Conferencia Pública de Héctor Gallo: “¿Qué lugar posible para el saber del inconsciente en la universidad?” O, en pie de combate con pasión

Reseña por Jessica Jara.

NEL-Guayaquil.

El jueves 10 de noviembre a las 18h00 jugaba la selección nacional contra Uruguay, y a las 18h30 estaba previsto que en el SUM de Filosofía de la Universidad Católica el psicoanalista Héctor Gallo dicte una conferencia pública: evento coordinado entre la Maestría en “Psicoanálisis y Educación” y el Centro de Investigación y Docencia de la NEL-Guayaquil.

La cuestión era complicada pues horas antes Colombia había empatado con Chile jugando de local; y en el siguiente partido, segundos antes del minuto 12 Uruguay metía su primer gol a Ecuador. Catorce minutos después, algunos salimos de “el césped” y subimos las escaleras, -Héctor encabezando-, y ya en el auditorio, con el ánimo dispuesto, queríamos escucharlo. A partir de entonces, si bien hubo irrupciones de gritos apasionados (más que las dos efectivas anotaciones que se reportaron), nosotros escuchábamos con interés las respuestas que traía Héctor Gallo, -A.M.E. de la NEL-Medellín-, a sus preguntas que, lúcidas, se abrían paso ante un público creciente.

“¿De qué te servirá cómo psicólogo estudiar el psicoanálisis o saber en qué consiste el inconsciente, el que no puede ser observado ni medido, en momentos donde lo que hay es el fanatismo de la evaluación y el protocolo?” Este cuestionamiento más la aseveración tajante de que “el inconsciente no es lo irracional”, fueron las primeras interpelaciones que hicieron eco en los jóvenes estudiantes y profesionales presentes. El inconsciente es el sujeto-supuesto-saber, nos recordó Héctor, y el psicoanalista no se ocupa de “medir” lo que no marcha sino de escucharlo para ubicar la función que cumple en la vida de un sujeto.

“¿Para qué un psicoanalista en la Universidad?” se pregunta Gallo, siendo que a uno no lo contratan como psicoanalista, y que además en la Universidad lo que comanda es el saber acumulado y el saber expuesto. Allí apuntó que un profesor no podrá transmitir ningún saber si primero no se hace “amable” para los estudiantes, lo que quiere decir que  le supongan un saber y que entonces deberá abstenerse de hacer uso de este poder conferido. No se trata allí de responder amor con amor, pero sí con un deseo que cause el trabajo: de “ensangrar”, de sacudir al otro para que no salga tal y como entró, que haya acto.

El profesor mismo debe sangrar, dijo Héctor, y de este modo su transmisión no es tanto de conocimientos como del amor al saber; y que esto es, haciendo sentir concernidos a los alumnos, dejándose interrogar, sacrificando su comodidad y el placer de repetir lo mismo. Si hay pasión en el docente, éste no sólo se ajustará a los procedimientos mecánicos para salir bien evaluado, y este pathos/padecer no le resultará una mortificación.

A continuación, Héctor Gallo, hoy “Investigador sénior”, testimonió de cómo se introdujo en el mundo de las letras como un “autodidacta”, de cómo se sirvió del saber universitario en su no querer analizarse: su no querer saber sobre su ser de goce. Y nos indicó que se interesó en Freud en tanto le pareció un padre que se ocupó de lo que la ciencia desecha. “Yo como un traidor”, nos indicó, “leí a Freud doce años sin analizarme”. Pero, en seguida pasó a precisar que la doctrina teórica de Freud se fue convirtiendo en su sangre y carne, y podemos decir que lo salvó del nefasto destino de sus contemporáneos. Le ocurrió que este saber por un autor, como la letra que humaniza el deseo, le permitió estar “en pie de combate en el terreno intelectual”, sin responder sólo a un “estúpido coraje”.

Héctor Gallo sostuvo que quiere hablar a los jóvenes como joven, y subrayó bien que ser autodidacta es creerse autosuficiente, que es un vano narcisismo el saber universitario, y que el orgullo puede obstaculizar el análisis. Decidir ser analizante de su propio inconsciente es “agachar la cabeza ante uno mismo, porque no somos japoneses”, ya que es uno mismo quien se autoriza como analizante y se sirve del deseo del analista. Nos confió que en su análisis recitaba a Freud como si no tuviera historia, lo que no impidió que por la experiencia analítica él pudiera pasar de ser un “orgulloso didacta” a un “modesto escritor de libros de psicoanálisis aplicado en los problemas de la civilización contemporánea”.

