, pág. 136, Paidós, Buenos Aires, 2018
(4) Laso Eduardo; Michel Fariña, Juan. El Seminario de la Ética a través del Cine, pág. 81, Letra Viva, Buenos Aires, 2017

Comisión de Biblioteca Nel-Guayaquil

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Coordinadora del Boletín
Ana Ricaurte.

Diseño y Edición
Gabriela Febres-Cordero.
Ana Ricaurte.
Silvana Gallegos.

Verdad, causa y responsabilidad

27/06/2020

Por: Gabriela Játiva Moyano

Miller se pregunta en el Banquete de los analistas ¿qué es lo que se aprende en un análisis?, la respuesta viene unas líneas más abajo en el mismo párrafo: “Se aprende a hablar” (1), ergo, resuenan las preguntas: ¿qué se deja caer en un análisis para poder hacerlo? ¿qué es lo que encuentra, en el trabajo analítico, un analizante que faculte ese bien decir?

En el seminario 1, Lacan retoma la identifizierung a través de la metáfora freudiana sobre las capas de la cebolla: “el yo está formado por la sucesión de las identificaciones con los objetos amados que le permitieron adquirir su forma” (2), se puede pensar entonces que lo que cae, lo que se desprende para un analizante en algún momento de la experiencia analítica, son esas imagos constitutivas que conformaron los ideales-amarras con los que un sujeto camina.

Las identificaciones, correlativas a una constitución psíquica primigenia, “(…) las producidas a la edad más temprana” (3), en un análisis, corren un tratamiento de clivaje, hay la posibilidad de encontrar ése punto de inconsistencia, de fractura, en donde es posible hacer inconsistir y sentir la caída de los significantes que sostuvieron una vida.

Proscenio derrumbado, es detrás del telón donde está la nada, nada que circunscribe el encuentro con el lugar vacío, con la letanía de la falta, esa insoportable levedad, que podría nombrarse como el peso negativizado de una identificación que deja entrever lo que fue infranqueable: la soledad del ser, un sujeto sin garantías, temible verdad.

Sobre ésta soledad, Miller hace un recorrido en Torino en relación a la Escuela/sujeto propuesta en el 2000, en donde lanza “a cada uno de los miembros de la comunidad a su propia soledad, a la soledad de su relación con el Ideal”(4), es entonces posible pensar, también, de ésta soledad subjetiva que se  ve develada en el trabajo analítico, la responsabilidad con su causa, aquella que se descubre, probablemente, mientras se atraviesa la senda de un análisis, aquella que concierne al ser del sujeto y que, como bien precisa Miller en éste último texto, lo hace  “como un sujeto que está en relación con un Ideal” y ya no obturado bajo el peso muerto de las identificaciones.

Verdad, causa y responsabilidad, significantes que permiten pensar la pregunta realizada por Lacan al final del seminario 7, a saber: “¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?” (5), sintiendo caer los S1, saltando al pozo fecundo de la falta, encontrando el silencio del sinsentido; pregunta que se responde no sin mirar atrás, pues la respuesta se construye a una suerte de après coup, en esa apuesta (en el) presente por el psicoanálisis.

Boletín 5: Biblioteca Nel Guayaquil

LAS CITAS Y COMENTARIOS DE LA BIBLIOTECA

Boletín #5

Julio 03 del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!

En la emergencia de sentidos sobre el virus, ¿cómo cercar lo que rebasa la palabra?

Con la investigación de Mónica de Espinel encontramos otro nivel, que Lacan puntualiza, para el término urgencia, con el cual advierte Jacques-Alain Miller, hacer fallar a la verdad mentirosa terapeutizante, si de lo que se trata es de lo que excede a la palabra, en el surgimiento de lo que hace agujero.

Lo que rebasa la palabra es el significante martilleando el cuerpo. Nos lo señala María Victoria Clavijo, en el sueño aparece con fuerza como testimonio de lo que no cesa de afectar al cuerpo en el campo de lalengua y de lo fuera de sentido.

Resulta muy orientador en el texto de Mónica ese “salvo haberla pesado” que Lacan precisa para acoger la urgencia. Y lo muestra María Victoria en la disyuntiva de cuándo sí, o cuándo no acoger las conexiones por Skype de una paciente.

 Ana Ricaurte

 

URGENCIA Y PRISA EN LACAN

Mónica Febres Cordero de Espinel*

El primer capítulo de El últimísimo Lacan de Jacques Alain Miller ( 1)  me llevó a la lectura  del “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11” (2), breve texto de Lacan con interesantes reflexiones sobre la urgencia. Voy a compartir una lectura paralela de ambos textos.

