BOLETÍN # 12 “VIOLENCIAS Y PASIONES”

ix jornadas nel

¿Qué es lo urgente en la urgencia? Mariela Vigil aborda esta cuestión desde su experiencia ante el llamado a atender los estragos ocasionados por el terremoto. Al real sin ley “16-A” se le dio trámite oficial desde la solución del para-todos. Otra modalidad fue ir trazando a mano alzada refugios a medida sirviéndose de algunos restos, pero sufriendo las consecuencias del alzamiento. Mariela acogió la palabra precaria en tiempos de angustia, y procuró hacer oír al funcionario apurado cómo hacer surgir un malestar más digno.

Lo urgente para el clínico no es avivar la esperanza de “las mañanas que cantan” sino señalar lo no-todo perdido, consintiendo al semblante para estragar así la melancolía.

Jessica Jara, Responsable del Boletín.

 16-A-16

CIFRANDO LO INEFABLE

Por: Mariela Vigil. Participante del Grupo de Investigación sobre la Clínica.

“16 A”, escuche decir a colegas manabitas haciendo referencia al hecho que irrumpió de forma brutal en territorio ecuatoriano. El 16 de Abril del corriente año, tuvo lugar un terremoto con dimensiones catastróficas en varias lugares del país, muy especialmente en la provincia de Manabí.

En su texto El malestar en la cultura, Freud señala tres fuentes de sufrimiento del  ser humano: la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad  de nuestro cuerpo y  por último el padecimiento que proviene de la insuficiencia de las reglas y normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres en sus diferentes contextos. A las dos primeras no duda de calificarlas como inevitables: “Nunca dominaremos completamente la naturaleza; nuestro organismo, el mismo parte de ella, será siempre una forma perecedera, limitada en su adaptación y operación. Pero este conocimiento no tiene un efecto paralizante; al contrario, indica el camino a nuestra actividad… Diversa es nuestra conducta frente a la tercera fuente de sufrimiento, la social. Lisa y llanamente nos negamos a admitirla, no podemos entender la razón por la cual las normas que nosotros mismos hemos creado no habrían más bien de protegernos y beneficiarnos a todos. En verdad, si reparamos en lo mal que conseguimos prevenir las penas de este origen, nace la sospecha de que también tras esto podría esconderse un bloque de la naturaleza invencible; esta vez, de nuestra propia complexión psíquica.” (Obras completas. Tomo XXI,  Amorrortu editores, pag.85).

Como Licenciada en Psicología Clínica respondo al llamado del Ministerio de Salud Ecuatoriano a profesionales en carácter de voluntarios para asistir a los “afectados por el terremoto” en Portoviejo, Manta, Canoa y Pedernales. Es en tanto psicoanalista formada en la orientación lacaniana con particular interés en la Clínica de la Urgencia, que acudo ofertando un lugar que propicie el advenimiento de la dimensión subjetiva, con la apuesta que ofreciendo la escucha particular esto sería posible. La situación generó urgencias de diferentes índoles. El acercamiento no se puede realizar antes de la primer semana, fundamentalmente porque las intervenciones necesarias en lo inmediato eran de los rescatistas, bomberos, médicos emergentólogos, etc. En segundo lugar las réplicas se seguían produciendo con el consabido riesgo inminente de nuevos derrumbes. Sancionar el momento adecuado para intervenir teniendo en cuenta las  prioridades planteadas, fue fundamental. Los hechos activan los lazos solidarios tanto nacionales como internacionales, comienzan a llegar recursos para afrontar esto que en palabras de los funcionarios “no estábamos preparados” confirmando de esta manera esta contingencia que irrumpe alterando completamente todo lo que hasta ese momento funcionaba. El trabajo se realizó directamente en las zonas afectadas y en los lugares que se fueron organizando para alojar a miles de personas, miles de familias, que lo habían perdido “todo”, muchos no solo su casa y sus cosas sino también sus seres queridos. No voy a describir el horror y el caos, suficiente con las imágenes que circularon en las redes sociales y en los medios en esta la época de la hiperconectividad. Pero sí me interesa transmitir cómo a pesar de y con eso se pudo intervenir dando la posibilidad de que la palabra reaparezca y con ella la singularidad de quien solicita ser escuchado.  Al llegar nos encontramos con dos tipos de organización del alojamiento, y es en torno a esto que se ubican dos maneras diferentes de responder, la del estado y la de muchas personas que deciden no aceptar la propuesta de solución inmediata que propone el gobierno para resolver esto que es “perdí mi casa, perdí todo, a donde voy”. El gobierno activa el “Estado de Emergencia Nacional” moviliza al Ejército, serán los encargados de armar y regular lo que nombraron “Albergues”, lugares extensos donde se instalaron carpas que alojarían, primero a grandes grupos de personas, para luego ir ubicando a una familia por carpa. Por ejemplo en el viejo Aeropuerto de Portoviejo a la semana de los acontecimientos, ya había alojadas dos mil familias, con instalaciones sanitarias, agua potable, instalado el móvil del Ministerio de Salud, el móvil del Ministerio de Educación y otras instituciones para empezar a ubicar y cubrir las necesidades más inminentes. El funcionamiento, el relevamiento de datos, la distribución de recursos, los horarios, etc., todo regulado por el ejército.

