De un cartel a otro

Por Juan de Althaus

En el Acto de Fundación de la Escuela francesa de Psicoanálisis Lacan plantea que participar en ella implica el compromiso a una transferencia de trabajo, para lo cual inventa el pequeño grupo llamado cartel. En la página 254 de los Otros escritos, en el acápite 7 De la Escuela como experiencia inaugural, señala que “La enseñanza del psicoanálisis solo puede transmitirse de un sujeto a otro por las vías de una transferencia de trabajo. Los ‘seminarios’, incluido nuestro curso de Hautes Études, no fundarán nada si no se remiten a esa transferencia”. De esto se deduce que el conjunto de otras actividades de la Escuela se sustenta del trabajo en el cartel.

Esta orientación Lacan la mantiene durante toda su enseñanza. Así, en su Seminario 27. Disolución, en 1980, se lee: “Con ellos –sin dilatación- arranco la Causa freudiana y restauro en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir, el cartel, del cual, experiencia hecha, afino la formalización”. Restaurar el órgano base del cartel significa que había pasado al olvido en la Escuela que disuelve.

Como proposición principal encontramos que el cartel es el órgano base de la Escuela, y como afirmación derivada, que es la puerta de entrada a la Escuela, pero no para quedarse en el zaguán contemplando los interiores, sino que “luego de un tiempo de funcionamiento (el cartel), a los elementos de un grupo se les propondrá permutar en otro”.

En tanto que se trata de agrupar singularidades con su rasgo propio en el trabajo del cartel, cada uno es diferente, así como cada reunión del cartel es único. El más uno designado debe mantener el deseo de saber sobre la episteme sicoanalítica de cada uno de sus cartelizantes, y siempre habrá algo nuevo que decir, y algo nuevo que faltó decir.

Hay cierta convergencia entre el final de un análisis y presentarse al pase con su testimonio, con el final del cartel y sus productos escritos. Estos tienen que “pasar” al Otro de la Escuela a ser expuestos, discutidos, registrados y publicados. Esta acción puede ser considerada como un acontecimiento de Escuela cuyas resonancias remueven el pegoteo imaginario que la cómoda satisfacción estanca.

Si la Escuela es un refugio ante el malestar de la civilización, es porque se obtiene cierto goce vivificante en el trabajo del cartel que se transfiere a otros. Entrar a la Escuela por el cartel es estar decidido a sostenerse en ese lugar pasando de un cartel a otro, sin quedarse contemplando las paredes en silencio, más bien, hablándoles.

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