Notas preliminares hacia una conversación sobre psicoanálisis con niños

Notas preliminares hacia una conversación sobre psicoanálisis con niños

Un deseo de sostener la apuesta viva de las XI Jornadas de la NEL

… así de desvalido

Estoy yo cuando en mi amor pienso.

Izumi Shikibu (¿976-1025?)

Jessica Jara de Aguirre. NEL Guayaquil

  1. Ante lo insoportable, los psicoanalistas no somos especialistas.

Ante la suspensión de las Jornadas de la NEL que debían realizarse este octubre, por lo que podríamos llamar con veracidad “motivos de fuerza mayor” o siendo más específicos: una-peste-en-ciernes, Raquel Cors apuntó bien que lo real no produce tristeza; y en efecto, como nos enseñó Lacan en La Ética del Psicoanálisis y en Televisión: culpa y tristeza son índices de la renuncia al deseo.

Al traer este asunto a un “Viernes de Escuela” se encendió un deseo de no cerrar esa puerta que se estaba abriendo, en tanto que lo que leí desde el Argumento de las Jornadas, fue que ésta Jornada de la NEL: “Lo insoportable de la infancia” abría la puerta a dos “públicos”, dando cause a la convergencia de los participantes a las Jornadas y a los de la Semana del Autismo. Esta valiosa apuesta tendría efectos clínicos, éticos y políticos importantes. He allí mi insistencia de que a esta conversación sean invitados cartelizantes y participantes de los Observatorios de Infancias y Autismo. Aunque, lo cierto es que habemos aquí cartelizantes y colegas que han viajado a Bogotá a la Semana del Autismo, en ocasiones anteriores.

Eso a qué apunta sino a la confirmación de que los psicoanalistas no somos especialistas. Incluso en uno de los informes del Comité Acción de la Escuela Una se reprochan los controles “especializados” (2000). En esa vía, en “La incidencia del psicoanálisis con niños en el psicoanálisis con adultos”, Eric Laurent advierte que la especialización y la sub-especialización son perjudiciales para el conjunto del movimiento psicoanalítico y que “el esfuerzo por sostener el desafío de la práctica del psicoanálisis con niños implica empujar a todos los analistas a sostener a niños en análisis”. En lo epistémico, se apunta a que los conceptos en el psicoanálisis con adultos y psicóticos, no dejen de aplicarse al psicoanálisis con niños. Adquiere relieve entonces el por qué Lacan reprocha nunca haber escuchado el significante “goce” en las Jornadas sobre la Infancia Alienada[i].

En esta conversación, la de hoy, el concepto privilegiado será el amor, el amor y la transferencia; y se da en virtud de una transferencia de trabajo. Al respecto, creo oportuno recuperar lo que indica Miller sobre Rosine Lefort: “sin duda es importante que ella no lo cuida (al niño), no lo vigila, así que, naturalmente, el espacio que queda si ella no se ocupa de sus necesidades, es el amor”; así, Marta Berenger anota la orientación de Miller: “prescindir de la gratificación que podría dar a los intervinientes el colocarse en un lugar cercano al maternaje, al regodeo narcisista con el niño, prescindir de satisfacerse con la posición de ser el Otro de la dependencia amorosa”. Y, ¡ni hablar del capricho materno!

  1. Sexualidad femenina: Cuestión preliminar a todo tratamiento posible de los niños.

La reactualización de la pregunta: “¿Qué madre s/hoy?” (Jornadas de la NEL en México, 2018), cobra toda su importancia en este terreno. Laurent lo ha precisado: “Para Lacan, la investigación sobre la sexualidad femenina era la cuestión preliminar para todo tratamiento posible de los niños”. De ese modo, fue una interpretación la insistencia de Lacan a Françoise Dolto a que escribiera un artículo sobre la sexualidad femenina para la revista La Psychanalyse (que él dirigía). Asunto del que esa gran madre “adivina” no se ocupaba desde su tesis. La indicación de Lacan de silenciar en algo la fascinación del psicoanálisis hacia la madre, es para hacerla hablar y dar lugar a las paradojas de la sexualidad femenina. Y si el secreto de su seminario 5 es que aborda la sexualidad femenina, estamos invitados a releerlo con esa perspectiva.

Lacan en su retorno a Freud, analiza la teorización y la práctica de las mujeres en cuyas manos quedó el psicoanálisis[ii]. Lacan interroga a Melanie Klein del seminario 1 al seminario 7 (de lo que tengo más fresco por los cursos que llevamos en el CID). Lacan encuentra allí lo que podemos llamar un deseo reparador: una inyección de simbólico que permite a Dick acceder al “llamado”, lo que en efecto operó. En el seminario 7, Lacan se burla de las maravillas del psicoanálisis que “determinados trabajos gustosamente destacan, con una satisfacción algo ingenua”. Así, apunta que Klein se maravilla de que la obra de arte y los casos clínicos “peguen tan bien con la sucesión de los fantasmas del niño concernientes al cuerpo de la madre…”. En fin, son los fantasmas kleinianos los revelados en el análisis del niño. Esto último será dicho en el año 60.