Lo que despertó mi interés, la palabra “urgencia” que aparece al final del Prefacio. Lacan, en efecto, se refiere a la satisfacción que marca el fin del análisis, y propone que si “dar esa satisfacción es la urgencia que preside el análisis, interroguemos como alguien puede consagrarse a satisfacer esos casos de urgencia”. Y continúa: “La oferta es anterior al requerimiento de una urgencia que uno no está seguro de satisfacer, salvo por haberla pesado”.

Propone su definición de lo real: “La falta de la falta hace lo real, que solo sale allí, tapón. Este tapón que soporta el término de lo imposible…”. Y lo opone a los meandros de la verdad mentirosa. Y al final del texto: “Señalo que como siempre los casos de urgencia me enredaban mientras escribía esto”. Y, más adelante: “Escribo, sin embargo…para estar al día con estos casos, para hacer con ellos el par” (601)

Miller retoma el término urgencia y dice que se trata  de un punto de partida, anterior al establecimiento de la transferencia. Es, para Lacan, la modalidad temporal que responde a la llegada de un traumatismo y designa como pedido de urgencia a la demanda del analizante en potencia.

Recuerda que Lacan había evoca la urgencia al final del texto “Del sujeto por fin cuestionado” al decir que habrá psicoanálisis para responder a ciertas urgencias subjetivas. A partir de ello Miller sostiene que la función psicoanalítica tiene que ver, antes del inicio mismo del análisis, con la urgencia, con el surgimiento de lo que hace agujero.

Hay que prestarle atención, al término urgencia que aparece también en el Discurso de Roma, dice Miller, en referencia a los dispositivos pensados para tratar la urgencia. Se refiere a los Centros de Atención (los CAP) que surgieron en París y a lo que dice habría que tratar con la dignidad que Lacan le otorga al término urgencia.

“Esa urgencia con la cual hay que hacer pareja, -dice Miller- es…lo que solicita en el demandante…el rebasamiento en la palabra (lo cual es), al mismo tiempo el fallar de la verdad mentirosa”.

La problemática de la urgencia tiene que ver con la contingencia Para Miller lo que se acentúa es  la función de la prisa: “La urgencia es de alguna manera la versión terapéutica de la prisa”.  Hay una precipitación lógica en lo que tiene que ver con la verdad, lo cual implica para Lacan, “…una estrategia de la verdad que es la esencia de la terapéutica”. Verdad que no puede dejar de ser sino verdad mentirosa.

Algunos puntos que quedan para la reflexión clínica son, a mi juicio, el rebasamiento -el ir más allá de la urgencia y del agujero del trauma, hacia un decir, siempre insuficiente. Y, sin embargo, no dudar en hacer pareja con ella.

*Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana

  • Miller, J. A., El ultimísimo Lacan, Paidós, octubre 2012
  • Lacan, J. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, OE., Paidós 2012

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EL CUERPO DEJADO FUERA

María Victoria Clavijo*

En la cuarentena, el psicoanálisis se abre paso para seguir existiendo. Eso no se cerró del todo. Los cuerpos quedaron sin poder salir, ni analizantes, ni analistas pudieron ir a su mutuo encuentro en el consultorio, de forma indefinida.  Cuerpos detenidos de su movilidad por la ciudad. Cuerpos inmovilizados en relación al espacio del mundo,  así como en el dormir, detenidas sus funciones motoras, función de supervivencia del cuerpo en su dimensión orgánica.  El sueño, es una buena manera de encontrar un símil a la situación del cuerpo detenido de circulación. El cuerpo inerte, durante el dormir, revela sin embargo otro tipo de actividad que no cesa, que es la del significante martilleando el cuerpo. Un cuerpo atrapado en el discurso, dice Lacan (1) en el Seminario 19 en donde toma precisamente el fenómeno del sueño en el que depuestas las funciones del yo, el  inconsciente revela cómo lalangue no duerme, cómo se reactualiza lo que para cada uno, su lalengua no deja de no escribir la relación sexual con múltiples sentidos. Es un hecho en mi práctica que el sueño aparece con más fuerza en algunos pacientes. El testimonio de lo que no cesa de afectar al cuerpo en el campo de lalengua, y de lo fuera de sentido que aparece con la emergencia de sentidos de distinto pelaje sobre el virus, es lo que a mi parecer el psicoanálisis   sostiene en los encuentros a distancia. Un rodeo más al agujero de lo innombrable para cada uno.

