Primera Mesa de conversación preparatoria a la Jornada NEL

“LOS TRATAMIENTOS DE LO FEMENINO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS E INSTITUCIONALES”*.

Jessica Jara B.

Psicoanalista asociada a la NEL-Guayaquil. Corresponsable del Grupo de Investigación: “Psicoanálisis aplicado y dispositivos de control”, del CID[i].

Lo femenino del síntoma, una “improvisación” y La feminización del mundo.

Para Lacan y los lacanianos el síntoma es aquello que “se pone en cruz” para no dejar avanzar al sujeto y es lo que no marcha en lo social. Podemos decir que ante la inexistencia de la relación sexual, hay síntoma. El síntoma es formación del inconsciente-transferencial en tanto le suponemos un querer decir, y los analistas nos ofrecemos como sus destinatarios, para responderle con la interpretación. Si bien el síntoma tiene una vertiente de sentido y se remite al Otro, su cogollo es un real que no se enlaza con nada y no dice nada a nadie: eso es el sinthome[ii]. De este modo que podemos enunciar lo siguiente:

1) El síntoma es en sí un tratamiento al goce.

2) El sinthome es “lo femenino” del parlêtre, sea este hombre o mujer.

Cuando un sujeto está en una relación de sufrimiento con su síntoma es que puede plantearse un tratamiento psicoanalítico al síntoma. Mas, considerando que el estatuto de la subjetividad actual es la de “el hombre de la angustia” heideggeriano (Angstmensh)[iii], nuestra apuesta va a seguir siendo el encuentro de los cuerpos, la disimetría propia del discurso psicoanalítico, el hacer surgir una demanda que no vamos a responder, la formalización del síntoma: formalización que no alimente el sentido (para eso está la religión) sino apunte al real del síntoma buscando producir la “diferencia absoluta” (Lacan, Seminario 11). Así el psicoanálisis trabaja en contra de la identificación. En el 2008 J-A.Miller, a propósito de los CPCTs, subrayó que no se puede servir a dos amos, a dos discursos, indicando que el psicoanálisis aplicado debe aplicarse al psicoanálisis mismo, denostando el ponerse a tono con época y a su imperativo de los “efectos rápidos”.

La modernísima protesta histérica ha sido acallada con regulaciones y evaluaciones, además de que hoy existen nuevas histerias que no se dirigen al Otro, que son sin Nombre-del-Padre[iv]. Las instituciones continúan proponiéndose “medir” los síntomas para darles un sentido, clasificando un problema para darle una solución; y, en la actualidad, nos encontramos ante una paralizante multiplicación de nombres falsos del síntoma, escenario ante el cual muchos practicantes se preguntan: ¿qué precisa ser abordado entre toda esta nomenclatura, cuando proliferan etiquetas y estilos de vida saludables o no, con más o menos confort?

Ser un “adicto en recuperación”, “hiperactivo”, “hipster”, una “gothic lolita”, ecologista-high tech es darle un sentido a la vida. Tener “déficit de atención”, “bipolaridad”, alguna anomalía que me permita pertenecer e incluso volverme beneficiario, aunque sea “usuaria” torna a los sujetos conformes-con-la-norma. De todos modos allí, cada uno se siente diferente y es empujado, sin cesar, a mejorar su performance, a autoproducirse más para la selfie. ¡Todos artistas usando sus cuerpos para tatuarlos, machacarlos, transformados! En el otro extremo, están los cuerpos que se hacen estallar, obedeciendo oscuros imperativos que exigen: “¡Muere por mí!” No debemos confundir estos narcisismos triunfantes con la singularidad.

