El estado salubrista y la presencia del analista

Por: Antonio Aguirre Fuentes

Efectivamente hay que atender lo que estamos viviendo. Escribí algo y puse la alerta en el ascenso de un estatismo salubrista y policíaco, vigilante y castigador. Están al día, espían las redes sociales, rastrean con GPS a los celulares para multar a los que desobedecen el toque de queda. Nos anuncian restricciones irreversibles. Es la cara oscura del “estado del buen vivir”. Grandes argumentos para reducir al mínimo las libertades personales, a las que los apologistas del estatismo, califican como individualismo. ¿Terror de los aterrados?

¿No es esto algo inquietante ?  No comparto el entusiasmo de algún colega que se maravilla de la respuesta que ha encontrado por internet: se conectan 100, y ya verán si pueden conectarse más.

Teletrabajo, telepsicoanálisis, psicoanálisis virtual. Lo entiendo y hasta lo practico en algunos casos. Pero el psicoanálisis es otra cosa, no se confunde con una intervención momentánea. No es una psicoterapia virtual tampoco.

¿De qué nuevo lazo hablamos? El discurso es el lazo social. ¿Cuál nuevo lazo entonces? Hay aplicaciones del lazo psicoanalítico, “variantes de la cura tipo”, aplicaciones terapéuticas. Pero son los otros discursos los que se pondrán al día en los artilugios: telecontrol, clases virtuales al por mayor, periodismo alarmista histérico.

Lacan alude a un “amor más digno” en la Nota Italiana, siendo este el que se halla en el análisis. Y cuando en el seminario 20 menciona el diván, la cama, es para decir que acostado se hablan cosas que importan y que no son sólo  las del “amor” sexual.

La entrevista a Miller lo manifiesta muy claro: mientras más artefactos, más valiosa será la presencia del analista y del analizante. Porque la presencia del analista sostiene lo que es inanalizable, ese resto que no sólo es mirada o voz, sino ese “cuerpo presente”, que está vivo. La comunicación electrónica no es una novedad, el último grito de la tecnología. Está desde que McLuhan proclamó que “el medio es el mensaje”. Y no olvidemos -se lo mencionó en una entrevista- a Jean – no Jacques- Cocteau y su monólogo La Voz Humana, estrenado en 1930. Es el mensaje de la ciencia. Para los analistas “el medio-decir” es el mensaje. De todos modos, algunos se regodean disertando sobre los viejos, el padre y la novedad fascinante de la tecnología. Van con la ola.

Miquel Bassols, en la entrevista que le hace L.D. Salamone, señala que el análisis por internet le parece muy fácil. Recuerda las dificultades, el tiempo real necesario, para acudir a una sesión. Con internet, basta con apretar un botoncito. Leyendo el “Proyecto de una psicología” de Freud encontramos la diferencia entre el principio de placer (se pulsa el botoncito y aparece el objeto “virtual”) y el principio de realidad ( ir al encuentro con un analista presente). Nada es tan nuevo como lo que puede acontecer en una sesión real de psicoanálisis.

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