La última parte de su enseñanza, permitió a Lacan considerar el cuerpo no solo como gestalt unificadora, como sostén imaginario. Como señala Miller, no fue un tránsito ni fácil ni corto, lo que lleva no solo  a considerar  el cuerpo como  reservorio de libido, sino que radicaliza esta sentencia hasta el punto de decir que para Lacan pensar, es siempre pensar el cuerpo.

La experiencia analítica significa pensarla en términos del cuerpo que goza, o el cuerpo hablante. Por un lado, el cuerpo afectado ¿Es eso condición suficiente para llevar un análisis sin que el cuerpo que se tiene vaya al encuentro? Seguro que no, como es seguro que no se puede   bailar tango por zoom, o encontrarse con el cuerpo del otro en el encuentro sexual. “It takes tow to tango”. Es muy curioso que el cuerpo haya que dejarlo fuera en la experiencia analítica, pero a la vez y simultáneamente hay que llevarlo hasta ese lugar del psicoanalista, para que quede fuera. No es lo mismo que quede fuera de la pantalla. Queda fuera en el sueño, queda fuera en la pandemia. Que quede fuera en el análisis,  quiere decir que queda como cuerpo hablante. Y que la voz o la imagen hacen de soporte de la palabra que se dirige al analista, en cualquier época. Saber encontrarse de nuevo esos cuerpos, será un  saber que habrá que transitar también.

Un paciente, un tiempo antes de la pandemia me preguntó si podría hacer sesiones por skype  desde el extranjero cuando retorne a su país Yo le respondí que no, ya que en esa ciudad  podría  encontrar analistas lacanianos.

En época de cuarentena, ofrezco a mis pacientes seguir escuchándolos por teléfono o skype. El paciente se encuentra entre los que aceptan   esta opción y la primera cita por skype me pregunta las razones que tengo para escucharla por skype y  no haber aceptado  esta misma opción cuando se vaya.  Pude leer una especie de regocijo en la pregunta que ponía a prueba a su analista, y la ansiada respuesta que permitía emerger  una inconsistencia.  Mi respuesta aludió a incluirme a mí misma en la sorpresa de la nueva situación y mi decisión de seguir adelante por lo incierto del tiempo sin sesiones presenciales. Vino a asistirme una razón de “urgencia” a la que estoy disponible para afrontar de esta manera y por un tiempo seguramente incierto pero limitado. Darle forma de contingencia a lo imposible de comprender permitió durante tres meses transitar momentos trascendentales en su cura.

*Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana

(1) Lacan, J., El seminario, Libro 19, O peor, Paidos, Buenos Aires, 2012, p. 213

 

Comisión de Biblioteca Nel-Guayaquil 

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Coordinadora del Boletín

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Dignidad, lo indigno y la indignación

Por Juan de Althaus

Producto del cartel flash hacia IX ENAPOL

La dignidad implica que la singularidad de un sujeto es merecedora de un reconocimiento por parte del Otro. Se considera digno a alguien porque de alguna manera logra hacer lazo social en el lugar donde se encuentre, desde su diferencia absoluta como ser hablante. Cuando no cumple con esta condición se lo considera alguien indigno, cuando desorganiza el discurso y no permite el pasaje de un discurso a otro.

La indignación conlleva el sentimiento que alguien indigno ha afectado la dignidad de otro, es decir, ha tocado de mala manera su singularidad. Como esta no tiene nombre, como esa juntura a medias y aislada entre un S1 y el cuerpo, la respuesta surge de lo real buscando articularse a la dimensión imaginaria del sentimiento para luego encontrar las palabras simbólicas. En el caso de la psicosis puede producir la paranoia extrema, el desencadenamiento. En la neurosis hace tambalear el síntoma. La manera como el sujeto goza es travesada por un dardo que viene de un otro perverso, en tanto goza de su división.

Lo insoportable de esta afectación puede llevar al sujeto a la ira momentánea, pero también hacia una sublimación o respuesta a ser trabajada en el tiempo de comprender y llegar a una conclusión de tal manera que pueda poner una barrera suficiente a la afrenta sufrida.

En la clínica se ilustra cuando el paciente se queja indignadamente que sus padres o cuidadores le propiciaron una serie de males, o cuando la pareja lo ha agredido. Aquí lo interesante es orientar el análisis hacia la implicación del sujeto en aquello de lo cual se queja indignadamente. Esto también es válido para el mundo de lo político social, para movimientos como los indignados o los chalecos amarillos. Llama la atención que aquellas poblaciones llamadas indígenas que fueron vilipendiadas en su dignidad desde hace 500 años, lograran reorganizarse y movilizarse con prudencia, de tal manera que obtuvieron una serie de reconocimientos parciales del amo, el cual nada quería saber al respecto. La otra vía estuvo presente también, la de un odio ancestral canalizado por organizaciones violentas.