Más que identificar su síntoma, hoy los sujetos buscan nombrar el goce que los habita, esfuerzos que dan cuenta de que siempre se trata de domesticar un goce que nunca es “straight”. Ante la ominosa pregunta ¿qué soy?, quién podría soportar la respuesta de Yahvé: “Soy lo que soy”, pero sí se puede responder con certeza: “soy gay”. Y aunque se alivie un poco de angustia, luego se producirá un malestar por el ingreso de este “gay”, -que en principio no es igual a este otro gay-, a un grupo que te dirá “cómo-ser-gay”. –Si están de acuerdo conmigo vivimos en el reinado de los tutoriales-. Allí, un modo de responder al malestar es parti-cipar activamente en la multiplicación de un dispositivo clasificatorio cuyas siglas proliferan GLBTTI… y donde, en cada casilla, se replica el malestar. En cualquier caso, como no hacen lo que deberían, o no obtienen la satisfacción que suponían, sienten doble culpa: por no poder cumplir con el ideal “heteronormativo” ni el “gay”; y tal como Lacan anticiparía, estas son nuevas demandas de análisis que recibimos. La institución matrimonial[v] también puede aportar al alivio de ese sentimiento íntimo del ser hablante, el que poéticamente Solá Franco expresó como “un desarraigo… con deseos de pertenecer”.

Las redes sociales también se pretenden tratamientos del goce mediante la identificación; así, 22 nuevas identidades han ingresado a Tinder, disidentes queers incluidos. El cofundador de la app señaló: “Queríamos hacer esto bien… a la vez que respondemos a las necesidades de todo el mundo”[vi]. En este sentido, las comunidades de goce responden a un “individualismo democrático de masa”[vii], y están conformadas por no incautos que no se permiten el engaño del amor y rechazan el inconsciente; y donde los militantes, guiados por una supuesta fraternidad universal, trabajan sin (querer) saber, por la homogenización y el rechazo de lo femenino. Nos resuena la llamada “feminización del mundo”,  que surge ante la declinación de la figura paterna, y lo dicho por Freud sobre Medusa: la proliferación señala la castración.

La Asociación Mundial de Psicoanálisis es consultora de la ONU mujeres[viii], y desde ese lugar ha señalado que “lo femenino”, en la medida en que no está determinado por las tradiciones e ideales, tiene consecuencias que varían de una mujer a otra, y son: más flexibilidad con relación a los semblantes de poder; menor tendencia a la rutina, a la uniformidad y homeostasis; mayor observación del detalle; uso democrático de la autoridad; capacidad de asumir riesgos sin temor a la pérdida; capacidad creativa; defensa tenaz de lo que les es propio: hijos, familia. A lo que hay que considerar que puede llevar a una mujer a lo mejor o a lo peor. Se anotó además que la igualdad de género produce: rigidización, dificultades en el amor, falta de creatividad, competitividad exagerada. De aquí podemos conjeturar por qué para Lacan las mujeres analistas pueden ser las mejores o las peores, y por qué lo femenino es lo más dispar, y nos dispone de buena manera a la sorpresa, a la invención, a la “improvisación”, como lo precisó una analizante que busca un saber hacer con aquello que por ahora se le presentifica como loco, desorganizado, fuera de cálculo.

Traba… o estraga. “Hacer-vivir”, prácticas totalitarias y lo ajeno.

Si el síntoma es una traba al andar, ciertamente el síntoma tiene la función de trabar algo para permitir un uso, un hacer, un trabajar. Aunque sea para un “travagar”, como le escribió un chico a un practicante del grupo de investigación, cual mensaje a ser leído. Siguiendo esta orientación podemos decir que una aflicción peor que un síntoma es un estrago. Lacan señaló en su seminario “R.S.I.” que una mujer puede ser un síntoma para un hombre, y que un hombre puede ser para ella un estrago, es decir que puede empujarla a lo peor, en tanto el goce femenino no está reg(u)lado por la función fálica y las mujeres no se limitan en las concesiones que hacen por su hombre. Marie-Heléne Brousse ha señalado que allí el sujeto: está desposeído… que declina como palabra y está reducido al silencio… es como un cuerpo que sobra o una carne desfalicizada y, como errancia, es autodesaparición”.

