Boletín 11: Biblioteca Nel Guayaquil

Boletín #11
Septiembre 25 del 2020

¡La Biblioteca sigue abierta!

LA INFANCIA, UN CAMPO MINADO
Maritza Cino Alvear*

A veces la infancia
es una lanza adormecida
en el territorio del lenguaje/
los ojos se abren a la estrechez del mundo/
 el advenimiento del primer monosílabo/
los primeros pasos tropiezan el abismo/
la cobertura del sol ha descendido/
el llanto asoma detrás de la mirada/ vientre.

 

Maritza Cino Alvear

Sospecho que el territorio de la infancia es un campo minado al que se vuelve una y otra vez. También sospecho que no lo cruzamos conscientemente, sino más bien esquivamos el centro móvil para tomar el mejor atajo que nos permita zigzaguear y no mostrarnos ni despertar al fantasma.

Sabemos que la infancia está repleta de vivencias diversas, es un ir y venir a través de la existencia y frente a esa posibilidad ineludible e interminable, toma fuerza el enunciado de Ana María Matute, novelista española cuando dice: A veces la infancia es más larga que la vida; la frase me conduce a lo infinito e inasible, a lo que no tiene medida ni caducidad. Esa vía/etapa que desborda a todas y permanece adherida, indisoluble y encarnada.
En un artículo de Camila Builes, (1) sobre La invención de la infancia en la literatura, se menciona:
La infancia es el lugar de la memoria y el mito: es la etapa de los primeros recuerdos, de la sorpresa por el mundo y el descubrimiento de todo lo que lo compone. Desde la escritura se acude a esas primeras imágenes o recuerdos pantallas, según Sigmund Freud, que son reconstruidas ficticiamente por el sujeto desde sucesos reales o fantasmas, para comprender ese primer ser en la vida, la singularidad, el pasado que contiene la sustancia que explica una parte importante del presente, las motivaciones personales, la identidad actual, los proyectos del futuro.  Se revisa la temprana edad que da origen a esa identidad múltiple y final. 

Cuando pienso que en la infancia se fabulan el mito y la memoria de la que habla Builes, capturo los primeros tejidos y mixturas adheridos en algún lugar sin límites; también a partir de mis lecturas y experiencia poética advierto que ese paraíso encantado de juegos y afectos no siempre es como usualmente se espera, un espacio de seguridad umbilical que según se afirma es decisivo para que la vida sea más estructurada y llevadera.

Todos los escritores en algún momento han depositado en su creación fragmentos de infancia, han metaforizado sus recuerdos de diversas maneras, han asistido a una especie de catarsis al reescribir esas remembranzas iniciales, franjas de memoria de variados tonos e intensidades que deambulan por el desasosiego, hacia esa pulsión inaugural: escena  primal que se repite al infinito.

La poeta argentina Alejandra Pizarnik, en uno de sus textos más célebres confiesaEscribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura, porque todos estamos heridos. Y parecería que algo se empieza a develar para todos los que la leemos y avizoramos que contemplar la infancia a través de la escritura poética, es zurcir la herida, la escisión, el rompimiento de lo simbólicamente velado, la abstracción del dolor en el fonema.

Raine Maria Rilke, (2) poeta y novelista austriaco del siglo XX, había escrito en sus Elegías que el destino no es más que lo denso de la infancia. No, es más: no en el sentido de “no es otra cosa que esto”, sino, la infancia es más que el destino, el destino es menos que la infancia. La infancia, en su densidad, lo sobrepasa. Como si la infancia se resistiera al destino, toda vez que en sus horas —las horas de la infancia, el tiempo de la infancia— acontece la disolución radical de toda teleología, de toda destinación.
 Como si el tiempo de la infancia, no tuviese nada que ver con aquel tiempo histórico lineal, puesto que, en él, en aquellas horas, siempre hay un más, un denso exceso que resulta ser inadministrable, irreductible a las categorías tradicionales de la temporalidad:
Oh, horas de la infancia, cuando detrás de las figuras había más que solo pasado y ante nosotros no estaba el futuro (Rilke 2002).

Una vez más la infancia intemporal anclando su peso y densidad, la construcción deconstructiva del fantasma insomne. Algo parecido al juego en un campo minado, donde la poesía permuta lo innombrable, porque de alguna forma: Evocar la infancia es instalar la ausencia en el lenguaje.

*Cartelizante Nel Guayaquil en periodos anteriores

(1) Camila Builes, La invención de la infancia en la literatura. El espectador, Bogotá, 2016
(2)Matías Sánchez Ponce, Rilke, la infancia indeterminada, Síntesis, Revista de Filosofía, Chile, 2017
(3)Poemas/textos, Matute, Pizarnik, Rilke.

