Presentación de libro – Sin agujero: tratamiento posible del autismo y de la psicosis en la infancia y adolescencia de Miguel Furman

Presentación de libro: Sin agujero: tratamiento posible del autismo y de la psicosis en la infancia y adolescencia de Miguel Furman, llevado a cabo el jueves 17 de noviembre de 2019

Miguel De la Rosa

Laurent nos dice que la clínica con niños nos invita a salir del acartonamiento clásico de la clínica con adultos, en tanto resulta indispensable desplegar un espacio para la invención. Por ello, considero de suma relevancia para la formación de clínicos y analistas interesados en el trabajo decidido con el autismo y la psicosis infantil, la lectura de este libro.

Realizaré un recorrido de algunos de los tópicos que nos oferta el autor.

El libro de Miguel, inicia con un recorrido histórico de las nociones de autismo y psicosis en la infancia. En este recorrido podremos comprender los modos de intervención psiquiátricos y de las TCC en oposición a la ética de la práctica analítica; estas prácticas tal como las nomina el autor “anulan el acto de decidir y juzgar del practicante, de un modo que no sea universal y automático”. El psicoanálisis es una práctica que humaniza al sujeto, no por la vía pedagógica de inserción social como se intentó con el niño de Aveyrón, caso que Miguel expone en este libro, sino a partir de comprender y relacionar los modos en que un sujeto se las arregla con la angustia y sus síntomas, la estructura que subyace al fenómeno clínico y como este se despliega en transferencia.

Miguel nos trae a partir de Freud, la lectura que hace Da Vinci sobre la labor del pintor y el escultor, podemos asemejar la operación del analista a la de este último (el escultor), en tanto aquel “no busca agregar algo nuevo, sino extraer…”. Aquello debemos entenderlo en dos vías: extracción del sentido de los síntomas, apuntando al significante; y a la extracción de objeto, es decir apuntar a lo pulsional del síntoma; cuestiones que además debemos leer a partir de la formulación de los tres registros: real, imaginario y simbólico.

Para ello, el libro nos guía hacia un acápite sobre la construcción de lo imaginario a partir de la constitución de la imagen en el Estadio Espejo. Desde allí es necesario entender que al asumir la identificación a la imagen completa, esta opera como velo del cuerpo fragmentado: un cuerpo habitado por la pulsión. Miguel nos recuerda que el sujeto neurótico al estar identificado a esta imagen, se percibe como una esfera sin agujero, pero en realidad, su estructura debe ser representada por la figura del toro.

En el autismo podemos pensar al sujeto como una esfera sin agujero, sujeto en el cual no se suscitó la operación de extracción de objeto; por ende, al autista está afectado por la forclusión del agujero imaginario-simbólico, tal como Laurent lo teoriza. Esto tiene como consecuencia que el autista confunda su yo con el otro y con los objetos; objetos que de hecho debemos entender con una especial función. Es a partir de ellos, los objetos, que el autista puede construir un neoborde con el cual se defiende del encuentro con el Otro y además, puede suplir la falta de tenencia del cuerpo.

El autista al carecer de recursos imaginarios y simbólicos, solo cuenta con lo real para hacer frente a lo real; el trabajo del analista nos sugiere Miguel, debe darse con ese mismo material real. El analista entonces acompañará al autista a la conformación de un neoborde dinámico, que permita el desplazamiento metonímico de objetos: es por esto que Laurent denomina la clínica del autismo como clínica del circuito. La función del doble, los islotes de competencia (o habilidades específicas), así como la iteración de movimientos o palabras son recursos que el autista construye para localizar y extraer algo del goce que se le presenta sin la mediación imaginario-simbólica. Estos fenómenos clínicos así como los modos posibles de intervención psicoanalíticos, los podemos encontrar en la presentación de casos clínicos: tanto el de Dick, el de Roberto de Rosine Lefort, como en el los niños atendidos por el autor.

Casi al final del libro Miguel nos permite repensar la relación del psicoanálisis con la psiquiatría, no como prácticas opuestas como se suele afirmar, sino que podrían complementarse en momentos claves del tratamiento de un sujeto. “Es el psiquiatra y no la psiquiatría el que se opone al psicoanálisis”; pues la administración de fármacos podría ayudar, por un tiempo, a “limitar el efecto mortífero” de la irrupción de goce.

Es así que a lo largo de este libro, Miguel nos muestra varias aristas del tratamiento analítico posible con autistas y psicóticos, tratamiento que como dice Laurent, no se efectúa desde una escucha pasiva, sino del lado de la presencia, presencia que permitirá lograr una cierta estabilización.

La lectura de este libro provocó en mí el entusiasmo de continuar leyendo e investigando sobre este tema, además de, una vez más, la confirmación de mi deseo por el trabajo clínico a partir de la ética del psicoanálisis. Los invito a leer la puesta en acto del deseo de Miguel por la clínica con autistas y psicóticos.

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