La ética del psicoanálisis implica saber escuchar la indignación y su interpretación apunta a una transferencia de un supuesto saber para inventar significantes nuevos que sepan hacer con aquellos acontecimientos que producen indignación.

 

Boletín 4: Biblioteca Nel Guayaquil

LAS CITAS Y COMENTARIOS DE LA BIBLIOTECA

Boletín #4
Junio 19 del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!

Ricardo Seldes analista de la EOL en su reciente conversación con NEL Guayaquil, nos decía que en PAUSA, red de psicoanálisis aplicado a las urgencias subjetivas en la actualidad, en Buenos Aires, se cuida que el analista no quede urgido por  la urgencia de las demandas.  Adriana Pérez en este boletín, en la misma dirección, que es hacia lo real, dice “sin que la prisa aprese al analista.   Se trata de la ética del deseo del analista, “sorprendedor de lo real” y en torno a eso tratar de escribir.
Juan de Althaus, desde el seminario 18 de Jacques Lacan, propone la escri-dura, “porque lo escrito no es justamente el lenguaje”.  El analista sabrá leer la escritura del inconsciente, que es dura y soporta la palabra que habla de lo insoportable.
Dos interesantes textos para avanzar en esta investigación abierta desde la Biblioteca de Nel Guayaquil, que se sostiene en citas y enunciaciones  de sus miembros, asociados y cartelizantes.  Los invitamos a participar.

Ana Ricaurte

TRATAR DE ESCRIBIR…, LA URGENCIA
Adriana Pérez*

Escribir lo que no se escribe, lo que no cesa de no escribirse, ese Real sin ley como la pandemia desatada por el virus “Covid-19”,  que sacude al mundo, y desprende “urgencias subjetivas”, entra sin aviso, irrumpe e interrumpe el circuito de la palabra, con un real propio  para cada urgencia
De qué modo responder a las demandas de urgencia,  con qué prudencia?  Ya sea  en una primera consulta, en el inicio o  en los distintos momentos de un análisis, comienzos y recomienzos,  sin que la prisa aprese al analista?
“No hay clínica sin ética” (1), ¿y cuál será esa ética propia del psicoanálisis?
Referirá Miller, “implica al analista en primer lugar, poner el acento sobre su deseo… ¿qué quieres? Se le hace esa pregunta misma al analista ¿qué quieres obtener? Puede que quiera sujetos que  encajen en el orden del mundo o que se arreglen bien con el amo (2).
Hay una parte de la experiencia y práctica del analista consistente en tranquilizar y atemperar al paciente. Cuando llegan en pánico o angustia, hay como una necesidad de la vida de atemperarlos, darles cierta serenidad. Pero no es esto, todo el análisis”
Se trata entonces de ir más allá del supuesto bienestar del paciente, y esto implica una ruptura con “los ideales comunes de nuestra sociedad….porque la ética propia del análisis supone adoptar valores “inaceptables”, y respecto a normas sociales un “carácter asocial”
Es decir, para no psicoterapeutizar la urgencia, al analista advertido por su ética, le toca ser un poco impiadoso, inhumano, y en tanto ésta implica en la clínica psicoanalítica  la orientación por lo real, se tratará  en   las urgencias subjetivas ante la presentificación de lo real,   reestablecer el lazo simbólico,  las coordenadas del fantasma que operaba en su función de pantalla y defensa frente a lo real, y su relación con el síntoma, en un querer saber, en tanto en la urgencia subjetiva hay un “cierto rechazo al saber, un no querer saber” (3).  Una extraña temporalidad, una cierta eternización”, como en la pandemia se apodera del sujeto, un más de goce lo invade.

Un analizante X, solicita sesión virtual iniciada la  cuarentena,  “tengo miedo de morir”, esto lo remite a miedos y pesadillas de la infancia a que “el mundo se iba a terminar, el tiempo iba para atrás”.  X se sorprende cuando en una de sus llamadas, le indico “tal vez sea necesario una medicación”, “pero… usted nunca antes me dijo esto”. Sorpresa que operó un corte a la insistencia, e irá de la urgencia al síntoma. Pide pagar menos “es que es por internet,  a veces se corta”, le digo “¿es que sus palabras valen menos por este medio? Del síntoma al fantasma, para X ya no será “el miedo a morir, el contagio”,  sino “estos falsos síntomas”,  y servirse del Covid-19 para ubicarse en su fantasma como “el hombre enfermo, el pobrecito”, y soñar así recuperar a la mujer que lo dejó.

