Investigación del CID. Urgencias subjetivas: ¿A qué se da lugar en la urgencia hospitalaria?

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Fotografía: Eric Marais

¿A qué se da lugar en la urgencia hospitalaria?

Por Gabriela Febres-Cordero M.

En una institución hospitalaria todos los días se encuentran sujetos en situaciones de salud de distintas características. Cada uno de ellos la significa de una manera particular y va a vivenciarla acorde a esto. Sin embargo, parecería que en primer lugar la urgencia siempre está del lado del médico. Ante el estado de angustia en que se encuentra el familiar o el paciente, ante el diagnóstico final, ante los posibles resultados del procedimiento que se va a llevar acabo o incluso por la propia demanda de aquel que consulta. Se da cuenta entonces de la importancia de un espacio de escucha tanto para el sujeto enfermo, su familia e incluso el personal médico. Cada uno desde su rol y con sus respectivas construcciones subjetivas van dando cuenta de que la situación da paso a otro tipo de urgencias, las cuales van más allá de una receta o medicación. Dar cuenta, como lo señala Belaga “…no hay una Verdad Sólida, donde no se está en el sí o no, sino en el más o menos… da cuenta de los grises y su pregunta fundamental es: ¿hasta qué grado algo es verdadero o falso?” Laurent nos llama en nuestra formación a no acceder a los modelos cuantitativos, “sino considerar que es siempre cuestión de un sujeto, de su inconsciente, y de lo que para él las palabras quieren decir.” Oferta que bien sabemos no solo es dirigida a aquellos que poseen padecimientos de orden fisiológico, sino también a aquellos que padecen sencillamente porque el otro también forma parte de aquello de lo que uno no se espera.

Con el siguiente trabajo se pretende explorar desde dónde emergen las urgencias subjetivas dentro de una institución hospitalaria. Belaga (2004) deduce dos vertientes de lo que se puede considerar una urgencia: aquella como acontecimiento, real que irrumpe sobre las construcciones simbólicas del sujeto, y aquella como proceso, correspondiente a lo no programable. En una institución cada parte tiene un rol a cumplirse. Desde el discurso médico, más aún, cada parte tiene un funcionamiento establecido el cual si no opera correctamente, enferma. Es una anomalía que posee en la gran mayoría de casos un nombre, características a veces muy amplias pero bien definidas y dan paso a tratamientos o diagnósticos los cuales nos dan una idea de qué esperar o qué paso seguir a continuación, más siempre con el acecho de que fracase. Y es que aún ante la muerte el discurso de la medicina pretende nombrar, contener aquello de lo que realmente no sabemos nada.

El psicoanálisis, por el contrario, “apunta a instaurar en la institución una particularidad contra el Ideal” (Belaga, 2004) Se toma el trabajo realizado en una institución hospitalaria de la ciudad, el cual se ha planteado como la posibilidad de otorgarle un espacio a aquel sujeto que se ve obligado a permanecer durante días, en ocasiones meses, en una institución hospitalaria ya sea al cuidado de un familiar o porque él mismo lo necesita. Sin embargo aquello que falla en el otro, que ya no es de índole orgánica, parece descolocar en ocasiones al cuerpo médico. Y es que la institución requiere, incluso del padre del hijo enfermo, que cumpla su función. Pero también se ponen en juego las construcciones imaginarias de aquellos sujetos llamados a hacerse cargo de la parte orgánica. La estructura familiar del paciente se pone en escena en lo que podría considerarse una convivencia entre todas las familias acompañando a su ser querido durante el proceso de hospitalización y el cuerpo médico. Se comienzan a crear así lazos entre las familias que se encuentran en cada sala de hospitalización. Los sujetos forman lazos a partir del dolor de cada uno permitiéndoles, aún en estados críticos, sostenerse. Encontramos entonces madres que están pendientes no sólo de su hijo sino también del que está en el cunero contiguo cuando la madre de este niño se ha ido baño, a comer o incluso se ofrecen para ser aquella que reciba las resoluciones médicas del día ya que la madre biológica no está en la sala. Incluso el personal entra en ocasiones en esta dinámica, poniendo en escena algo de lo que para él viene a representar aquel caso particular pues respecto a otros casos pueden llegar a apreciarse maneras totalmente diferentes.

Inés Sotelo (2004) retoma un señalamiento Freudiano: se puede considerar el padecimiento de cada sujeto como un quiebre de la homeostasis con que su vida transcurría. Es necesario considerar que un embarazo, el nacimiento de un niño prematuro, con una deformidad o patología muy compleja corresponden a una irrupción de real que en definitiva puede llegar a representar aquel quiebre del que Freud hablaba. Y con ello cada sujeto tratará de hacer como mejor pueda, pero del mismo modo van a movilizarse todas aquellas construcciones imaginarias en torno a ese niño que nace enfermo.

Apelando a la propuesta psicoanalítica se pretende darle un lugar a su sufrimiento. Si bien pueden haber más niños en la sala en esas condiciones, se da espacio a lo que ese sujeto construye a partir de ello “…el paciente de la urgencia, también tiene que pasar por el Otro para resolver su sufrimiento, dado que si bien el sujeto es singular, padece de lo universal… el paciente viene como sujeto expuesto en su singularidad, padeciendo de lo universal y quien lo recepciona apuesta al sentido, a la construcción del Otro.” Es así que nos encontramos siendo abordados en los pasillos o en las salas de descanso, donde los médicos nos hablan de aquello que no toleran del otro: ese padre ausente, esa madre a quien hay que repetirle varias veces las resoluciones médicas, aquellos padres que tienen un número considerable de hijos y son de condiciones económicas precarias… Aquello que se sale de los parámetros es reprochable e incluso condenable, pero más allá de esto es causa de angustia.

En un primer momento lo que parecen buscar es un rasgo con el cual poderse identificar con este otro que no encarna la figura que corresponde al ideal que la institución requiere. Estas identificaciones consistentes, como las llama Belaga, corresponden precisamente a un ideal social, institucional, que hace caso omiso a la particularidad del sujeto. Aquellos referentes que habrá tenido y los que haya significado son considerados obsoletos, erróneos, y por lo tanto es necesario que se asuma y comience a interpretar el papel que de él se espera.

Bibliografía

Belaga, G. A. (2004). Presentación. En La Urgencia Generalizada. La práctica en el hospital (pág. 11). Buenos Aires: Grama Ediciones.

Laurent, E. (2004). Hijos del trauma. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 23). Buenos Aires: Grama ediciones.

Seldes, R. (2004). La urgencia subjetiva, un nuevo tiempo. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 31). Buenos Aires: Grama ediciones.

Sotelo, I. (2004). La guardia, la admisión, la primera consulta: una coyuntura de emergencia. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 97). Buenos Aires: Grama Ediciones.

 

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