Verdad, causa y responsabilidad

27/06/2020

Por: Gabriela Játiva Moyano

Miller se pregunta en el Banquete de los analistas ¿qué es lo que se aprende en un análisis?, la respuesta viene unas líneas más abajo en el mismo párrafo: “Se aprende a hablar” (1), ergo, resuenan las preguntas: ¿qué se deja caer en un análisis para poder hacerlo? ¿qué es lo que encuentra, en el trabajo analítico, un analizante que faculte ese bien decir?

En el seminario 1, Lacan retoma la identifizierung a través de la metáfora freudiana sobre las capas de la cebolla: “el yo está formado por la sucesión de las identificaciones con los objetos amados que le permitieron adquirir su forma” (2), se puede pensar entonces que lo que cae, lo que se desprende para un analizante en algún momento de la experiencia analítica, son esas imagos constitutivas que conformaron los ideales-amarras con los que un sujeto camina.

Las identificaciones, correlativas a una constitución psíquica primigenia, “(…) las producidas a la edad más temprana” (3), en un análisis, corren un tratamiento de clivaje, hay la posibilidad de encontrar ése punto de inconsistencia, de fractura, en donde es posible hacer inconsistir y sentir la caída de los significantes que sostuvieron una vida.

Proscenio derrumbado, es detrás del telón donde está la nada, nada que circunscribe el encuentro con el lugar vacío, con la letanía de la falta, esa insoportable levedad, que podría nombrarse como el peso negativizado de una identificación que deja entrever lo que fue infranqueable: la soledad del ser, un sujeto sin garantías, temible verdad.

Sobre ésta soledad, Miller hace un recorrido en Torino en relación a la Escuela/sujeto propuesta en el 2000, en donde lanza “a cada uno de los miembros de la comunidad a su propia soledad, a la soledad de su relación con el Ideal”(4), es entonces posible pensar, también, de ésta soledad subjetiva que se  ve develada en el trabajo analítico, la responsabilidad con su causa, aquella que se descubre, probablemente, mientras se atraviesa la senda de un análisis, aquella que concierne al ser del sujeto y que, como bien precisa Miller en éste último texto, lo hace  “como un sujeto que está en relación con un Ideal” y ya no obturado bajo el peso muerto de las identificaciones.

Verdad, causa y responsabilidad, significantes que permiten pensar la pregunta realizada por Lacan al final del seminario 7, a saber: “¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?” (5), sintiendo caer los S1, saltando al pozo fecundo de la falta, encontrando el silencio del sinsentido; pregunta que se responde no sin mirar atrás, pues la respuesta se construye a una suerte de après coup, en esa apuesta (en el) presente por el psicoanálisis.

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