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LA PERMUTACIÓN EN LA COMISIÓN DE BIBILIOTECA DE NEL GUAYAQUIL
Ana Ricaurte*

El boletín de la biblioteca de Nel Guayaquil que se propuso sostener la biblioteca abierta durante la pandemia, desde el mes de abril, hace un corte con el número 11, dando paso a la permutación en la Comisión de biblioteca y a nuevos proyectos que vinculen a la sede con la comunidad.

Al inicio de este período crítico irrumpió en nuestras reuniones de escuela la inquietud de qué hacer con la urgencia.  Algunas formas de tramitarla se pensaron y entre ellas este boletín, acogiendo la constante mención de textos orientadores sobre el tema en cuestión.  Se puso en marcha una invitación a publicar citas de sus propios textos y su propia investigación vertida en una enunciación.  Constan en 11 boletines escritos de Miembros, asociados y cartelizantes.

Con la pregunta qué clínica para la urgencia y el trauma, cada boletín trae su aporte a una investigación que ha recogido conceptos fundamentales para una práctica,  buscados en lecturas cuidadosas de Lacan, y también elaboraciones de la propia clínica.
Para recordar algunos de ellos:

Más allá del acontecimiento externo, de lo que se trata es de la efracción del goce[1], siempre es eso,  es el goce desconocido que irrumpe en la rutina del discurso que sostiene las significaciones.  Citamos a María Cristina Giraldo que señala la posición analítica que “hace par” con la urgencia del hablante ser y su goce que irrumpe, no por el lado del auxilio psicoterapéutico.

La política del psicoanálisis no ofrece a un sujeto volver al estado pre-trauma, sino que orienta nuestra experiencia de lo real hacia la reescritura de un modo sint(h)omático de salir de lo mismo.

Frente a la urgencia, hacer fallar a la verdad mentirosa terapeutizante.  De lo que se trata es de lo que excede a la palabra, en el surgimiento de lo que hace agujero.  Lo que rebasa la palabra es el significante martilleando el cuerpo.

El analista sabrá leer la escritura del inconsciente, la que dura, es dura y soporta la palabra que habla de lo insoportable. Escri-dura.
“No hay clínica sin ética[i], refiere Miller  ¿y cuál será esa ética propia del psicoanálisis?
implica al analista en primer lugar, poner el acento sobre su deseo”.   Que pueda ser sorprendedor de lo real.

En la práctica psicoanalítica el trabajo es con las piezas sueltas. Operando con el factor a como condensador de goce que nos orienta en las profundidades del gusto.
Y por último, el boletín también fue un medio para transmitir algo de la propia práctica, varios escritos han transmitido observaciones logradas en las aplicaciones del psicoanálisis, en el trabajo con autistas,  en prácticas que intervienen en lo social orientadas por el discurso lacaniano: en el campo jurídico, con más frecuencia en la educación, donde docentes, psicólogos, practicantes del psicoanálisis en instituciones educativas buscan la forma de introducir el deseo, y de resguardar la palabra del sujeto, a pesar de la intermediación de las pantallas en la educación virtual, de la presencia del virus, y de dificultades con los padres empujados a la función de maestros.

Es una orientación política dar lugar a lo que no se educa, eso que las técnicas reeducativas quieren sepultar.

Han sido diez boletines.  Y uno más hoy, cuando estuviéramos próximos a la cita en Bogotá para tratar lo insoportable de la infancia, con un texto inédito de Maritza Cino, poeta y docente en letras, cartelizante en períodos anteriores, colaboró en el boletín hacia la Primera Jornada de NEL Guayaquil ¿Qué quiere una mujer?  Convocada esta vez por lo no tramitable de la infancia nos entrega “La infancia, un campo minado”, en que reconoce lo estructural de lo imposible de decir con relación a lalengua, a “lo inasible de la infancia… intemporal… que permanece adherido” como causa suficiente que mueve las plumas de Rilke, Alejandra Pizarnik, María Matute y de ella misma, en el acto de escribir.  Abrochamos con el número 11 este boletín de pandemia, con la investigación que Maritza Cino nos ofrece antecedida por su propia poesía.
Decir de sí, de lo más íntimo, de lo que no se acomoda al discurso del Amo, sucede en la poesía y en la experiencia psicoanalítica  porque introduce un discurso diferente que da lugar a lo singular del goce y propone al hablante ser responsabilizarse de ello.


*Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana

(1) Miller-J-A. , Conferencias porteñas tomo I, Paidós, Bs.As. 2009, pag. 72
(2) Miller. El ser y el Uno.  Lección marzo 23, 2011.

Comisión de Biblioteca Nel-Guayaquil

Si desean revisar nuestros boletines, pueden  obtener todos los anteriores  visitando el blog de la escuela en esta dirección    https://nelguayaquil.org/category/biblioteca/

Coordinadora del Boletín
Ana Ricaurte.

Diseño y Edición
Gabriela Febres-Cordero.
Ana Ricaurte.
Silvana Gallegos.

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