Héctor se autorizó como analista y eligió la escuela como refugio en lugar de la universidad, y sostuvo que su nominación es ser un “mártir de la escritura”, que habla amable y con las tripas en la mano, y que aun habiendo sido tan lector: “no tiene bonita caligrafía ni buena ortografía”. Nos dijo también que se volvió lacaniano sin traicionar a Freud.

Y en ese punto volvió a hablarnos de la falsa ciencia de lo mental, del aburrimiento del saber por competencias, del fanatismo de la medición y la burocratización del saber, para decir que el deseo del analista no se adapta a la rutina: que hay exhibición de la pasión en el verdadero enseñante y que él se exige no decir lo mismo siempre; que la pregunta no es qué voy a decir sino cómo voy a decirlo y que esto dependerá de para quién es el curso…

Gallo supo decirnos que él quiere hacer transmisible el psicoanálisis en la universidad, y que no contribuye ni fortalece a técnicas de enseñanza masiva porque estas ayudan solamente a instalar la mediocridad; y que, si busca títulos es para no se lo descalifique por ser psicoanalista, y que su responsabilidad en la universidad es rescatar al sujeto en cuanto falla, ajustando su acto al discurso del analista, sin aceptar el lugar del experto, ni del prestigio, ni del liderazgo. Que él renuncia a ser un supuesto-sujeto-saber sin falla.

Al final Héctor nos recordaba que se trata siempre de introducir algo un poco novedoso y que Miller apostó por la entrada del psicoanálisis en el malentendido del lenguaje, aun si esto implica su distorsión obligada, y que hay que enfatizar en la construcción de un saber. Es desde el no-saber desde donde uno puede escuchar al estudiante, descifrar lo que quiere, lo que pide. Que es por la pasión de la ignorancia que uno siempre querrá saber.

La intervención de Gallo causó varias preguntas por lo que Mayra de Hanze, Directora del CID, luego de agradecer a Héctor por su transmisión, dio la palabra al público concernido.

El catedrático y cartelizante Carlos Tutivén preguntó si en los tiempos de tecnofascinación no hay estudiante, que el Otro del saber ha sido reemplazado por Google, y el profesor ha caído en la impotencia, derrotismo… A lo que Héctor indicó que si la relación con el saber es triste y aburrida, el afecto que mejor conviene en el educador es el entusiasmo, que a la tristeza se le responde con el entusiasmo, que no hay que querer restaurar al padre, pero sí mantenerse en pie con pasión, que a algún estudiante se tocará, que si bien es al final del análisis que se puede obtener ese afecto, hay algunos docentes que sí lo tienen.

La voz de un maestrante decía que “hoy el profesor no es admirado”, a lo que se le dijo que la transmisión es la que tiene que interesar al otro, y que si los alumnos no se interesan por lo que uno dice el responsable es uno: que a uno le toca elegir, o estás en movimiento con relación al saber o no. Que el “hereje” es el que elije, y que aquí se trata de una elección.

Otro cartelizante se interrogaba sobre el lugar para el “mal humor”, última pregunta que se esclarecía en tanto esta es una pasión del alma, que no cuenta con el Otro: el mal humorado puede ser el no-engañado, como también, puede ser que exista un mal humor frente a lo previsible, cuando se aburre porque sólo se hace lo que responde al cálculo de lo mejor*.

Y, un poco más abiertos a la sorpresa y a lo no-calculado concluía la conferencia, pero no la conversación que seguía sobre estas cuestiones, el último libro de Héctor “Las pasiones en el psicoanálisis”, y el resultado del partido, que no era de lo mejor… y hubo quienes ya calculaban las siguientes fechas. A la postre, Ecuador sumó tres puntos ante Venezuela, y nosotros esperamos en 2017 el retorno de un Héctor Gallo, en pie de combate con pasión.

*La referencia aludida por Javier Rodríguez es: http://www.psicoanalisisinedito.com/2016/08/jacques-alain-miller-eric-laurent.html

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