CUALQUIER HOMBRE ES UNA ISLA. Ensayar aproximarse a lo real por pretextos*.

Por Jessica Jara

lanzamiento 3Quiero iniciar señalando que Mario Montalbetti es un poeta, un lingüista, un intelectual.

Mario nos dice en sus ensayos que el arte “hace ver”. Pero, hace ver ¿qué? nos preguntamos y parafraseando a Borges podríamos responder: “Todos lo sabemos y no podemos decirlo”.

Por lo pronto digamos que “Cualquier hombre es una isla” es una compilación de ensayos y pretextos que hace-ver.

El comentario que haré parte de un fragmento del texto que encontrarán en la página 210:

“Si alguien pudiera ver por un instante todas las palabras emitidas por todos los seres humanos en su historia, advertiría que dibujan un aro alrededor de un hueco. Los poetas son los que se acercan al borde y envían postales con vistas del abismo. Los otros contribuimos con el ruido de fondo. Como si formáramos un coro radioactivo”.

En efecto son los poetas quienes se acercan al borde del abismo y desde allí, en soledad, arrobo y casi en el más profundo desamparo, nos envían postales. Ellos se sostienen en ese borde que se desdibuja cada vez, están al pie del cañón, del caño áfono por donde brota el agua como un grito sinsentido, siendo que este es el mismo punto donde algunos se abisman fascinados, dejándose caer.

De los poetas que se acercan al borde Dante buscará dar cuenta de su visión, de su experiencia mística, y se topará con los límites de la lengua. Nos dice que lo que ha visto “excede todo lenguaje”, que la memoria “se rinde a tanta grandeza”. Pide a la luz que le preste una imagen aunque sea “leve”, que su lengua sea potente para “que pueda por lo menos dejar un destello de (su) gloria a las generaciones venideras…”. Dirá que en la profundidad vio ligado con vínculos de amor: “todo cuanto hay esparcido por el Universo: sustancias, accidentes y cualidades…”.

En Borges será El Aleph: “Un punto del espacio que contiene todos los puntos”. Ante lo inefable, su pedido será que los dioses no le nieguen el hallazgo de una imagen equivalente. No quiere hacer literatura porque es “falsedad”, nos dice. Tiene problemas para el envío de la postal. Se aproximará con un oxímoron apuntando que eso fue un “instante-gigantesco”. Y señalará: “lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es”. Deberá pasar de la imagen a la palabra con sus leyes y ordena-miento. Fabricará una verdadera lista de Wilkins de lo que vio… Vio demasiado, lo que produce horror. Temió que no quedara algo capaz de sorprenderlo, hasta que le trabajó el olvido y le retornó su apreciada duda: ¡Ese quizás no era el verdadero Aleph!

¿Si no paratodeamos aparece cualquiera?

Partiendo de que las “postales” no remiten a ninguna posta y el poeta no toma la posta de nadie, me pregunto: ¿Un poeta es cualquiera? ¿Un “cualquier poeta” puede ser sustituido por otro “cualquier poeta” para el envío de las postales? Los poetas ¿son intercambiables? ¿De qué lógica se trata?

A un “poeta-cualquiera” lo alcanza el prejuicio de una “mujer-cualquiera” en tanto se lo transforma en particular. Los poetas se cuentan uno por uno y sólo de este modo hacen serie. En esta dirección, Lacan ha señalado que las mujeres son no-todas. “El” poeta y “El” analista no existen. Uno por uno, se autorizan de sí mismos -y de algunos otros- en cada ejercicio poético. Debe saberse que la interpretación psicoanalítica como la poesía hace resonar en el cuerpo otra cosa que el sentido.

¿La postal encuentra destinatario? ¿Un poeta es una isla? ¿Ningún hombre es una isla? ¿Todo hombre es una isla? ¿Si hay “nube” quiere decir que la “entrada remota” no existe más? La formulación TODO-HOMBRE configura la excepción. Un “particular” es también un “todo”. Para Lacan el cuant(ificad)or “TODOS” se inscribe del lado “macho” de la sexuación, se remite a la lógica del padre, pero también es la que hace a la histérica. Entonces el Estado de Excepción.

¿Si no paratodeamos aparece cualquiera? “Cualquiera” nos remite a Rancière, y a su odio a la democracia, que es el odio a los expertos que no dan ocasión a que cualquiera gobierne y, mejor aún, si lo hace “alguien” que no quiera. Cuando Mario anota que en el poema de Brodsky se trata de “un explorador cualquiera, pero nada genérico” me evoca a Lacan señalando que el más-uno de un cartel es alguien que se elige y que “si bien es cualquiera, debe ser alguien”. Cualquiera-que-sea-alguien, contingentemente, puede actuar, deci(di)r, haciéndose cargo de los efectos de su hacer.

