Lo irremediable

Por: Francisco Maquilón Herrera

En estos días, muchas personas han fallecido a causa del COVID-19. Vemos instituciones de salud colapsadas, conglomeración de cadáveres, ciudadanos que no encuentran a su familiar, cadáveres apilados en contenedores, y un sin número de burocracias para retirar los certificados de defunción y sepultar a estos cadáveres; también cuerpos en las calles envueltos en mantas, fundas de basura. La muerte anda suelta y se queda en las calles de Guayaquil.
La salud pública está hecha mercancía. Dejan a los ciudadanos librados a la competencia salvaje y a un darwinismo social: son los mismos familiares quienes deben buscar a sus muertos en los contenedores. El vicepresidente pide disculpas en cadena nacional a la ciudadanía por el deterioro de la imagen a nivel internacional. Byung-Chul Han dice en su libro La sociedad de la transparencia que “solo lo muerto es totalmente transparente”. Estas disculpas me recuerdan las palabras de Nietzsche en El eterno retorno: no hay excusas que valga. Nada te será perdonado. Los cuerpos parten y se parten, es una época con las vidas partidas.
Debemos recordar sobre los efectos que la muerte tiene sobre la psique. Es necesario poder subjetivar la muerte. Freud se refería a la muerte como un espacio irrepresentable: una realidad que para el hombre es imposible de detallar y que, como tal, no tiene inscripción psíquica. Freud evidenció la realidad que pone al hombre frente a la noción de muerte, la propia y la ajena.

En su texto De guerra y de muerte afirma que la muerte ya no podía desmentirse y lo cual lo podemos constatar en nuestro país cuando el presidente y vice, indicaban el número de fallecidos y solicitando no creer a la información que se encuentra en redes sociales. Obviamente debió a que en el país no se tiene los reactivos necesarios para las pruebas del COVID-19, entonces los paciente que llegan con sintomatología respiratoria y fallecen antes de realizar la prueba los registran con el diagnóstico de Neumonía viral no especificada y no ingresan al dato estadístico de fallecidos por el virus.

El espacio de la muerte se ha desplazado de lo privado a lo público. Vemos rituales en las calles para incinerar a sus familiares. Ya no se vela en privado, sino en las calles. Cuando algo se intenta ocultar y no decirse, siempre retorna de otra manera y ese retorno generalmente es sintomático.

Debemos recordar la enseñanza de Lacan al decir que la humanidad del hombre aparece con la tumba. La sepultura es lo que hace hombre al hombre. Con los cadáveres en las calles vemos la máxima expresión de la ausencia del Otro. Lo cual nos ha hecho cambiar nuestra forma de estar y experimentar el mundo, teniendo consecuencias impensadas, provocando cambios en todas las esferas, en nuestra manera de morir y despedir a nuestros muertos.

Bibliografía
Freud, S. (1915). Contribuccion a la historia del movimiento psicoanalitico. Amorrortu.
Byung-Chul Han (2018). la sociedad de la trasparencia . Herder.
Nietzsche, F. (1882). La gaya ciencia. Literatura Universal.

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