Primera Mesa de conversación preparatoria a la Jornada NEL

Mariela Vigil

Esta Conversación, lleva el nombre de uno de los ejes de trabajo de la Primera Jornada de la Escuela, convocada con el título “¿Qué quiere una mujer? Los tratamientos de lo femenino. El Psicoanálisis y otros discursos”.

El trabajo de esta mesa se orienta hacia “Los tratamientos de lo femenino y las políticas públicas e institucionales” y es una invitación para” reflexionar sobre lo que sucede cuando lo femenino se aborda hacia el ideal y las normas” (1).

INTRODUCCION

Eric Laurent, en su artículo “El analista ciudadano” publicado en el libro “Psicoanálisis y salud mental” plantea el interés que tiene para el psicoanálisis

” la reinserción de los psicoanalistas en el dispositivo de la salud mental, con una orientación precisa:  Los analistas tienen que pasar de la posición del analista como especialista de la desidentificación a la del analista ciudadano…. pasar del analista encerrado en su reserva, critico, a un analista que participa, un analista sensible a las formas de segregación, un analista capaz de entender cuál fue su función y cual le corresponde ahora… Así con otros, ha de ayudar a impedir que en nombre de la universalidad o de cualquier universal, ya sea humanista o anti humanista, se olvide la particularidad de cada uno…. Pero los analistas no han de limitarse a escuchar, también han de trasmitir la particularidad que está en juego” (2).

Aceptando esta propuesta, compartiré con ustedes el material clínico que he traído.

Es en el trabajo con mis colegas del Espacio de conversación sobre la clínica psicoanalítica, que surge este “pensarnos en las instituciones”, pensar nuestra posición en relación a las reglas institucionales teniendo en cuenta que “no hay regla sin una práctica viviente de la interpretación de las mismas. Sean cuales fueran las reglas, no nos otorgan lo que, entre líneas, nos lleva a querer aplicarlas y por ello a darle consistencia” (3). Estas indicaciones orientan nuestro trabajo en las instituciones de salud mental, hospitales y centros de salud. La clínica actual nos muestra que el trabajo en el consultorio no es sin incluir esta orientación. Ubico ,en la  elección de este material clínico, el tratamiento de eso “que falla” solo fue posible a condición del consentimiento de la analista a no someterse a la letra de las normas institucionales; de la institución cobertura de salud: con disposición del tiempo de las sesiones, cantidad de asistencia anual disponible e incluso zona geográfica de atención; de la institución escolar con demandas enmarcadas por el “ideal de alumno” “ideal de madre” “ideal de familia” de esa comunidad educativa.

CASO CLINICO

A partir de un insistente pedido del colegio para que realicen la consulta, los padres de Juan llegan al consultorio privado derivados por la cobertura de salud. Relatan que, el niño de 8 años al momento de la entrevista,” tiene problemas en la escuela desde el jardín y que ahora que está en primaria se hacen inmanejables”. La mamá dirá -“ no me molesta que se pelee con un compañero, yo toda mi vida discutí, a mí las estructuras no me convencen, a mí no me va eso de a que hora se come, a que hora se duerme, a que hora se hace la tarea y ahora me doy cuenta que hay que hacerlo, yo siempre le explique todo, para mí todo tiene una explicación, para mí el sí porque sí o el no porque no, no va, pero ahora lo veo muy triste y eso me  preocupa mucho.-

Al papá le preocupa el desempeño académico:- “En el colegio dejo de copiar, no lo pueden evaluar, se pone a llorar. Dice estar cansado, se distrae, él llegó a un grupo que estaba ya armado (el año anterior tuvo un conflicto con un compañero que termino con su cambio a otro grado) en el nuevo grupo adoptó la conducta de payaso, molesta y distrae a todo el mundo.”- Agregara que ésta dificultad se presenta también en otros espacios, como por ejemplo la colonia, el club, dónde finalmente deja de ir, porque termina solo en un rincón llorando o enojado. Juan tira las cosas si ve que no puede. Si no gana o ve que va perdiendo, se frustra mucho.

El año anterior, comenzó un tratamiento que duró dos meses, según la mamá -“él tuvo empatía yo no, por eso no lo lleve más”-. Este es un detalle clínico que orientara el trabajo posterior.

Juan ingresa al consultorio sin dificultad, dice saber a que viene pero que no quiere hablar de eso y que no hablará de la escuela.

