XVIII Seminario del INES: “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”

BOLETÍN #5
XVIII Seminario del INES
“Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”

En este número 5 del Boletín Correo del INES cambiamos el formato de lo que veníamos haciendo. En esta oportunidad encontrarán la entrevista que Susana Dicker ha realizado a nuestro colega y amigo José Fernando Velásquez.

Son cuatro preguntas que Susana le dirige a José Fernando, preguntas que giran en torno al texto que trabajaremos en octubre en México, y cuatro respuestas que estamos seguros que contribuirán a nuestra preparación para el seminario del INES.

Fernando Gómez Smith
1-En “Ideas directivas para un Congreso sobre la sexualidad femenina”, Lacan encontrará la ocasión para abordar el tema desde un ángulo crítico, en particular dirigido a los psicoanalistas pos freudianos. Subraya el callejón sin salida científico en la manera de abordar lo real y se dirige a los psicoanalistas para decirles que espera que no olviden que su método nació precisamente de un callejón sin salida semejante.

¿Cuál pensaría ud. qué es la vía que Lacan encontró, respecto al tema de la sexualidad femenina, para no quedarse encerrado en ese callejón sin salida?

José Fernando Velásquez: Me sirvo de una noción lacaniana, la de “posición sexuada” con la cual Lacan sale del sistema de la significación, la del género, la de los estereotipos fenoménicos, y con la cual da cuenta de los efectos de goce de un parlêtre. Esa es una manera de leer la investigación lacaniana después del seminario XX, en “El atolondradicho” y en particular en “Televisión”, pero que se anticipa en “la Alocución sobre las psicosis del niño”, en la que aborda la pregunta por la mujer y lo femenino por fuera de la lógica fálica y por fuera del síntoma histérico que tiene relación con el Padre, el que tanto atrapó a Freud. El síntoma pasa entonces a ser una experiencia de goce y un acontecimiento de cuerpo de goce y no del Otro.

Hay dos posiciones sexuadas, que coexisten en un parlêtre: una es la del falo, y una segunda: “la presencia del sexo como tal (…) en el sentido en que el ser hablante lo presenta como femenino”. Esta segunda posición da cuenta de Otro goce, heterogéneo y no complementario del goce fálico.

Medea fue capaz de matar a sus propios hijos; Madeleine quemó las preciadas cartas de su marido; estos dos ejemplos clásicos dan cuenta que, en la posición femenina, elparlêtre no le “teme” a la falta, se desembaraza fácil del “tener”, sin que eso dé cuenta de ningún masoquismo; es decir, todo lo contrario a lo que sucede si el parlêtre está en posición fálica.

No toda la existencia se relaciona con la castración. Este es un punto de partida para la práctica lacaniana, que revoluciona la clínica psicoanalítica, principalmente aquella que se practicaba en la IPA, principalmente, la de la orientación post freudiana, en la que lo certero era el goce fálico. En estos últimos años de enseñanza, para Lacan el goce femenino es el punto de certidumbre sobre el cual habrá que concebir una lógica que articule lo imposible, lo real.

Además, nos permitió a los psicoanalistas un saber hacer con el parlêtre analizante del siglo XXI, quien no se apoya como en la modernidad, en los emblemas fálicos, sino que exhibe la feminización de su posición sin reservas.

Es una labor del análisis tratar de precisar qué posición toma el ser hablante respecto de aquella división sexuada.

2- Lacan no retrocede en su crítica, y se acerca a puntos donde teoría y práctica se anudan, incluso donde se pone en juego la ética del analista. Llega a decir que “si el análisis, en efecto, ha llegado al punto de tragarse su propio vómito tolerando que en su orbe se confundan angustia y miedo, hay aquí una ocasión de distinguir entre inconsciente y prejuicio, en cuanto a los efectos del significante. Y de reconocer a la vez que el analista está tan expuesto como cualquier otro a un prejuicio sobre el sexo, fuera de lo que descubre el inconsciente”. Como psicoanalista que orienta su práctica de acuerdo con la enseñanza de Lacan, ¿qué le interesaría decirnos al respecto?

José Fernando Velásquez: Los prejuicios son causa de extravíos habituales.

Uno de ellos es que el psicoanálisis pueda emitir verdades sobre el sexo. El psicoanálisis permite acercarse, aceptando una cierta dificultad, un imposible de cernir, respecto a los temas del sexo y la mujer.

En los dichos comunes habría cosas de hombres y cosas de mujeres, conductas típicas en cada uno de los casos, generalizaciones empíricas que, luego, terminan funcionando como pautas normativas. ¡Que los hombres son todos brutos y las mujeres están un poco locas!, es uno de los prejuicios más comunes sobre los géneros.

El otro gran prejuicio para la práctica analítica es suponer que todo se descifra según el goce fálico. Es una lectura machista que el feminismo ha criticado a ese psicoanálisis post freudiano, y con razón.

Pero hay un prejuicio en el que Lacan se detuvo, el cual no tiene un semblante propiamente sexual, pero que si tiene bastantes implicaciones en la vida sexual delparlêtre: el de la supuesta armonía con lo materno. Definitivamente la madre no es el modelo de lo femenino, esto lo argumenta toda la última enseñanza lacaniana. La verdadera mujer no es la madre, la que tiene, ser donde se asientan los apegos y donde la teoría freudiana y post freudiana se apoyaba.