La postal: ¿en el escenario del mundo o de espaldas a cualquier interpretación?

La postal irrumpe en el escenario del mundo como una letra, una carta, un resto. Es letter/litter que no encuentra lugar en la cultura. Aquí resuena una pregunta que nos hace Montalbetti: “¿Cuánto tiempo podemos hacer un garabato antes de converger en una forma familiar y reconocible?”.

La cultura y el sentido dan estabilidad en la escena del mundo. La cultura trabaja para hacer existir el sentido-común que no hay, y amando lo familiar, odia lo siniestro. No reconoce lo éxtimo. La cultura hace que incluso lo radical (de Sontag) se vuelva mainstream[1]. La cultura rechaza lo real, en tanto es lo que no marcha y de lo que no se quiere saber.

Un modo de olvido de lo real es sujetarse a “La historia oficial”. Al respecto Freud señaló que la s-elección del recuerdo es siempre tendenciosa debido a la represión y la sustitución de impresiones “chocantes o desagradables a la conciencia”. El “Museo” es donde la memoria se fabrica, se resignifica la historia, se pretende eliminar sus malentendidos y rellenar sus agujeros. Lacan pertinentemente apuntó que el “blanco” del olvido viene a ser ocupado por un embuste.

El hiperactivismo actual está hecho para olvidarlo todo y la cultura ecológica -con su imperativo “Todo se recicla”- para que no haya litter. En Guayaquil el cambio de nombre del “Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo” por “Centro Cultural Simón Bolívar” fue un esfuerzo de borramiento del arte, que es el ombligo del cuerpo-superficie de la cultura. Los artistas hacen memoria no oficial con retazos de historias, Unos solos; sin embargo, parecieran hoy tener horror de su acto y su letter, y se defienden atiborrándola de justificaciones y sentido teórico universitario.

Para Lacan en algunas formas de sociedad se pierde cada vez más el sentido de la tragedia: el Edipo no conserva más el estrellato. Montalbetti nos dice en “Cualquier hombre es un isla. Ensayos y pretextos” que el 11-S el significante estuvo totalmente desvinculado y libre, a espaldas a cualquier interpretación, y que el hueco en el medio del lenguaje estaba donde el significado solía despachar interpretaciones. Su propuesta ante la crisis es inventar nuevas junturas, nuevas conexiones.

Mario no es políticamente correcto, está en contra[2] de la actitud “new age” del ser uno con la naturaleza. A él le interesa lo que no se fusiona con el paisaje como es el caso del poema, o precisando mejor, como es el verso al poema. Algunos de sus ensayos nos hablan de esa poesía de borde, del gesto poético, de la violencia del “verso cerrado”.

Montalbetti busca decir sobre lo imposible de decir. Busca atrapar lo real del poema IX de Trilce, allí donde la insistencia de la letra es la de un goce propio de Vallejo nombrado “vaveo egoísta”. Es la iteración de un goce opaco al sentido, que no es repetición y que empuja al goce del desciframiento de los académicos. Este goce solitario, señala Mario, es a costa de fallar la “ley” ortográfica. Así se apunta a un literal litoral que está fuera de toda duda.

Una imagen estética pero no estática: Un coro radiactivo bord(e)ando un vacío.

Me parece que la lectura de Mario no sólo busca denunciar los escabeles como lo hace la trabaja-dora histérica, cuyas críticas muchas veces devienen en el perfeccionamiento del discurso del amo. Él ante la violencia del escabel se sirve de la intelligere del leer-entre-líneas para hacer otra cosa.

En el texto las preguntas son de índole ética, se orienta no tanto por el detalle como por el gesto, por el acto, por la violencia. Se pregunta si hay algún acto exento de violencia. No elude tomar posición, hacer un gesto ético. Se interroga por lo que es un hombre, el nuevo hombre “virtual”, el hombre ultra-evaluado que habla “powerpointés”, uno desértico como Vallejo, el que no duerme como Ciorán. Indaga si el insomnio convierte a un hombre en otro, o ni siquiera en uno. Atiende el “ruido de fondo”, el murmullo del lenguaje que arrulla al que sigue soñando, aún despierto.

Cada uno de los ensayos es un fragmento de un coro radiactivo. Esta es una imagen estética, pero no estática. Se trata de un coro gozoso sin Director, sin gran Otro que decida y destine a cada cual su armonía, sino más bien uno conformado por trozos, ondas y partículas de saber que giran desentonadas, pero en torno a “un hueco”, a un vacío dándole forma, y cuyo borde es trazado en el mismo movimiento de las palabras emitidas por los seres humanos en su historia mentirosa.

La figuración de Mario es la de una imagen imposible del agujero en lo simbólico.