El paciente es el primer y único hijo de estos padres. Se conocieron por un amigo en común, con el que ella mantenía relaciones sexuales, cito a la mamá: -“salimos tres semanas, un mes, dos meses, no te puedo precisar, fue bastante complicado porque con este amigo que nos presentó teníamos relaciones, él me decía que el papá del nene es bastante conservador, como no se mentir, se lo conté y nos peleamos, estando peleados me enteré de que estaba embarazada. Los dos me decían que abortara y yo decidí tenerlo, aunque al principio no sabía quién era el padre”-.

Durante el embarazo y los primeros meses del bebé, la mamá vivió con sus padres. Al momento del nacimiento, el papá no asistió al parto. Cuando llegó el momento de ponerle el apellido, como él no estaba, la mamá de Juan decidió ponerle el de ella. El padre se presentó a la semana, se hizo el test de paternidad y comenzó el trámite para el cambio del apellido. Cuando Juan tenía casi un año, se van a vivir solos y ahí comienzan los problemas, que terminan en varias internaciones de ella, por episodios de hetero agresividad e intentos de suicidio. Finalmente se separan cuando Juan tenía tres años, un tiempo vivió con el papá y luego se mudó con ella, desde ese momento funcionan como hasta ahora, en la semana está con la mamá y los fines de semana con el papá. Esta dinámica está en función de un dato fundamental que es la ubicación geográfica donde crecieron, vivieron y viven los padres del paciente al momento de la consulta. La mamá es de la zona sur del conurbano bonaerense, el paciente comienza la escolaridad en el mismo colegio que ella estudió (un colegio privado muy prestigioso en la zona) su casa y el consultorio quedan cercanas. El papá es de la zona norte de la provincia de Buenos Aires unos 40 km de distancia. La mamá garantiza lo cotidiano en la semana, sola, y el fin de semana se ocupa el papá, días en los que ella viaja por trabajo. La mamá no volvió a formar pareja estable, el papá si convive con su novia, hace casi dos años, con la que el Juan tiene un muy buen vinculo

Marcelo Barros en su texto “La condición femenina” afirma que la lógica de la interpretación se muestra insuficiente en la “clínica de lo grave” y también en la clínica de la feminidad, agrego en el tratamiento de lo femenino. La clave, en un caso y en el otro, reside que lo que se pone en juego no es la falta de un significante sino el lugar que se tiene como objeto en el deseo del Otro. Lo cierto es que hay casos que muestran, más claramente que otros, que el nudo de un análisis se juega en el manejo de la transferencia” (4)

“Falta de empatía” será el significante que le permitirá a la analista ubicar su posición en la transferencia. Cito textual a la mamá -“con el papá de mi nene siempre me llevé muy bien, el resto de la gente es muy tonta, la gente no es lógica, tienen un pensamiento desordenado, no tengo empatía, uno más uno es igual a dos y eso lo entiendo.-”

Para nosotros los analistas, el texto más importante siempre será el texto del paciente, hay que leer aquí, la singularidad que este sujeto nos presenta y como decimos en la jerga lacaniana lo que nos está diciendo es que “ella es de otra parroquia”.

Desde la primera entrevista entendí que las demandas dirigidas a esta madre, sean de la escuela, del padre del paciente o del paciente mismo, producían gran desestabilización en ella.

Rápidamente la figura de la terapeuta empezó a ocupar un lugar entre la mamá del paciente y el papá, entre ambos y la escuela, y entre ambos y el niño. Se fueron presentando situaciones muy delicadas en el colegio, dónde Juan comenzó a ser mal tratado por sus pares, se producen constantes situaciones en las que queda expuesto a las preguntas insistentes de los adultos. Sobre lo sucedido, él no puede responder más que con episodios de excitación. En cada llamado de la escuela a la mamá, se producían una catarata de llamados al padre, con agresión y desborde, después llamaba a la analista, se pensaban estrategias y se tranquilizaba. Los llamados se fueron haciendo cada vez más frecuentes, no solo por cuestiones del colegio sino por situaciones cotidianas que la desbordaban. Recibo uno a las 7:00 am porque el niño, medio dormido,  no le contesta una pregunta, esto la angustia de tal manera, que llama llorando desesperada, -“eso me hacia el padre y yo no entiendo que está pasando”- le digo que no es tan grave, que son cosas que pueden pasar y esto la alivia.

