Histeria y feminidad en la primera enseñanza de Lacan – Silvia Tendlarz

Al pedido del blog de la sede, Silvia Tendlarz nos ha enviado el texto “Histeria y feminidad en la primera enseñanza de Lacan”. Hemos tomado algunos fragmentos para su publicación, con la seguridad de que enriquecen el trabajo en curso en la sede, como preparación para su Primera Jornada: “¿Qué quiere una mujer? Los tratamientos de lo femenino. El psicoanálisis y otros discursos” Agradecemos a Silvia su amable contribución.

“… Lacan encara la temática de la sexualidad femenina es en relación al caso Dora en el Seminario 3… Aquí la histeria y la feminidad quedan diferenciadas: la histeria recurre a la identificación viril para responder a su pregunta acerca de qué es una mujer; en cambio, el volverse mujer no supone de ninguna manera este tipo de identificación, de allí que Lacan señale que volverse mujer y preguntarse qué es son dos cosas diferentes y opuestas. ¿Cómo se situaría entonces un sujeto histérico en relación a la feminidad?

… A partir de la inclusión del falo como significante del deseo, Lacan retoma el análisis del caso Dora desde otra perspectiva. La Sra. K es el objeto de deseo de Dora por ser el objeto de deseo del padre. Lacan muestra entonces cómo en el grafo del deseo la histérica se detiene en la identificación viril con las insignias del Otro a nivel de lo imaginario, en una puesta en escena fantasmática, para sostener el deseo del Otro –situado en el S(A) barrado-. De esta manera, el punto central de la identificación viril se mantiene pero se articula a la incidencia enigmática del deseo y a su acción como sostén del deseo del Otro.

… En esta misma época, Lacan introduce la dialéctica fálica del ser y el tener el falo en el tratamiento de la relación entre los sexos…

… En las mujeres el amor y el deseo convergen sobre el mismo objeto. Predomina “hacerse amar y desear” por lo que “no es” para obtener el falo añorado puesto que a través de la metáfora del amor reciben el falo que les falta. Esta demanda de ser el falo las vuelve más dependientes de los signos de amor del partenaire, y hace emerger un matiz erotómano en el que se enfatiza el hacerse amar, diferente al amor fetichista del hombre…

… en cuanto a la relación con el hombre Lacan indica: “El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma como lo es para él”…

… El relevo del hombre, su mediación, le permite a la mujer alcanzar la alteridad radical que representa su feminidad. El obstáculo histérico, dice Laurent, es que al hacerse el sujeto idéntico al hombre, no hay manera de alcanzar al Otro o la remisión al padre muerto puesto que el sujeto ya es el Uno fálico. La variante del sujeto histérico es que sólo logra efectuar la estructura normal del relevo a condición de introducir a la otra mujer en lugar de volverse Otro para sí misma. En lugar de interrogar el misterio de la posición femenina, su propia alteridad, con la ayuda del hombre en posición fálica, la histérica lo interroga con la mujer que es convocada. No usa al hombre como relevo para abordar el Otro goce sino que interroga con el Uno fálico a la Otra mujer.

En la feminidad la elección del hombre recae sobre la imagen paterna o el hombre que pueda amarla (que entrega su castración), y al hacerlo guarda siempre su dirección al Otro. En la histeria, su posición frente al deseo hace que la castración del amante o la del padre idealizado sea una expresión de su lugar de excepción con el que enaltece su identificación fálica. Ser única para un hombre (feminidad) no es equivalente a ser la única (que remite a la excepcionalidad buscada en la histeria)…

“En la posición femenina el sujeto debe soportar también ser falicizado –porque no tiene otra opción-, esto es lo que soporta el fantasma $ à a. Si se quiere, es el operador fálico el que circula entre los dos términos del fantasma, el que lo soporta. La mascarada femenina se presenta en ese lugar fálico para encontrar una inserción en el fantasma del hombre. Y sin embargo, para que el sujeto realice realmente su posición es preciso que no se adhiera a esa identificación imaginaria. De allí la paradoja de lo que se le pide en nombre del fantasma: por un lado, presentar el valor fálico, la mascarada, y a la vez, no creer en ella, no ser embaucado por el semblante mismo que debe ser presentado. He aquí toda la dificultad de la realización de la posición femenina, el famoso “saber operar con nada”, poder calcular su lugar, hacerse, en efecto, el Otro para un hombre, simbólicamente, sin adherencia la imaginario del Uno”.

…en la feminidad el lugar del falo no está encarnado, por lo que Lacan indica que la mujer “sabe dónde está eso y sabe dónde ha de ir a buscarlo, al padre y se dirige hacia quien lo tiene”. Ella no es el falo, sino que guarda su dirección al hombre e intenta captar su deseo a través del parecer serlo. La identificación viril de la histérica oculta la castración imaginaria; en cambio, la feminidad toma como punto de partida su modo particular de tratamiento de la falta…

Extracción realizada por Mónica  Febres-Cordero

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