Sin voluntad, sin voz

Por: Miguel De la Rosa

Enfermos, adictos, dopados. Tan solo en Guayaquil, existen 24 clínicas de rehabilitación, avaladas por el MSP, para el tratamiento de sujetos consumidores de sustancias. Sin contar aquellas clandestinas, que si bien clausuran, vuelven a funcionar o más bien, mal funcionar. Haré mención a una noticia, que resalta el testimonio de un sujeto internado en una de estas clínicas, suceso de hace dos años, que no deja de ser actual y concernirnos. Tocaré algunos puntos de la entrevista, planteándome preguntas que han movilizado mi deseo de trabajo; con el fin de hacer una coyuntura entre lo social y el psicoanálsiis.

1.    La voluntad. Tanto los entrevistadores, como aquel sujeto, insisten en el internamiento “en contra de su voluntad”. Si bien, voluntad no equivale a deseo, debemos tener en cuenta una perspectiva: el goce del consumo atiborra la falta que encauza el deseo. ¿Cómo podría implicarse en el tratamiento, un sujeto que acude en contra de su voluntad?

2.    La voz. El privilegio de la voz. “Cuando uno está interno pierde la voz”, dice. No solo la voz, sino su condición como sujeto de derecho. Un cuerpo maltr-atado, drogado y subjetivamente cercenado. Ante la nula consideración del sujeto como tal, quisiera hacer mención a la perspectiva que tiene el psicoanálisis por la palabra, “[…] el psicoanálisis le devolvió, y lo hace en todo momento, la dignidad a la palabra, y a lo que ésta es capaz de inventar.” (Salamone, 2018) Quisiera anudar esta perspectiva con el punto a continuación.

3.    Un tratamiento para toda la vida. Los psicólogos de la entrevista hablan de un tratamiento individual… ¿Individual? Pero, a nivel del MSP, no sin lo colectivo de los protocolos; protocolos que apuntan a rehabilitar su “buen juicio”. La consideración “para toda la vida”, a  la que aquel psicólogo refiere, difiere de la propuesta de la posición de analizante permanente que sostenemos en la Escuela; es una consideración en minusvalía, como señala Miller sobre “lo imposible de soportar para el cuerpo social”. (1998, p. 164) ¿En qué medida podemos alojar a un sujeto y devolverle la dignidad a su palabra, aun cuando esta se encuentra acallada por el tóxico del cual goza y decolora los surcos de su deseo?

En este escenario, plagado de clínicas que reducen lo humano a la cifra, no a la cifra estadística de manuales psiquiátricos, sino la cifra de la salud mental como negocio,  ¿cómo hacer existir el psicoanálisis? ¿De qué modo, hacer vibrar el campo social, a un sujeto, con la voz de nuestra ética?

Estaremos trabajando para ello…

Dejo el enlace de aquella noticia a continuación:

http://www.rts.com.ec/actualidad/cicatrices–hombre-vivio-un-infierno-en-un-centro-de-rehabilitacion-23777

Bibliografía

Miller, J. (1998). Psicoanálisis y psiquiatría. En Elucidación de Lacan: Charlas brasileñas (pág. 164). Buenos Aires: Paidós.

Salamone, L. (2018). El inconsciente es poesía. Obtenido de Lecturas de psicoanálisis lacaniano: https://ldsalamone.blogspot.com/2018/10/prologo-el-inconsciente-es-poesia.html?fbclid=IwAR179rkDiw4Ug2F1Q6p_1ez-XSkou1zX0rGe4beYebpXDKy8b8C1-q0aeIc

 

 

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