Me contacto con la escuela en varias oportunidades,  dando orientaciones que no pueden sostener: que en otro espacio , por fuera del aula,  le permitan que se le vaya pasando el enojo, que dejen de preguntarle que le pasa porque él no se los puede responder, si se logra que dejen de llamar a la mamá y me llamen a mi o al papá. Este tendía a responsabilizar a la mamá de los enojos de la escuela y no podía escuchar ninguno de los reclamos de ella hacia la institución.  La docente deja clara la posición de la escuela, -“él es un alumno más y se tiene adaptar al grupo”-. Un día recibo un llamado del colegio, de la dueña, para comentarme que una mamá de un compañerito entro al colegio con intención de agredir físicamente a Juan, agrediéndolo verbalmente.  Cuando llega la mamá a buscarlo, él estaba encerrado en un baño, aterrado, llorando, sin aceptar salir. Después de este episodio es que pido derivación a psicopedagogía, aclarándole al papá que tenía serias dudas de que esta fuera la institución adecuada para el chico, ya que no lo estaban pudiendo resguardar y acompañar, el papá accede y comienza a tener una actitud mucho más contenedora y paciente con el hijo, deja de pensar que es un caprichoso, mal educado, etc.

Finalmente se hace el cambio de institución, a un colegio con jornada simple y con un enfoque diferente, donde puedan alojar las particularidades del niño, el alivio fue muy grande. Sin embargo, se fueron acentuando las dificultades de la mamá para sostener lo cotidiano, le propongo que además de llamarme cuando algo la desborda, venga al consultorio a hablar conmigo, acepta y de la mano del “sola no se puede” comienza a pensar diferentes propuestas, como mudarse más cerca del papá, que Juan fuera a vivir con él, propuestas que cuando éste las toma, ella las rechaza.  Sucede un hecho determinante, un día de semana feriado, sin colegio, lleva a Juan a la plaza, después de un rato le dice que tiene que buscar algo en su casa, que volverá enseguida a buscarlo, eso no sucedió, cuando oscurece el niño se asusta y se presenta en el consultorio a pedir ayuda, la analista no estaba, pero una colega la contacta y se resuelve la situación. A partir de este episodio, la madre consiente que Juan se vaya a vivir con el papá y que continúe la escolaridad en un colegio de esa zona. – “Vivió 8 años conmigo, que viva 8 años con el papá, cuando tenga 16 se volverá conmigo, no quiero que la adolescencia la pase con su papá porque es muy estricto”-. Desde el espacio terapéutico se sostiene esta decisión.

Se plantea a la cobertura médica la necesidad de que evalúen la excepción de sostener un tratamiento conjunto, entre zona norte y zona sur. La psicopedagoga será de zona norte y tendrá contacto con la escuela. La mamá comienza a viajar en la semana y disponer del fin semana para estar con su hijo sin necesidad de sostener -“esas estructuras que no le convencen”-. El papá logra conectarse con su hijo desde otro lugar a partir de que Juan le dice -“quiero ser un Game man” -baja su exigencia en relación a lo académico, consiente que su hijo juegue a la play, pero no solamente, ya no le propone espacios de competición sino que lo inscribe en un taller de fabricación de juegos con material reciclado, la rigidez comienza a ceder. Juan dirá que en su casa está mucho mejor, ya no llora, puede dormir con la luz apagada, hace la tarea, aunque sigue jugando mucho a la play.

En el material clínico, una de las cuestiones que destaco de “este tratamiento”,  es que puedo afirmar que prácticamente la totalidad de las intervenciones que tienen efecto de alivio y permiten movimientos sustanciales en las posiciones subjetivas de los padres y del niño, se realizan fuera del consultorio. Entendiendo por consultorio, un espacio físico, con encuadre establecido y regulado por la cobertura de salud, autorizado para un niño.

Consentir esta otra modalidad de intervención permitió, por un lado alojar no solo al niño, sino también a sus padres, fundamentalmente a la mamá y así poder operar en situaciones disruptivas en lo cotidiano que se precipitaban en el momento que se presenta eso “no simbolizable, eso que no cede a los universales y a las normas”.

Notas bibliográficas

  • (1) Presentación a las Primeras Jornadas de la Nel Guayaquil 2017. Ricaurte, Ana. Inédito
  • (2) El Analista Ciudadano en Psicoanálisis y Salud Mental, Laurent Eric, (2000) pag. 114, 116.
  • (3) La institución la regla y lo particular en Psicoanálisis y Salud Mental, Laurent Eric, (2000) 140.
  • (4) La condición femenina. Barros Marcelo, (2011) pag. 116

 

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