Conversación política con Marcus A. Vieira y María Cristina Giraldo durante la Primera Jornadade la NEL en Guayaquil

“El AE y los momentos subjetivos de una sede”

Transcripción de la conversación y título de la misma: Mónica Febres Cordero de Espinel

 En el marco de la Primera Jornada de la Nel Guayaquil “Qué quiere una mujer?” en octubre del 2017, se dio la conversación política con Marcus Vieira y María Cristina Giraldo. Es relevante recordarla, ahora que se inicia con el 2019 una etapa de trabajo para la sede. Significa además reflexionar de qué manera las enseñanzas de los AE tienen que ver con los momentos subjetivos de una sede.

Durante la conversación, Marcus Vieira dijo que la Escuela que hace funcionar el pase y sostiene una política respecto al mismo, conduce a la pregunta sobre el no todo. Punto en el que aparece el significante de la mujer, de lo femenino. Citó a Monribot: “Se trata de construir una mujer”. Aludió a la mujer en fuga, como lo había dicho María Cristina Giraldo en su testimonio durante las Jornadas y advirtió sobre el peligro de que se apague ese espacio vacío, que es el no todo en la Escuela. Vacío que llama a la invención, a la contingencia.

Una Escuela del pase implica mostrar cómo se produce el analista de la Escuela. En ella, tanto el analizante como el analista están en el lugar de lo femenino. Un AE sigue analizándose en tanto no se sabe el nombre que va a nombrar lo real de su inconsciente ahora. Quien ha terminado su análisis conoce un cierto número de nombres para lo real de su fantasma, pero nunca va a conocerlos todos, sostuvo Marcus. Conoce lo suficiente pero no todo el goce que está contenido en el fantasma: tiene que ser nombrado de una manera nueva, cada vez. Y este nuevo nombre depende de la contingencia de los encuentros.

María Cristina Giraldo, por su parte, intervino y dijo que la mujer no se puede decir, hay que inventarla. Su experiencia como AE ha sido evitar que lo femenino quede cubierto por la sombra. En efecto, hay un agujero que permite inventar a la Escuela, como se inventa a la mujer. Tampoco se sabe qué es un analista, AE o AME. Es en la contingencia, en la invención y en la práctica en donde se pondrá en acto lo analítico.

En otra intervención Marcus Vieira dijo que el lazo femenino en una institución es una paradoja; sin embargo se puede trabajar hacia eso que es lo femenino. Dispositivos como el pase lo colocan en el centro, pero cada vez de otra manera. Lo que cada uno es, se extrae de los testimonios porque en un testimonio se apuesta a que hay algo ahí que decir y que eso va a nombrar un real. Tal como sucede en una sesión de análisis, en la cual algo será nombrado, pero ese no es el nombre último de lo real. Durante un análisis, cada vez que un nombre de goce llega, éste se encadena con otros, y el analizante sigue hablando. La diferencia es que, al final, un cierto número de nombres no se encadenan más. La pregunta sobre qué fue el analista, añadió, es una pregunta abierta, cada vez hay que decirlo de otra manera. Es la contingencia de los nombres de goce.

La diferencia entre el analizante y el AE es la buena lectura, propuso Marcus. El analizante va a análisis para descubrir las palabras de su goce. Espera un nombre para su goce que vendrá del conjunto de nombres del inconsciente. Sin embargo, el último nombre no va a venir. Es en ese momento que la posición femenina es compatible con nombres nuevos, es ese el efecto no todo. Se continúa en análisis porque necesita nombres de goce nuevos, no puede quedarse con los de siempre. Sin embargo, los nuevos nombres vendrán, no del inconsciente, sino de la ciudad, de los colegas, del AE eventualmente. Como en esta Conversación, en la que este nombre podría venir de un AE o de la Presidenta de la Nel… un nombre que nombre el sinthome del lugar. Para ello es necesario que el conjunto local acepte ser no-todo y acepte ser nombrado desde afuera (itálicas nuestras).

El vacío, como lo indecible de lo femenino, da lugar a lo nuevo, a la invención en la vida de la Escuela. Una Escuela que, siendo la misma, pueda ser distinta cada vez. Cada vez que sea posible reinventarse. Y podemos concebir en la formación del analista y en la vida de la Escuela un punto de fuga, así como también el consentimiento a ser nombrada por un éxtimo en un punto de detención, de goce.

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