BOLETÍN # 17 “VIOLENCIAS Y PASIONES”

ix jornadas nel

En el análisis de Juan de Althaus, el film Elephant de Gus Van Sant presenta un excelente retrato del joven  criminal que desdeña lo que a nivel material ofrece un contexto educativo objetivamente estimulante como para que este joven se anude a la vida y al vínculo con los otros.  Se evidencia el vacío.

Hay en este escrito una ágil y seria elaboración sobre la subjetividad del criminal en el acto de horror de la masacre en Columbine, siguiendo la versión de Van Sant, de la cual sólo quisiera resaltar el interés que tiene el señalamiento de Juan sobre la ausencia de relación sexual en estos dos jóvenes sumergidos en la tecno-ciencia, que podemos tomar como un índice de que el goce va por otro lado, no el sexual.  Traigo una definición de los síntomas contemporáneos que hace Rómulo Ferreira da Silva en la entrevista que acabamos de enviar a los destinatarios de la lista de correos de la NEL Guayaquil.  Él dice que en ellos “la significación fálica se encuentra comprometida” lo que dificulta diferenciarlos de las psicosis ordinarias, en tanto que sujetos neuróticos que desertan del falo recurren a formas del goce no establecidas por el Otro.

Ana Ricaurte

 

Elephant

Por Juan de Althaus

Los entendidos de cine interpretan que la selección del nombre de esta película de Gus Van Sant (ganadora con la Palma de Oro del Festival de Cannes 2003, y premiada por la mejor dirección) se refiere al dicho inglés elephant in the room, que alude a la indiferencia de todos hacia enormes dificultades. Otros afirman que se trata de la parábola hindú que narra cómo varios sujetos ciegos tratan de describir a un elefante tocándolo: cada uno lo describe de manera diferente, produciéndose una disputa sin solución. La enseñanza es que la opinión de cada uno es válida, pero por otro lado es equívoca. Hay ceguera en la incomprensión que no es sin el Otro.

Con Elephant, Gus Van Sant realizó su propia versión de la masacre de la escuela secundaria de Columbine, Colorado (1999). Trató de narrar el horror inexplicable del acontecimiento. La película presenta muchos detalles valiosos para su análisis. Compone el tiempo y el espacio desde el punto de vista de los personajes que aparecen en los momentos anteriores al ataque armado. La cámara acompaña a cada uno de ellos, en su singularidad, por largos y lentos recorridos por las instalaciones del colegio, y va tejiendo una red invisible de efímeros puntos de encuentro entre ellos. El extenso campus del establecimiento es de una belleza natural envidiable. Las instalaciones son de primer nivel. Los estudiantes tienen hasta laboratorios fotográficos, coliseos deportivos cerrados, canchas de césped, espacios de conversación sobre temas de actualidad y muchas otras facilidades pedagógicas. Sin embargo, al testimoniar estos escenarios con sus personajes, el espectador siente la incomodidad del vacío y del silencio.

Para los jóvenes criminales, Alex y Eric, ninguno de los prolíficos elementos que proveía la escuela fueron tomados a modo de nudo. Tampoco los videojuegos de matar personas, ni siquiera ver en la TV un documental sobre el nazismo. Alex intenta tocar virtuosamente la excelsa pieza de Beethoven a su amada, Para Elisa, pero se traba un poco en un momento y abandona, descartándola como posible synthome. Al filo de la navaja, hubiera podido funcionar disparar con fusiles comprados por internet en el sótano de la casa contra una pared de leña, pero ni eso. Tampoco sirvió, aunque sea, alguna respuesta de indignación a un bullying bastante moderado de sus compañeros de aula (le lanzaron a Alex un poco de comida). Sólo se limitó a limpiarse la ropa frente al espejo del baño con una cara inexpresiva.

La tecno-ciencia está presente no sólo con la armas sino con la cuidadosa planificación científica que Alex elabora previamente al día fatal de cómo van a realizar el ataque de exterminio: planos, procedimientos, plan B, etc. Recuerda la misma manera como los nazis implementaron la maquinaria de matar de sus campos de exterminio.

Durante los preparativos de la matanza Alex y Eric comentan que nunca habían experimentado encuentros sexuales. En la ducha sus cuerpos se juntan, pero la cámara lo muestra como un contacto mecánico. Luego, con cierta sorna, comentan que ese día iban a morir y que lo mejor de todo es que se iban a divertir. Frases enunciadas como si no fuera a pasar nada.

Guy Van Sant muestra de manera magistral la sorpresa de horror que puede producir en el cinéfilo el clímax del film, cuando al final de la matanza Alex se rencuentra con su “amigo” Eric y lo asesina de inmediato, sin aviso previo y en silencio. El director de la película deja el final en suspenso: la pareja de enamorados más reconocida del colegio, que encontró un refugio temporal en el congelador de la cocina, es descubierta por Alex, el cual supuestamente realiza un juego de azar (mini, maini, meni, moe) para decidir si los aniquila o no. Pero la secuencia sugiere la última escena de horror.

Guy van Sant no muestra ninguna narrativa que esgriman Alex y Eric para ejecutar la matanza. Es un acto de puro sin sentido, y es allí donde está el horror, la monstruosidad. Desde el exterminio nazi, que develó esa dimensión de real de la subjetividad humana, no han faltado crímenes que se han recubierto de un frágil velo de semblantes (religiosos, ideológicos, políticos y otros) que han aparecido como trozos de real. En este caso, se rechazan los semblantes. Se abre el agujero de una pasión por fuera del sentido y la violencia que conlleva, en tanto que no se soporta lo real del Otro que no existe, ni la sustancia gozante de los otros, a partir del rechazo absoluto del goce del propio cuerpo. Hoy día, algo de esto puede darse en cualquiera, con o sin semblantes.

Por lo general, se puede diferenciar dos estructuras:

juan

En el primer caso, el lenguaje es especulación alrededor de lalangue, como lo señala Lacan. Hay un efecto de retroacción del S2 hacia el S1. En el segundo caso, no hay este efecto de retroacción, ya que el S1 y el S2 están totalmente separados, sin goce lenguajero. Entonces, puede decidir el sujeto producir el efecto de retroacción del S1 aislado, o acto sin sentido hacia el vacío del cuerpo que no logra gozar con un plus, y es eliminado.  Bastan los significantes amo planificación-diversión-muerte.

Otra posibilidad de decisión, es inventar un nudo entre el S1 y el S2 que pueda fijar cierto plus de gozar vivificante. Es la apuesta del psicoanálisis.

 

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