De allí, Lacan da un salto, pasa a tachar cualquier otra armonía sexual: No existe la relación sexual, y ello tiene implicaciones para un parlêtre niño, adulto, hombre o mujer, y su correlato: “El goce total es imposible, es siempre parcial”. Lacan con ese enunciado, “la relación sexual no existe”, supo herir al ser humano tanto como Copérnico (la tierra no es el centro del universo), Darwin (el ser humano es un animal más) y Freud (No somos dueños de nosotros mismos).

En lugar de ir prejuiciosamente a taponar ese real, el analista debe interrogarse ¿Cómo elparlêtre, uno por uno, se las arregla con esa nueva herida narcisista que agujerea su existencia? ¿Cómo es que cada uno hace algo con ese “no hay”?, ¿Cómo adopta una posición hetero?

3-En esta conferencia, Lacan aborda síntomas íntimamente ligados a la sexualidad femenina, desde el vaginismo y la frigidez al llamado masoquismo femenino y la homosexualidad femenina. Y plantea los alcances del análisis al respecto y su singularidad sostenida en la transferencia. Desde 1958 a la actualidad ¿qué piensa que ha cambiado y qué se mantiene?

José Fernando Velásquez: Debemos cuidarnos y hacer una distinción entre el enfoque psicoanalítico y la perspectiva psicopatológica. El analista no se ocupa propiamente del síntoma en la dimensión psicopatológica sino de los rasgos singulares que dejan el lenguaje, la imagen y el goce en el parlêtre. Muchos de los síntomas de la sexualidad femenina pueden abordarse y modificarse desde esas dimensiones, pero ello como efecto colateral y no como propósito terapéutico.

Lacan y el psicoanálisis de su orientación se distancian de responder a la demanda por lo terapéutico. En este orden de ideas, colmar esta demanda es reacomodar el Padre, (lo psicopatológico volverlo “normal”, nor-male/ “la norma macho”, es decir, por la vía fálica) y no ir más allá de él.

Pienso además que plantear la psicopatología de la sexualidad femenina es situar la cuestión a nivel del deseo histérico. El peligro es quedarse solo en esa dimensión y no ir más allá de ella, a la verdadera posición femenina y con ella, lo real, lo imposible.

Más allá de la psicopatología sexual femenina, en las últimas formulaciones lacanianas se sitúa a la mujer como síntoma de otro cuerpo, incluso del propio cuerpo de goce de la mujer. Apoyado en ello, Laurent afirma: “una mujer es un síntoma a descifrar en una lengua particular”. Así, “La mujer – Síntoma” es una llave que nos permite hacer una lectura de la civilización actual y de los sujetos que en ella están inscritos, aún sin el Nombre-del-Padre, sin la garantía del falo.

Cuando un sujeto considera que el goce femenino es un enigma a descifrar, entonces adopta una posición hetero. Es por eso que Lacan dice: “Llamamos heterosexual por definición a lo que ama a las mujeres cualquiera sea su propio sexo”.  Es por el amor que se asume eso femenino.

4-Este texto contiene una frase de Lacan que es muy repetida, tanto en las producciones de los analistas lacanianos como en dispositivos de trabajo: “El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él”… El que sea repetida no la hace menos enigmática. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Una primera aproximación podría plantearse a partir de la noción de privación: La idea de la privación hace pensar en algo que no es del registro del tener y de lo que no se puede demandar. Al parlêtre en posición femenina sólo le interesa gozar de su existencia, una por una, y el partenaire le sirve de alteridad; no busca, como la histérica, “insatisfacer” al Otro y así darle consistencia a su ser deseante.

El goce que ese Otro en posición de alteridad, obtiene de una mujer, la divide. Es decir que el goce del partenaire viene al lugar de la causa del deseo de ella y la extrae de la posición puramente femenina. El lugar que ella captura, lo que ella provoca como falta en el deseo del Otro, la fija en una escena: el fantasma.

Pero no toda la dimensión de goce queda tramitada por esa vía, poco o mucho escapa, según ciertas circunstancias. Es una advertencia al hombre, las salidas prejuiciosas no escatiman en alcanzar el fracaso o la tragedia: 1) El acto de traición de Jasón con “la otra mujer” sirvió para que, de la Medea madre surgiera esa Otra que no tiene punto de detención. Haberla hecho madre entonces no fue ninguna garantía. 2) Tampoco el depender de ella, demandarle en su lengua, tal como en una relación anaclítica, como Gide con Madeleine. Porque hacerla la Diosa blanca, la de la omnipotencia, es distanciarla de la mujer que en ella hay y hacerla una Madre.

El deseo femenino debe ser preservado. Ese deseo no surge porque ella no tiene, sino porque ella da eso que no tiene, el amor. La inconsistencia y las contradicciones refrendan en el día a día la inexistencia de la relación sexual, desde esa dimensión femenina del goce que dinamiza el encuentro, a pesar de su constante significación de amenaza. La posición histérica es en sí misma una defensa respecto a la feminidad, que impide captar lo que hay de radicalmente Otro en una mujer.

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1-    Lacan, J. “Discurso de clausura…” El Analiticón 3, Barcelona Ed. Correo Paradiso, 1987
2-    Miller, J-A. “Medea a medio decir”. En: El psicoanálisis. ELP. Dossier Mujeres, Un interrogante para el psicoanálisis. #29, 2016. Pág. 36.
3-    Lacan, J. Seminario RSI. y en “Joyce el síntoma II”.
4-      Laurent. E. Conferencia: “Las Mujeres, entre semblantes y síntomas”, reseña. blog.elp.org.es.
5-    Lacan, J. “El atolondradicho”. En: Otros Escritos. Paidós. Pág. 467.

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