En la emergencia de la urgencia, “Tenemos que sorprender algo cuya incidencia original fue marcada por un traumatismo”(4).  Se trata dirá Miller del analista “sorprendedor de lo real”(5) ,  y no sin ética,  y en torno a esto tratar de escribir.

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*Asociada Nel Guayaquil
(1) Miller-J-A. , Conferencias porteñas tomo I, Paidós, Bs.As. 2009, pág. 72
(2)Ibíd. pág.73-74
(3)Seldes, R, “La urgencia del analista”  Zoom , 29-5-2020
(4)Lacan, J. “Del psicoanálisis y su relación con la realidad”, Otros escritos, Paidós,          Bs.As. pag.37
(5)Miller, J-A, “Los inclasificables de la clínica psicoanalítica”, Paidós, Bs. As. pag.19

NOTAS SOBRE LA ESCRI-DURA
Juan de Althaus*

Partí de la pregunta ¿qué es primero, la palabra o la escritura?, y pasé a releer el seminario 18 de Lacan, De un discurso que no fuera de semblante. Lacan inicia aclarando que “el discurso del amo no es el reverso del psicoanálisis, sino el lugar donde se demuestra la torsión propia… del discurso del psicoanálisis” (p.9), que se configura como una banda de Moebius. ¿La palabra y la escritura están en esa relación?
La escridura se puede sostener porque hay repetición y goce (argumentado en la p.19), cuestión que Lacan vincula a la lógica, que es escritura. Dentro de esa escritura de discurso se usa de la palabra libremente.  Es como decir que la escritura estructdura. Una vez escrito, la cosa dura.
Luego, en las páginas 59-60 Lacan nos recuerda “que lo escrito no es primero sino segundo respecto de toda función del lenguaje…” para advertir que al “interrogar la demansión de la verdad en su morada…solo se hace por lo escrito, y esto en la medida en que solo por lo escrito se constituye la lógica” (p.60).
Más allá, vuelve: “…lo escrito no es justamente el lenguaje”, y que la lógica “…nos muestra que el lenguaje se interroga desde lo escrito justamente en la medida en que lo escrito no lo es, pero que no se construye, no se fabrica más que por su referencia al lenguaje” (p.60).
Es desde lo escrito que se puede hablar de la relación de la unión entre el saber y la verdad, cuyo punto de inflexión es “que no hay relación sexual en el ser hablante” (p.60). Bien, resulta que “…la relación sexual, como toda otra relación, solo subsiste en última instancia por lo escrito. Lo esencial de la relación es una aplicación: a aplicada sobre b. Y de allí concluye que “…si la escritura puede servir para algo, es justamente en la medida en que se distingue de la palabra… que puede apoyarse allí”
Más adelante Lacan plantea que la topología cuestiona la matemática por la lógica, haciendo agujeros en lo escrito. También se agujerea lo que está escrito en el inconsciente (p.75).
En la página 77 Lacan afirma que la escritura “es algo que de alguna manera se refleja en la palabra”. Pero a continuación insiste que la palabra se articula con el hecho que no hay relación sexual. “O, si quieren, que la relación sexual es la palabra misma”, entendiendo, supongo, que la palabra hace vínculo.
Luego Lacan enuncia, de manera inequívoca dos veces en las páginas 79-80, que “la representación de la palabra es la escritura” y que, “…Entonces, representación de palabra quiere decir algo… que la palabra ya está allí antes que hagan su representación escrita…”
Sin embargo, más adelante afirma: “Resulta que la escritura no es simple representación… significa también repercusión, porque no es de ningún modo seguro que sin la escritura habría palabras. Tal vez sea la representación como tal la que hace las palabras” (p.84).
Más aún: “La escritura es eso de lo que se trata, eso de lo que se habla. No hay ningún metalenguaje, en el sentido de que nunca se habla más que a partir de la escritura” (p.85) y la lógica es “manipulación de la escritura” (p.79).
Calculo que el analista escucha e interpreta las palabras del analizante, pero por otro lado sabrá leer la escritura del inconsciente, la que dura, es dura y soporta la palabra que habla de lo insoportable. Seguirá…

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*Asociado Nel Guayaquil

¡Los invitamos a contribuir con citas!

 Esperamos su aporte para esta publicación  quincenal: una cita y su

enunciación personal sobre ella, en un escrito de hasta 3000 caracteres con espacios.

Enviarlo  a coordinadoras de la Comisión de

Biblioteca:  anaricaurt@yahoo.com , anamariahaddad@hotmail.com

Comisión de Biblioteca Nel- Guayaquil

Ana María Haddad.

Ana Ricaurte.

Mariana Estacio.

Silvana Gallegos.

Gabriela Febres-Cordero.