Ahora bien, la conmemoración de los 40 años de la presencia de Lacan en Caracas me reintrodujo en la lectura de las Actas de la Reunión sobre la Enseñanza de Lacan y el Psicoanálisis en América Latina, y allí noto que aún en el año 80, Laurent se referirá a “Lo que Melanie sabía…”. Entonces, se aclara que la maravilla imaginaria que apuntamos, tapona la ausencia de relación sexual sobre la que Melanie no sabía. Entre la madre y el niño, dirá Laurent, no hay educación ni sublimación: hay relación sexual.

Sin embargo, el pequeño Richard la ubica como una analista y le confía dos pesadillas: La primera es que la reina de “Alicia en el país de las Maravillas”, la que corta cabezas, le pone un trapo con cloroformo en la nariz. La segunda es que un auto alemán con una matrícula que tiene muchos números se detiene a sus pies sin poder llevarlo a ninguna parte. Si hay dos pesadillas, entonces podemos anotar S1-S2.

En el análisis, Richard tiene otra pesadilla y se despierta en el sueño, va a buscar agua, apaga un fuego y la tierra se vuelve fértil. Laurent apunta que Richard no comparte la interpretación kleiniana de que la rivalidad entre hermanos sea el peor mal: Richard sabe que lo peor es que la madre no tenga palabras para simbolizar su deseo. Hay un último sueño del pequeño y al final de este tratamiento hay: disminución del síntoma, ninguna modificación en su fantasma y una toma de posición en relación a las mujeres, a la bella conductora.

De este modo, será valioso para mí seguir abordando la proximidad entre la posición femenina y la posición analítica.

  1. Estas jornadas me reconducen a las anteriores: Si lo femenino no sólo es asunto de mujeres, lo infans no es sólo asunto de niños.

Podría decir que esta conversación surgió de un desconcierto. Un desconcierto por la suspensión de nuestras Jornadas. Estas jornadas bianuales vendrían a cerrar para mí un círculo: Bogotá, Medellín, Lima, Guayaquil, México D.F., Bogotá. Pero, ahí surgió el recuerdo de que estuvimos el año pasado en Bogotá por las “I Enseñanzas del Pase de la Escuela Una de la NEL”, en una cita íntima con María Cristina Giraldo, Raquel Cors y Alejandro Reinoso: el pase, inconsistiendo una vez más, el todo.

Ciertamente, se produjo un deseo de hablar del trabajo preparatorio hacia la Jornada de la NEL “Lo insoportable de la Infancia”: argumento y boletines, animándonos a producir nuevas escrituras. Nos reunimos en cinco ocasiones, esta reunión “pública” es nuestro sexto encuentro entre: Julia, Gabriela, María Gracia y yo, buscando reencausar un trabajo y bordear lo infans. Bordear lo infans implica tomar nota del desamparo original del ser hablante y su dependencia al Otro del lenguaje, de donde resultan marcas singulares imborrables. Del Argumento de las Jornadas: “traumatismo inscrito en el encuentro del cuerpo con lalengua, del que se desprenderán los rastros de lalengua que el lenguaje no alcanza a nombrar”.

El desconcierto sin palabras es infans. El desamparo original no es un asunto de niños, y se presentifica en cada elección ética, sin Otro. Allí el analista deja al analizante al pie del cañón, en la puerta, se detiene en ese umbral porque no va a gobernarlo, (re)educarlo, ayudarlo, ser su guía de vida… (Lacan, Seminario “La Ética del Psicoanálisis”, p. 32). Si el análisis lo ha llevado hasta este punto, es porque el analista lo tomó de la mano sin dejarlo caer.

Beatriz Udenio en “Un dislocado disparate” indica que en un análisis hay un pasaje de la posición infantil a la posición femenina. En esa vía, el testimonio de Raquel Cors nos enseña que resulta necesario “soltar a la niña” para arribar a la posición femenina. Ella desafió la ciencia y los pronósticos catastróficos: “La niña morirá”, “No caminará”, “No tendrá hijos”, y si los desafió no fue sin el soporte del Otro, de los ideales de la modernidad: Será bella, inteligente y buena. En una elipsis en honor al tiempo diré que al fin de su análisis, para Raquel Cors: saltar el muro y soltar a la niña, era soltar esas horribles identificaciones de un casi holofraseado esa-niña-que-casi-muere. “Saltar el muro”, dejando caer al mismo tiempo la identificación mortífera (la muerte) y al analista, es una solución inédita a la NRS.

De un desconcierto inicial pasamos a un concierto de voces para seguir conversando sobre psicoanálisis con niños. Se viene del lado de Julia Avilés una pregunta ética por la transferencia y el derecho-al-secreto en la época de la transparencia (léase boletín con el texto de Guy Briole); Gabriela Febres-Cordero nos acerca a películas donde se multiplican golpes, dominan órdenes de hierro y se sufren estragos, pero también muestra desde la ficción como una niña puede construir un modo nuevo de vivir, no sin el amor y la elegancia… del erizo. María Gracia Contreras se pregunta por la humanización del carrocho, y anota tres epidemias antes de La epidemia, en un momento en que la responsabilidad del cuidado del niño ha vuelto a los padres: padres extrañados por niños en casa, por una escuela en casa, por una cámara de la escuela en casa y… ¿con o sin síntomas escolares?

[i] Se hace evidente una proliferación de objetos imaginarios: parciales, buenos, malos, ect. Cuando el niño es un objeto condensador de goce.

[ii] También dice que quedó en manos de “tontos de capirote”.

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