Es posible pensar la evaluación como síntoma y como estrago, tal como lo articuló Eric Laurent en el 2004. Un texto clave para entender la lógica de la evaluación es “¿Desea usted ser evaluado?”, trabajo conjunto de Miller y Milner. Lo que notamos de inicio es que las evaluaciones actuales son anónimas y que por lo tanto se consideran científicas. Consentir a la evaluación, decir sí a esta pregunta sinuosa, implica consentir a darlo todo, no por amor, sino por miedo. La evaluación no tiene fin y en nuestro caso se aplica “con infinito amor”, con normativas proliferantes que hoy “son” la ley. Recuérdese otra vez a Medusa, y su aparataje petrificante de casi cualquier iniciativa. Así, no toda iniciativa ha sido paralizada, en esta misma Universidad Católica existe un núcleo del Grupo “Universidad y Sociedad”, que trabaja propuestas alternativas a la universalización de la educación. Esto en tanto que, El proyecto/proceso buscaba homogenizar los distintos dispositivos de educación, -con los efectos ya indicados-, por lo que debieron cerrar fundaciones con labores válidas y espacios Otros donde se impartía una educación particularizada, al estilo de lo pequeño es hermoso.

Michel Foucault describió la transformación del poder de un soberano que “hacía morir y dejaba vivir” en un nuevo amo que tiene “el poder de hacer vivir o de rechazar hacia la muerte”[ix]. En Venezuela en estos momentos, se hace morir y se intenta “hacer vivir” de un modo afín al régimen mediante la creación de supuestos “laboratorios de paz”, que en realidad son de “reingeniería psicológica”, según nos ha hecho conocer Gustavo Zapata. En Ecuador se hace morir a una universidad mal evaluada o a un medio de comunicación que no soporta una sanción económica que lo arruina, sanción que se nutre del derecho de las minorías, pero también del daño causado a la honra del líder. Se trata de un modo de hacer-morir mediante mecanismos continuos, reguladores y correctivos, cuando la institución judicial, -como habría observado bien Foucault-, está cada vez más integrada a un continuum de aparatos. Así, a Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios ha contabilizado 2.261 atentados contra la libertad de expresión en Ecuador desde el 2008[x].

Hoy es el propio sujeto quien sigue solo el mandato de “hacer-vivir”, lo ha interiorizado, lo hace sin que el Otro se lo demande. Lo hace activamente, adictivamente. Se trata de individuos que hacen su propio bio-control higienista y obsesivo del cuerpo con gadgets, y respondiendo a la ética del soltero, se adscriben a un tipo de lazo social sin sorpresas. Que la “red” suplante a la “jerarquía” implica el paso de un gobierno viril a un poder rizomático, y una de sus formas más estragantes es un hacer vivir en permanente evaluación y delirante prevención: un “remedio” peor… que un síntoma, en un régimen de hierro del biopoder.

Sin embargo, no debemos dar consistencia a prácticas y fantasías totalitarias[xi] sucumbiendo al terror y asumiendo que ya está todo perdido, lo que suele devenir en un derrotismo o peor: un derrotismo-cínico. Una respuesta posible en la práctica clínica es jugar su hacer en los insterticios y las fronteras, o mejor, sirviéndose del semblante, tal como hiciera un practicante al mostrarse en acto desapegado de los ideales de una institución hiperintegrada, sacándose el chaleco de la institución y cerrando la puerta para escuchar a una mujer; pudiéndose luego tomar nota de que ese “refugiado” era alguien, que se trataba de un ser hablante que sufre de estar en “casa ajena” y que goza al mismo, al mismo tiempo, de su ajenidad[xii].

La política del síntoma ante el “tetris” de la vida y un femenino ZADIG.

El trabajo del uno por uno, puede resultar muy modesto a quienes tienen un espíritu salvador, pero ante el panorama donde reinan el imperativo del superyó femenino: “ser varias en sí misma”, como señala bien Leda Guimarães[xiii], nos encontramos en un borramiento de una falta que sí que estraga. Allí nuestra política es sostener la pregunta abierta en el punto de inconsistencia, de agotamiento, de imposible sostenimiento del semblante cuando la vida es un “tetris”,  tal como la concibe una analizante, quien lo juega tétrico y mortífero para no dar cabida a un agujero que puede tragar. Las mascaradas: La profesional realizada, La politizada, La administradora del hogar, La madre psicopedagoga, La beldad escultural, La amante liberada, entre otras posibles y que se juegan simultáneamente, serían una versión de La mujer total a la que nada le falta. En ese escenario imposible se vuelve valioso precisar el punto en el que puede surgir una demanda; así, podemos anotar la queja de una madre sobre su hija adolescente anotada por una practicante: “no sé qué hacer para que coma”, lo que le resultaba problemático en tanto que, en su familia, son las mujeres quienes dicen qué hacer.