Boletín 3: Biblioteca Nel Guayaquil

LAS CITAS Y COMENTARIOS DE LA BIBLIOTECA
Boletín #3
Junio 05 del 2020

 

La Biblioteca sigue abierta!
Las señales de los faros guían la navegación en ambientes con poca visibilidad, en la noche, bajo la lluvia o en situaciones de niebla.
Los escritos que aparecen en los boletines de la Biblioteca se apoyan en los libros de cada uno, a manera de una Biblioteca de la Escuela que se mantiene abierta, aportando  pistas en la investigación en la que nos encontramos, alrededor del significante “urgencia”: el factor a, las piezas sueltas que no encajan en un todo a restituir que quiere imponer el discurso de la ciencia.  O el leer sin  comprender, que orienta en otra vía distinta que la del sentido. Desde la transferencia de trabajo sostenida en el análisis propio, como la señal lumínica principal.

Buena lectura!

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DE UNA PRACTICA QUE OPERA CON EL FACTOR A
Mayra de Hanze*

Oigo decir a los especialistas de laboratorios clínicos que los signos clínicos; pérdida de olfato y del gusto corroboran en un altísimo porcentaje el diagnóstico de Covid-19.
Es así como operan los resultados científicos, por coincidencias, los engranajes han de coincidir, es eso además lo que se espera para restituir la salud, la armonía de los órganos en el cuerpo.
Este ensamblaje de piezas no existe en la práctica psicoanalítica, allí el trabajo es con las piezas sueltas.

Así ante el brote pandémico la primera subversión desde la práctica psicoanalítica es tomar las emergencias como urgencias subjetivas  pero destacando que atenderlas es operar con el factor a como condensador de goce que nos orienta en las profundidades del gusto.
El riesgo de operar las urgencias subjetivas para procurar efectos terapéuticos rápidos es que la compresión del tiempo hace funcionar para el sujeto un significante amo capaz de fijarlo a partir de dicho significante y focalizarlo en el síntoma. Evitando tratar el factor suplementario, el factor a. (1)

Bien sabemos que en el psicoanálisis no nos focalizamos en los efectos curativos y por eso reemplazamos el término cura por el de experiencia analítica. Sin duda el mundo juzga el psicoanálisis en función de sus resultados terapéuticos, pero esta no es una razón para que éste haga suyo dicho criterio. Para el psicoanálisis lo que importa es la emergencia de un deseo inédito cuya estructura como punto de partida es desconocido (2)  pero que apostamos está vinculado a la inquietante presencia u ocultamiento del factor a.
El señor T solicita consulta vía online, está muy ansioso desde que se instala la cuarentena, su delicada salud y edad lo llevan a un confinamiento radical.

Por un momento las consultas giran alrededor de dicha sintomatología y demanda permanente cómo hacer para estar mejor, teme preocupar a la esposa que le prodiga tantos cuidados.
Ante la intervención ¡usted es un hombre con suerte! Responde sorprendido que ha sabido escoger. Un pequeño detalle la distingue, “la corona”, como un rasgo muy familiar.
Hace poco nos recordaba nuestro colega de la ELP, Vicente Palomera (3) que la clínica de la urgencia es una clínica sin transferencia, y efectivamente lo sería si el analista no introduce algo de t-acto como también lo menciona el colega Ricardo Seldes de la EOL (4), para permitir la recuperación por las profundidades del gusto,  que introduce el factor a,  permitiendo deslizarse del Corona a la corona, como un divino detalle.
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*Miembro Nel Guayaquil
Notas
(1) Miller J.A.   Sutilezas analíticas, pág. 27, Paidós, Buenos Aires, 2011
(2) Ibíd. pág. 14
(3) Acción Lacaniana NEL. La Escuela y la formación de los analista, video-conferencia, plataforma zoom, 30/05/2020
(4) Seldes. R. La urgencia del analista, video-conferencia, plataforma zoom, 29/05/2020

 

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DEL HAMBRE DE SENTIDO A UN FORZAMIENTO DEL GUSTO
Un trauma es siempre sospechoso
Lacan, 1975
Jessica Jara de Aguirre*

Lacan en la Universidad de Yale rememora el arribo de Freud y Jung a América en 1909. Su enunciación no es el divertido: ellos no saben que les traemos la peste, su término será la “epidemia”. Hoy “Pandemia” es la película en cartelera, pesadilla de la que estamos intentando despertar, como diría Joyce. Ahora, si la pandemia ES un despertar, requeriremos de las agallas freudianas.

