Reseña: Conferencia Pública “Tragedia Adolescente”

En el marco del curso “Estructura del Síntoma” impartido por el psicoanalista Mario Elkin Ramírez en la maestría en Psicoanálisis y Educación, se inscribió la conferencia pública “Tragedia adolescente”, la que sostuvo el interés de los colegas, docentes y estudiantes que asistimos al S.U.M. de Filosofía de la Universidad Católica el 27 de octubre, aún después de que un fallo eléctrico hiciera parecer que la voz de Mario se dirigía “a las tinieblas”.

Al iniciar su conferencia, Mario Elkin dijo que el título propuesto por él era el mismo que trabajó en Brasil, al mismo tiempo que nos aseguró que le daría un sesgo diferente. Supo decirnos entonces que se autorizaba a hablar de este tema en tanto que su tesis doctoral versó sobre el “Despertar de la adolescencia. Freud y Lacan, lectores de Wedekind”, texto recientemente publicado por grama ediciones; además de que forma parte de una red tripartita de investigadores universitarios donde se interroga sobre “Adolescencia y Ley”; y en tanto que sostiene un trabajo en el grupo de investigación “Metamorfosis de la pubertad” en la NEL Medellín desde el 2008, donde estudian los momentos en que Freud, Lacan y otros analistas, se han referido a la adolescencia, buscando trabajar incluso las alusiones halladas, las escrituras encriptadas y las frases enigmáticas en esa dirección.

Es en esta vía que Mario se encuentra con que Freud y Lacan se sirvieron, de modos distintos, de la obra “El despertar de la primavera” de Frank Wedekind (1891). Así, de Freud queda el acta de lo dicho en ese respecto en una reunión de los miércoles de la Sociedad Psicoanalítica; mientras que Lacan escribió el oscuramente bello “Prefacio a El despertar de la primavera” (1974), a pedido de J-A. Miller para el programa de esa obra que sería montada entonces. Texto de Lacan que podemos leer en sus “Otros Escritos”.

Con esta entrada, Mario señaló a la “adolescencia” como un concepto que aparece tardíamente en la cultura, y apuntó la ausencia de saber sobre cuánto dura y cuándo concluye, pregunta que anima la discusión sociológica actual. Y, nos indicó allí, que el despertar al que apunta el dramaturgo, torna evidente que el artista le lleva la delantera al psicoanalista; siendo que como sabemos, esta obra más que una gran obra artística le resultaría a Freud meritoria en tanto un “documento válido de la historia de la civilización”.

En los siglos XIX y XX el adolescente se torna objeto de varias disciplinas, entre ellas de la pedagogía. Y es el adolescente la nueva figura en la escena del mundo, quien sube a las tablas por primera vez con Wedekind. Mario indicó como un momento privilegiado de su investigación el encuentro con el trabajo de Alexandre Stevens, psicoanalista que suscribe que “la adolescencia es un síntoma de la pubertad”, en una lectura que plantea una orientación en la opacidad de la relación de estos dos significantes y el goce que los habita.

Lacan señala que el dramaturgo anticipa a Freud y “ampliamente”, pues Freud para la fecha (1891) aún cogita el inconsciente; aunque sea la misma obra de Freud la que le permitirá enunciar que la sexualidad hace agujero en lo real. Para Lacan “El despertad de la primavera” trata de qué es para los muchachos hacer el amor con las chicas, marcando que ellos no pensarían en esto sin el despertar de sus sueños. Y este despertar es lo que pone a trabajar a Mario y lo lleva a plantear como hipótesis “la implícita concepción freudiana y lacaniana, psicoanalítica, de la adolescencia”, tesis que demostrará a partir del estudio de la obra de F. Wedekind.

Hay que considerar que en esta obra teatral los sueños y fantasías son puestos en primer plano y tomados como mensajes a descifrar, y que se evidencia allí la ausencia de un Otro que pueda responder al impasse que es la adolescencia; y, como señaló Mario Elkin, al no existir un saber-hacer para llevar y a falta de una creación que posibilite el pasaje, se cernirá la tragedia en cada uno de estos personajes y saldrán de la escena de la peor manera. Es decir, que serán los pasajes al acto las respuestas ante esta incomodidad del adolescente afectado por su cuerpo y las presentificaciones de lo real que lo despiertan de sus sueños.