La otra modalidad de solución al alojamiento la denominaron “refugios”. Los refugios fueron creados espontáneamente por las familias afectadas, muy próximos a sus viviendas, familias que se quedaron literalmente sin nada, decidieron instalarse (muy precariamente al principio, sin agua, sin luz, sin carpas, sin sanitarios, dependiendo de la solidaridad de las familias con casas menos afectadas) junto con sus vecinos en lugares como plazas o baldíos, no se alejaron de sus casas derrumbadas, no querían perder las referencias que aún estaban, su gente, sus calles, lo conocido. Sostenían  y sostienen aún esta decisión, a pesar y sabiendo que, a modo de penitencia “el estado no los ayudará”: la violencia del Otro de la norma, dictamina las condiciones de la ayuda; dentro de los albergues todo, afuera nada. Es en los refugios donde centramos el trabajo, (paradójicamente, pues era un ente estatal el que hizo posible nuestro traslado y permanencia en esos lugares durante los fines de semana por un período de dos meses), nuestra presencia fue solicitada por las familias allí instaladas, nos estaban esperando. El trabajo comenzó reuniéndonos con los referentes elegidos por ellos (estamos hablando de centenares de familias) y con ellos definimos nuestra modalidad de asistencia, sabiendo que tal vez no podíamos volver a ese mismo lugar. Se dispuso un espacio que funcionó como “consultorio imaginario” ya que era a la intemperie, donde uno a uno fue escuchado, el tiempo que hizo falta (por una cuestión de espacio las viñetas y situaciones clínicas quedaran para un futuro trabajo).  Los padres con niños pequeños solicitaron una reunión para pedir ayuda en cómo explicarles lo que sucedió y que seguía sucediendo, muchos perplejos frente a la angustia de sus hijos y por la propia. Finalmente se pudo volver y ahí se puso énfasis en la importancia de respetar la decisión y facilitar la organización que ellos mismos estaban armando. La importancia de decidir qué comer, a qué hora dormir, a qué hora entrar y a qué hora salir. Todas dificultades que se fueron  presentando en los albergues, dónde es el lugar para comer, cuál es la comida, quién la cocinaba, los horarios para todo eran decididos por personal del ejército. Acontecimiento traumático que irrumpe y arrasa con las representaciones subjetivas que sostenían a estas familias, la intervención fundamental y lo que se transmitió a los funcionarios, es que no es por capricho que se quedan allí, no es por capricho que no acceden a los albergues, sino que es su manera esta de tratar esto insoportable y que frente a semejante arrasamiento es fundamental que le permitan a la mamá seguir cocinando su comida, que al papá lo dejen entrar y salir a trabajar en los horarios que ya venía habituado, lo fundamental de darle un lugar a lo que el terremoto no se llevó, para cada quien.

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Bibliografía

Belaga, Guillermo. “La urgencia generalizada”, Compilación. Grama Ediciones, 2004.

Freud, Sigmund. “El malestar en la cultura” (1930). Obras completas Tomo XXI, Amorrortu editores, 2004.

Laurent, Eric. “Psicoanálisis y Salud Mental”. Editorial Tres Haches, 2000.

Sotelo, Inés. “DATUS Dispositivo Analítico para Tratamiento de Urgencias Subjetivas”. Grama Ediciones, 2015.

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