Se ha revelado, nuevamente, la condición de desamparo del parlêtre y el sinsentido radical de la existencia. El VIRUS como tal no es “lo traumático”; lo verificamos por los singulares llamados, urgencias y angustias locas –léase Seynhaeve-, que ocurren ante el despertar del sueño del Otro garante o por el encontronazo con Un real traumático. La política del psicoanálisis, que hace de los impases sus boyas de ruta, no permite ofrecer a un sujeto volver al estado pre-trauma, sino que orienta nuestra experiencia de lo real hacia la reescritura de un modo sint(h)omático de salir de lo mismo.

El restablecimiento subjetivo, en general, se produce donando sentido al acontecimiento sinsentido. El sentido hambriento se nutre de dichos que le consuenan. Esto lo operativizan los algoritmos y se trasluce en las semblanzas. El fantasma impone un acoplamiento del sujeto al objeto. Es un momento crucial del análisis cuando el objeto responde al decir inédito: es el esguince en la voz de María Cristina Giraldo.

La vía analítica del síntoma exige apagar su hambre de sentido. Notariamos así el gusto de Lacan por la topología, pues “no es alimento fácil” (16/11/76). La apuesta analítica de leer-sin-comprender, nos saca del ronroneo consonante que adormece, apuntando a leer eso ajeno, femenino y singular…

NO HACÍA FALTA LA PANDEMIA…

Ante el COVID se han exacerbado fantasías catastrofistas y se refuerzan las medidas preventivas y de biocontrol. Nuevos contenidos para viejos síntomas. También la pesadilla actual ha despertado la suma de los pre-juicios de los analistas. Recordemos que Lacan indicó que Irma es EL caso de la contratransferencia, y justo allí señala que Freud tiene agallas porque no se despertó ante la visión de horror, apuntándose como nuevo despertar: la escritura de una fórmula con gruesos caracteres negros.

Lacan aborda la contratransferencia y la resistencia (Seminarios 1 y 2). Y es una pregunta que debemos retomar. Primero la transferencia: una analizante esclarecida supo decirle a Ma. Cristina Giraldo que a ella la anima el “tonito” de la analista, más allá de sus enunciados. Se puede sostener a un paciente por un llamado, si no puede acudir a su sesión por un impedimento grave… Extremando, Osvaldo Delgado insistió en que fue al hospital para su cita presencial con su analista ingresado.
Para concluir, una anécdota de Lacan sobre la resistencia. Un paciente llega con la pierna enyesada y Lacan le espeta: “¡se hizo eso para no venir!”. No hacía falta una pandemia, para no venir…

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*Asociada Nel Guayaquil

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¡Los invitamos a contribuir con citas!

 Esperamos su aporte para esta publicación  quincenal: una cita y su
enunciación personal sobre ella, en un escrito de hasta 3000 caracteres con espacios.
Enviarlo  a coordinadoras de la Comisión de
Biblioteca:  anaricaurt@yahoo.com , anamariahaddad@hotmail.com

Comisión de Biblioteca Nel- Guayaquil

Ana María Haddad.

Ana Ricaurte.

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Silvana Gallegos.

Gabriela Febres-Cordero.

Boletín 2: Biblioteca Nel Guayaquil

LAS CITAS Y COMENTARIOS DE LA BIBLIOTECA

Boletín #2
Guayaquil, 22 de mayo del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!
Para ello los invitamos a compartir citas de sus textos en las que encuentren, cada uno, la orientación a lo real del psicoanálisis lacaniano para la  pregunta ¿Qué clínica para la urgencia y el trauma? que abre una transferencia de trabajo en la Escuela.  Citas para interrogar lo que quizás damos por sentado y que nos permitan seguir preguntándonos dónde está lo urgente, sin velarlo. ¿A qué remite lo que se desacomoda en la urgencia?

Siguiendo la reciente participación con Nel Guayaquil de María Cristina Giraldo, AE de la Escuela Una, hagamos el esfuerzo de precisar la posición analítica que “hace par” con la urgencia del hablante ser y su goce que irrumpe, no por el lado del auxilio psicoterapéutico.

 

DEL SUJETO POR FIN CUESTIONADO

Alvaro Rendón Chasi*

Expongo lo que trae Jacques Lacan en 1966 en lo que ha llamado “Del sujeto por fin cuestionado[1]” y, en medio de la pandemia por Covid-19, ¿qué se nos cuestiona a los psicoanalistas? ¿La práctica a través de los medios electrónico? ¿La ética propiamente dicha? Son preguntas que necesitan del tiempo de comprender para no caer en las conclusiones apresuradas de una psicoterapia endulzante.