Mario atiende las voces de los adolescentes de esta obra. Nos habló de algunas que nos permitieron extraer enseñanzas de mucha importancia y de gran actualidad:

Mauricio sueña “con piernas femeninas con medias azules cabalgando en el escritorio del profesor”. Un sueño fugaz, pero que angustia: después de este sueño resulta imposible volver a dormir. Para Mauricio, nos dice Mario, la cuestión escolar no hace más que estorbar las verdaderas preguntas que él se plantea sobre las mujeres y el deseo sexual. Mauricio, al fracasar ante el severo ideal de sus padres, opta por el suicidio. Un suicidio adolescente, sentenciará Mario. Otro personaje es Wendla, quien tiene fantasías “masoquistas” que le hacen pregunta sobre un goce desconocido; Melchor, por su parte, tiene sueños “sádicos” que le horrorizan. Y en un encuentro, una demanda que se vuelve súplica es respondida, produciéndose una conmoción distinta en cada cual y la abrupta salida del escenario.

A propósito de la pregunta que hace Wendla en su cumpleaños 14, cuando quiere una nueva respuesta al cómo se tienen los niños -una que ya no sea la de la cigüeña-, Mario Elkin señala que en efecto los adolescentes hacen preguntas a los adultos y que es para saber si ellos les mienten. A continuación se producirá un embarazo, un aborto provocado, la muerte de Wendla adolescente. Melchor, asumirá dos culpas que no le corresponden, parando en el correccional y al final fugando en una errancia mortífera.

En Lacan está el sueño que despierta, el llamado “Padre, ¿acaso no ves que ardo?”. Y es la angustia la que despierta entonces, aunque luego el sentido nos vuelva a adormecer, subraya Elkin. Y despiertan los adolescentes, nos dice, porque algo agujerea sus vidas: despiertan y descubren que son “escarabajos” como en Kafka; el adolescente crece y le crecen cosas; no está acomodado en su cuerpo y no sabe si es lo suficientemente hombre o mujer. Un empuje pulsional le exige pasar de una satisfacción autoerótica a pasar por el cuerpo del Otro para obtener la satisfacción: es la incursión a algo hétero, áltero, lo que no es sin pasar por el “molino de las palabras”, el malentendido, el muro entre los sexos. La tragedia es descubrir que no hay ley que permita la armonía, que si en la infancia existía el Edipo que implicaba una imposibilidad, ahora se vive la inexistencia de la relación sexual.

Y volvíamos a los sueños y sus sentidos que Wedekind, el artista, supo anudar con el goce; esta vez para ir perfilando el goce extranjero, inédito: el fragmento del Otro que se mutila y con el que me vinculo, y que aparecía en la historia, en el sueño fetichista, en la elección homosexual, y de pronto, ¡un apagón! Un momento de vacilación… pero nadie se quería ir a dormir para despertar y seguir soñando; así que Mario debió arribar en su exposición de esa noche hacia las fórmulas de la sexuación de Lacan.

Luego se abrieron paso dos preguntas en la oscuridad.

Primero se pedía decir algo sobre “la relación de las viscosidades de la adolescencia y el suicidio”, a lo que Mario refirió la contribución de Freud para un debate sobre el suicidio, seguido de una referencia de Norbert Elías sobre el balance de la vida que hace el suicida en relación a sus ideales y el saldo en rojo que puede llevarlo a su autoexclusión, lo que no responde al porqué de aquello en el adolescente; también recordó el trabajo de Durkheim. Lo indispensable aquí, nos dijo Elkin, sería ubicar la diferencia entre el llamado al Otro que es el Acting out y el pasaje al acto, que es el acto logrado; y considerar que, al adolescente las coordenadas familiares no le sirven ya para responder a las dificultades amorosas y los conflictos entre pares, y por lo tanto son rechazadas: ellos no se encuentran más reconocidos en el corazón del deseo del Otro.

Un joven interrogó a Mario sobre si las preguntas del adolescente al adulto eran “un acto de rebeldía”. A lo que Mario Elkin dijo bien que se trataba de una pregunta que ya venía con respuesta: y que sí. Proble-matizó además el hecho de que el adulto, de cualquier modo, no cuenta con todo el saber; que también existen adultos que no se merecen ni el amor ni el respeto; que el hecho de pensar que existe una verdad-para-todos es lo que impulsa las campañas de prevención que terminan siendo campañas de promoción, de promoción de toxicomanías, de embarazo adolescente… Que fuera de este esfuerzo educativo hay un más allá que es lo real y que interesa al psicoanálisis. Mario concluyó muy atinadamente su conferencia diciendo que para los adolescentes lo importante no es que los padres respondan desde la moral sino que cada uno le pueda responder desde su ética.

Cabe destacar que el auditorio pleno de estudiantes se quedó hasta el final, aun cuando las luces de emergencia habían declinado, y sólo las pantallas de los celulares iluminaban dispersas la sala. Quedaba claro entonces que salíamos con un saldo a favor, con nuevas luces que nos permitirán ahora delinear otras oscuridades.

Jessica Jara Bravo.

NEL-Guayaquil. Maestrante.

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