El psicoanálisis es el reverso del biopoder, y tiene a su disposición “La política del síntoma”. Una política pública que se precie de “política” debe considerar que en su núcleo siempre habrá ausencia de relación, desacuerdo y tendría que esforzarse por saber-hacer con un malentendido, inevitable. Eric Laurent ha señalado que la elección en estos momentos es entre “creer que existen reglas del buen gobierno, o reconocer un punto de real, un imposible de Lacan, donde la salida no puede ser el ideal, sino que ella no da lugar más que al debate, a la negociación, sin ideal propuesto con anticipación”[xiv]. Su indicación entonces fue: “no permitir que el debate democrático, del que también nos hacemos cargo, se cierre sobre falsas evidencias”. Es en esta vertiente que Jacques-Alain Miller ha propuesto hoy una “opinión”, cual interpretación con efectos incalculables, en un mundo donde gobierna el algoritmo y el cálculo de lo mejor.

Ser hereje es elegir, haciéndose en cada ocasión responsable de su acto y su decir. Si se quiere, es una toma “analítica” de partido, donde no se trata de seguir lo dicho por un partido sino de orientarse por una ética singular. Así apostamos por una nueva República de las Letras, por la escritura de un litoral de letras singulares: diques desde donde oponerse, replicar, hacerle frente a las voluntades anónimas en marcha. Es de este modo que nos hemos adscrito a la iniciativa milleriana ZADIG, en tanto propuesta femenina, no del todo prudente, viva y real, junto a una comunidad analítica no ideal sino tal como es, por lo que además de haber enviado una carta solicitando continuar seguir participando en la red ZADIG, nos aplicaremos en llenar el formulario de inscripción.

 

*Texto expuesto el 29 de junio del 2017 en la Mesa Preparatoria “LOS TRATAMIENTOS DE LO FEMENINO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS E INSTITUCIONALES” de la I Jornada de la NEL Guayaquil: “¿Qué quiere una mujer? Tratamientos de lo femenino. El psicoanálisis y otros discursos”.

 

[i] https://nelguayaquil.wordpress.com/2017/01/22/psicoanalisis-aplicado-y-dispositivos-de-control/

[ii] He trabajado este punto en “El pivote irreductible de un análisis: Una transmutación”.

[iii][iii] Señalado por E.Laurent en su libro “El reverso de la biopolítica.Una escritura para el goce”.

[iv] Leer a Lacan seminario 23 y “De la histeria sin nombre del padre I”, J.C.Indart y otros.

[v] El matrimonio homosexual, sería un esfuerzo más por intentar renunciar al goce de ser-en-la-infracción. Sin embargo, casarse, como se sabe, no asegura la armonía sexual, pero si del enlace matrimonial participan dos, a título de amado y amante, este amor como metáfora puede suplir la ausencia de relación. En esa dirección, actualmente trabajo en: “De matrimonios en tiempos de la utopía del género”, en el marco del Grupo de investigación “Leyes de identidad de género y matrimonio igualitario” y un cartel local.

[vi] http://www.eluniverso.com/vida/2017/06/28/nota/6252334/genero-ya-aparece-como-opcion-perfil-tinder

[vii] http://www.telam.com.ar

[viii] http://ampblog2006.blogspot.com/2015/03/la-amp-en-la-onu-gender-equality-and.html

[ix] Leer Lacan Quotidien 729.

[x] http://www.fundamedios.org/

[xi] Según G.Agamben el dispositivo foucaultiano se referirá a todo aquello que tiene la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos. No solamente las prisiones, sino además los asilos, los panoptikon, las escuelas, la confesión, las fábricas, las disciplinas y las medidas jurídicas… también el bolígrafo, la escritura, la literatura, la filosofía, la agricultura, el cigarro, la navegación, las computadoras… por qué no, el lenguaje…

[xii] Leer sobre la expropiación: “Hablar con propiedad”, en Lacan Cotidiano 708.

[xiii] En “Goces de la mujer”.

[xiv] “Laurent, E. La evaluación como síntoma y como estrago”.

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