Nos dice Lacan “sobre el sujeto cuestionado, el psicoanálisis didáctico será nuestro punto de partida” (p. 223) entendiendo la didáctica como ese “emprender” la habilitación para la práctica del psicoanálisis. Y esta puntualización de Lacan es una crítica a la pedagogía de la IPA para alcanzar el título de psicoanalistas. Dice Lacan “acaso se vea más claro purificando a dicho sujeto de las preocupaciones que expresa el término de propaganda: el efectivo que ensanchar, la fe que propagar, el estándar que proteger” (224). Parece que se nos abre esto último como pregunta: ¿Qué efectivo puedo ensanchar, qué fe propagar, qué estándar proteger para llegar a concluir rápidamente la moral sobre el uso de los dispositivos electrónico cuando hoy el encuentro en el consultorio no es posible?

Tiempo de comprender. En sus actos y en sus efectos los hemos de conocer. Termina Lacan diciendo: “Por lo menos ahora podemos contentarnos con que mientras dure un rastro de lo que hemos instaurado, habrá psicoanalista para responder a ciertas urgencias subjetivas[2], si es que calificarnos con el artículo definido fuese decir demasiado, o también, si no, desear demasiado” (pp. 228-229). En lo que respecta a autorizarse psicoanalista, nos acercamos a la vacuidad

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*Asociado Nel Guayaquil
[1] Jacques Lacan, Escritos 1, Editorial Siglo Veintiuno, 2002
[1] La letra itálica la he resaltado.

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COVID-19 UN REAL

Juan Cando*

Hoy en día nos encontramos con una situación que atraviesa a todos los sujetos. La emergencia sanitaria causada por el COVID-19 ha revelado la dificultad del estado ecuatoriano en la movilización de recursos para aquellos que actualmente necesitan ayuda. No solo nos encontramos con una precariedad en el sistema de salud, sino también en un progresivo decaimiento, aún mayor, de la economía del país. Múltiples empresas del sector privado han tenido que despedir a sus empleados y otros obligados a cerrar sus puertas indefinidamente. Una de las medidas a emplear es el confinamiento, que leído desde diferentes contextos apunta a lo mismo: el encierro. A estos se le suma que las instituciones de salud se encuentran colapsadas. La cantidad de fallecidos en pocas semanas han pre-ocupado a las autoridades, puesto que les es muy difícil ocuparse.
Estamos viviendo tiempos de cambios vertiginosos, cambios que a más de uno lo descolocan como sujeto. La pérdida, no solo del trabajo, sino también de seres queridos se inscribe en la psiquis de los sujetos como un espacio irrepresentable. Byung-Chul Han (2018) dice en su libro La sociedad de la transparencia que “solo lo muerto es totalmente transparente”. Al ser lo muerto transparente el sujeto se encuentra cara a cara con aquello del orden de lo Real despojándolo de recursos simbólicos.

La pérdida de un trabajo, la ausencia del Otro, el despido de miles de trabajadores, las incontables muertes y el confinamiento pueden volverse algo insoportable para el sujeto. Tan insoportable que lo despoja de la cadena significante, entrando a una urgencia subjetiva. Inés Sotelo (2015) en su libro Dispositivo Analítico para Tratamiento de Urgencias Subjetivas (DATUS) nos trae:
Jacques Lacan sostenía que la urgencia es lo imposible de soportar. Sigmund Freud lo ubica como un momento de ruptura, el quiebre de la homeostasis, se produce una ruptura con el propio cuerpo, las relaciones con el otro, con el trabajo, con los lazos amorosos y familiares (pag.67).

Entonces, esto nos lleva a la necesidad de pensar y aplicar un dispositivo como DATUS para el tratamiento de las urgencias subjetivas y así restituir a aquellos sujetos desalojados por lo Real. Cuando se habla de restituir, es lograr un alivio subjetivo, es poder alojar al sujeto en la urgencia, localizar los eventos traumáticos y posibilitar una subjetivación de éstos. La restitución del sujeto apunta a reestablecer la relación con el Otro simbólico, apelando al sujeto de la enunciación. En otros términos, sería apostar por la palabra conectarlos a la cadena significantes, hacer cadena entre  S2  y  S1.

El COVID-19 y todo lo que ha arrastrado puede ser ubicado en la lupa de lo ominoso debido a que se lo vive desde el horror. Por medio de los dispositivos analíticos para la atención de urgencias subjetivas, se busca dar nombre a aquello que pueda resultar in-familiar, es darle nombre a aquello que se torna ominoso.

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*Amigo de  Nel Guayaquil
[1] Ines Sotelo, La urgencia y la salud mental en Dispositivo  Analítico para Tratamiento de Urgencias Subjetivas, Editorial Grama, 2015

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