Para Montalbetti la literatura, la imagen, el saber e incluso la alteridad son “pretextos”, y mejor dicho: son POST-TEXTOS, porque el texto original ex –siste al lenguaje; siendo que para que algo ex –sista, como indica Lacan en su seminario 22, es preciso que haya en alguna parte un agujero[3].

Pretextos son “razones, argumentos que se dan para justificar una cosa, una falla o para demostrar que alguien no es culpable…”.  Pretexto viene del latín “praetexere” que nos remite al “préstamo” y al “tejer”. Se trata de entretejer, bordar un tejido por delante de otro, cubrir con un ornamento: es el objeto y la acción. Pero, ¿qué sucede cuando lo que se cubre es el vacío? Acontece la inicial figuración topológica: un bord(e)ado de tejido radiactivo, cuyo rodeo zigzagueante del vacío irreductible, nos hace ver las puntadas de la constitución misma del agujero que ex -siste al decir.

Una ética inhumana: El punto que (no) se puede sobrepasar.

Pretextar que alguien no es culpable nos lleva a la última pregunta de Mario que vemos surgir en la CODA de “Cualquier hombre es una isla. Ensayos y pretextos”, y que es: ¿Qué supone para el ser humano llegar a un punto que como humano no puede sobrepasar?”.

Antígona es una de las referencias que Mario Montalbetti retoma del seminario de Lacan “La Ética…”[4] para su lectura del poema “Un explorador polar” de Joseph Brodsky. Allí nos hace-ver lo que sucede cuando alguien pasa toda frontera para alcanzar ¡la latitud más alta![5], es decir, cuando se ha seguido un imperativo insensato, inhumano. ¿Se trata de “víctimas terriblemente voluntarias” o de cualquiera, que en empuje a su “latitud desesperada”, logrando atravesar el “cáncer del lenguaje” que se alimenta de sentido, alcanza un punto imposible en una exploración que es sin vuelta atrás?

Recordemos que Dante en su Comedia castigó al belicoso Ulises por su ardiente deseo de conocer las infinitas aguas, por atreverse a desafiar insensata o valerosamente los límites destinados a los hombres. De igual modo el mismo Dante debió haber temido ser castigado por su visión celestial[6].

Freud en una de sus misivas a Romain Roland le narró de su encuentro con “La Acrópolis” [7]. En su “perturbación del recuerdo” Freud pasaría del “¡no es posible!” -que la Acrópolis existiera en la realidad- al “¡he llegado tan lejos!”. Es en ese momento en el que le surge la culpa: “¡No merezco semejante dicha!”. Hay algo prohibido en el “¡Viajar tan lejos, llegar tan lejos!”. Se trata de un viaje realizado con su hermano, entonces la pregunta será: “¿Qué diría nuestro padre?”. Luego, la siniestra aparición del objeto mirada del padre. En Freud existe la prohibición de sobrepasarlo.

El padre es quien humaniza el deseo. ¿Lo más humano no es acaso el amor al padre? Se miente sobre lo real por su amor. Es armadura -aún fallida- de la histérica frente a la irrupción de un goce Otro. Es abrigo para muchos ante la fría soledad del sinsentido, aunque exija sacrificios. Sobrepasar el sentido implica un acto singular de atravesar palabras e imágenes, y sin nostalgia desalojar el espacio para quedarse en la dimensión del tiempo. Es, en mejor de los casos, desprenderse del enunciado para quedarse en la enunciación: estar solo lidiando con lo real. Volver de otro modo.

Mario en sus ensayos se anota con una escritura implicada desde la soledad. Una soledad distinta a la del explorador de Brodsky, quien renunciando a “lo lovely” pasa sin coda a “lo crudo”, aprestándose hacia lo real sin mediación. Mario frente al agujero no se petrifica como ocurre ante la mirada de la Medusa, sino que se sirve de la palabra y sostiene su acto escritural, evitando así que reine la gangrena, el silencio de la pulsión de muerte que todo lo ennegrece… descaradamente.

 

Jessica Jara Bravo.

Noviembre del 2015.

*Texto hacia la presentación del libro “Cualquier hombre es una isla. Ensayos y pretextos” de Mario Montalbetti en la Feria del Libro de Quito.

[1] Leer “El lenguaje con un gran hueco en el medio”.

[2] Por favor leer “Un no, voz, res… probando”, que no es 1, 2, 3… probando.

[3] Lacan J., Seminario 22. Inédito.

[4] Lacan J., Seminario 7 “La ética del psicoanálisis”.

[5] “what´s been reached is the highest possible latitude!”, del poema “A Polar Explorer” de Brodsky.

[6] Nota de Jorge Luis Borges en uno de sus Nueve ensayos dantescos.

[7] Sigmund Freud, “Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis”.

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