Reflexiones sobre el acceso y la permanencia en el banquete de los analistas

Comentario sobre el capítulo II de El banquete de los analistas de J.-A. Miller

Por: Luis Iriarte

Un punto que quisiera comentar de este capítulo se relaciona con lo expuesto por J.-A. Miller en relación al acceso al banquete. La vez pasada se habló sobre este tema (JAM, p. 20), pero en este segundo capítulo encontramos nuevamente una referencia al respecto. En la segunda página de este capítulo, Miller afirma que “el acceso al banquete de los analistas es reservado” (JAM, p. 26).

Al buscar el verbo “reservar” en el Diccionario de la Real Academia Española encontramos que una de las definiciones es la siguiente: “Destinar un lugar (…) de un modo exclusivo, para uso o persona determinados” (DRAE, 2021). En este sentido, si el banquete de los analistas tiene un acceso limitado es porque se deben cumplir ciertas condiciones para formar parte de él y, puedo agregar, que existen igualmente condiciones para permanecer en dicho banquete. La condición para acceder al banquete es expuesta claramente por Miller, en cambio, las condiciones para permanecer las extraigo de mi propia lectura de este capítulo.

La condición para formar parte del festín se relaciona con la propia experiencia analítica. Ésta aparece así en el capítulo II: “Que el analista deba ser primero el analizado es, en el fondo, una de las reglas del banquete de los analistas” (JAM, p. 28). Esto puede interpretarse como que no es posible ocupar la posición de analista si uno mismo no ha pasado por la experiencia en tanto que analizante. En este punto, también podría surgir la pregunta ¿Qué es lo que causa a un analizante a querer ocupar la posición de analista? Esta pregunta me surge a propósito de los casos donde personas pueden ocupar una posición analizante, pero no desean trabajar en tanto analistas.

De igual manera, Miller habla sobre el hecho de que se puede hacer carrera en el psicoanálisis, es decir, un individuo puede querer desarrollar la actividad de psicoanalista a largo plazo. Pero hace una precisión muy interesante ya que, en el desarrollo a largo plazo de la actividad como psicoanalista, no se trata de que el analista alardee o presuma los logros alcanzados a lo largo de los años, sino de que pueda decir algo sobre los fracasos con los que se ha tropezado.

En relación a este tema, Miller señala que “el psicoanálisis es ante todo una carrera de fracasados. ¡Se comprueba que es sobre el fondo de un fracaso que el análisis, que esta carrera, es la más convincente!” (JAM, p. 30). En este punto, me surge la pregunta: ¿Por qué Miller indica que es a partir de interesarse en los fracasos, que el psicoanálisis puede mostrarse más convincente? La respuesta que se me ocurre es porque justamente en los fracasos de la intención consciente del individuo (que Miller también llama “actos fallidos”) se muestra por unos instantes un deseo que no es reconocido como tal.

Este deseo da cuenta de lo más íntimo del sujeto y de lo que no se reconoce a primera vista. Por lo tanto, si Miller afirma que el psicoanálisis es una carrera de fracasados es porque aquellos que deciden ejercer a largo plazo la profesión de psicoanalista, deben interesarse ante todo en sus propios fracasos y se espera que puedan despejar cómo dichos fracasos se relacionan con un deseo inconsciente que se encuentra presente.

En este sentido, Miller establece un vínculo entre fracaso y deseo inconsciente, cuando afirma que “tomar partido por el deseo es tomarlo por los fracasos que lo acompañan” (JAM, p. 33). En lugar de adoptar “la política del avestruz” tal como Freud la menciona en “Recordar, repetir y reelaborar” (Freud, p. 154), es decir, en lugar de no querer saber nada e ignorar lo que ocasionó dicho fracaso, Miller propone que hay que interesarse en esos actos fallidos para acceder al deseo que está ahí presente y, de esta manera, transmitir un saber que se obtiene a partir de la experiencia analítica. Por lo tanto, a partir de la transmisión de ese saber obtenido del propio análisis se podría obtener el “reconocimiento de los pares” (JAM, p. 21) y, de esta manera, se accedería al banquete.

Hablemos ahora sobre dos puntos que considero que se relacionan con la permanencia en el banquete de los analistas. Si los que acceden a este festín son aquellos que son reconocidos como pares, puedo señalar dos frases de este capítulo en las cuales Miller nos orienta en relación a la posición que debe ocupar un psicoanalista. En primer lugar, J.-A. Miller indica que en las escuelas de psicoanálisis puede existir una tendencia en algunos de sus miembros a agruparse en el “entre nos”, es decir, que a partir de una identificación entre los pares se intenta obtener una serie de privilegios. Pero Miller recuerda que “la intervención de Lacan en el psicoanálisis apuntaba justamente a desbaratar el entre nos y la impostura que lo acompaña” (JAM, p. 40). En este sentido, para permanecer en el banquete hay que estar advertidos sobre esa tendencia que puede existir dentro de las escuelas y se esperaría que el psicoanalista vaya en contra de esa identificación colectiva.

El segundo punto mencionado por Miller, que concierne la permanencia en el banquete de los analistas e incluso la existencia de dicho banquete, tiene que ver con la pregunta: ¿A quién se le transmite el saber obtenido en el psicoanálisis? En la última página del capítulo, Miller responde a esta pregunta de una manera sencilla: “No se trata de transmitir el psicoanálisis entre psicoanalistas, sino precisamente a aquellos que no lo son” (p. 43). Puedo interpretar entonces que para que el banquete de los analistas y el psicoanálisis mismo sigan existiendo, es fundamental dar a conocer al psicoanálisis y a sus principales autores, en diversos ámbitos, donde se encuentren individuos que aún no han pasado por la experiencia analítica. Esta es la única manera que se mantendrá vigente el discurso psicoanalítico en las nuevas generaciones. Y pienso que un ejemplo de esto, se muestra en los movimientos actuales de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF) en abrir su canal de YouTube o su cuenta de Instagram titulada Lacan Web Televisión.

Finalmente, hay una frase que me llamó la atención de este capítulo y que me generó dos preguntas. La frase es la siguiente: “¡Es verdad que hay que pagar el precio del análisis!” (JAM, p. 43). Frente a esta frase me pregunto: ¿En qué consiste este precio que hay que pagar? Y ¿Al pagar el precio del análisis uno obtendría entonces el acceso al banquete de los analistas?

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