Boletín 1: Psicoanálisis y guerra

“PSICOANÁLISIS Y GUERRA”

CITAS ELEGIDAS DESDE LA BIBLIOTECA # 1

Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte – S. Freud

Se ha desencadenado una ofensiva militar rusa en Ucrania, la que ha sido condenada por la Asociación Mundial de Psicoanálisis en un comunicado donde se destaca la existencia de la “Initiative Ukranie” de la New Lacanian School y se muestra un apoyo decidido a los colegas y amigos ucranianos que se encuentran bajo los estragos de la guerra. Además, se da cuenta de su solidaridad con los colegas de la “Initiative Russie” —también adscritos a la NLS— comprometidos con la causa analítica.

Comunicados de diferentes Escuelas de la AMP han aparecido oportunamente, dejando en claro nuestra orientación política: la guerra y la violencia atentan contra la democracia, el Estado de Derecho, coarta las libertades fundamentales de expresión y de palabra; en consecuencia: atentan contra la práctica analítica, lo que debe ser rechazado.

La ELP enfatiza que, si la historia es una pesadilla —recordando a Joyce—, un nuevo episodio obsceno y feroz comienza para la Europa del siglo XXI. La EOL enfatizó un “¡No!” decidido a la guerra, la invasión y cualquier ejercicio arbitrario de poder que golpee la vida democrática. La NELcf apuesta por la dignidad de un discurso que no pretenda gobernar, transmitiendo un mensaje de coraje y solidaridad a los afectados directamente en su vida.

La Comisión Permanente para la Literatura y las Artes, de la Liga de las Naciones, encargó en 1931 al “Instituto Internacional de Cooperación Intelectual” que organizara un intercambio epistolar entre intelectuales. Una de las primeras personalidades en participar fue Albert Einstein, quien sugirió a Freud como su interlocutor; de este intercambio acontecido en 1932 surgió el texto “¿Por qué la guerra?”. El año siguiente, el Instituto publicó esta correspondencia en alemán, francés e inglés; pero, su circulación fue prohibida en Alemania.

Este 26 de febrero del 2022 hubo una conexión Zoom entre colegas ucranianos, rusos, miembros de la NLS y otras Escuelas de la AMP, donde más de 500 asistentes fuimos convocados en torno a esa misma pregunta: “¿Por qué la guerra?”, procurándose poner allí las “palabras necesarias” a este real que surgió y apelando así a la opinión ilustrada.

Este primer boletín recoge una serie de citas de Freud compiladas por Patricio Moreno Parra, quien forma parte de la Comisión de Biblioteca. Habrá próximos boletines donde proseguiremos esta reflexión, pues como dice el reconocido Fernando Mires: tenemos que seguir pensando y discutiendo sobre lo que está ocurriendo, de un modo muy intenso.

Jessica Jara Bravo

Responsable de la Comisión de Biblioteca de la NEL-Guayaquil

*** SIGMUND FREUD ***

“La tesis tan perentoriamente formulada aquí, «Todo lo que perturba la prosecución del trabajo es una resistencia», podría dar origen con facilidad a un malentendido. Desde luego, sólo tiene el valor de una regla técnica, de una advertencia para el analista. No debe dudarse de que durante un análisis pueden producirse diversos hechos ajenos a la intención del analizado. Puede morir el padre del paciente sin que él lo haya matado, también puede estallar una guerra que ponga fin al análisis. Pero tras la manifiesta exageración de esa tesis se esconde un sentido novedoso y correcto. Por más que el suceso perturbador sea real e independiente del paciente, a menudo depende de este el grado de perturbación a que da lugar, y la resistencia se evidencia inequívocamente en el pronto y desmedido aprovechamiento de una oportunidad tal”.

Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños (1900) Nota agregada en 1925. Obras completas, tomo V. Buenos Aires: Amorrortu, p. 511.

***

“Envueltos en el torbellino de este tiempo de guerra, condenados a una información unilateral, sin la suficiente distancia respecto de las grandes trasformaciones que ya se han consumado o empiezan a consumarse y sin vislumbrar el futuro que va plasmándose, caemos en desorientación sobre el significado de las impresiones que nos asedian y sobre el valor de juicio que nos formamos”.

“El individuo que no se ha convertido en combatiente —y por tanto en una partícula de la gigantesca maquinaria de guerra— se siente confundido en su orientación e inhibido en su productividad”.

“Cuando hablo de desilusión, todo el mundo comprende enseguida lo que quiero significar. No hace falta ser un visionario compasivo; es posible reconocer la objetiva necesidad biológica y psicológica del sufrimiento en la economía de la vida humana y, no obstante eso, condenar las guerras en cuanto a sus medios y a sus objetivos, y anhelar su terminación”.

Freud, Sigmund. De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915). Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, p. 277.

***

El disfrute de la comunidad de cultura fue turbado en ocasiones por algunas voces; ellas advertían que, a causa de diferencias heredadas de antiguo, serían inevitables todavía las guerras entre las naciones que la integraban. No se les quiso dar crédito, pero, ¿cómo se imaginaba una guerra así, si es que había de sobrevenir?

“Los pueblos están más o menos representados por los Estados que ellos forman; y estos Estados, por los gobiernos que los rigen. El ciudadano particular puede comprobar con horror en esta guerra algo que en ocasiones ya había creído entrever en las épocas de paz: que el Estado prohíbe al individuo recurrir a la injusticia, no porque quiera eliminarla, sino porque pretende monopolizarla como a la sal y al tabaco”.

“Dos cosas en esta guerra han provocado nuestra desilusión: la ínfima eticidad demostrada hacia el exterior por los Estados que hacia el interior se habían presentado como los guardianes de las normas éticas, y la brutalidad en la conducta de individuos a quienes, por su condición de partícipes en la más elevada cultura humana, no se los había creído capaces de algo semejante”.

Freud, Sigmund. De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915). Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, p. 280-2.

***

“Y siendo así, también la reforma pulsional en que descansa nuestra aptitud para la cultura puede ser deshecha —de manera permanente o temporaria— por las influencias de la vida. Sin duda, los efectos de la guerra se cuentan entre los poderes capaces de producir semejante involución; por eso, no necesariamente hemos de negar aptitud para la cultura a todos los que en el presente se comportan de manera inculta, y nos es lícito esperar que su ennoblecimiento pulsional habrá de restablecerse en épocas más pacíficas”.

“La experiencia psicoanalítica no ha hecho sino realzar, si cabe, este aserto. Puede mostrar todos los días que los hombres más perspicaces caen repentinamente en una conducta sin acumen, como de idiotas, tan pronto como la intelección requerida tropieza en ellos con una resistencia afectiva, pero también recuperan toda su inteligencia cuando esta es vencida. Por tanto, la ceguera para lo lógico que esta guerra, como por arte de magia, ha producido justamente en los mejores de nuestros conciudadanos es un fenómeno secundario, una consecuencia de la excitación afectiva, y está destinada, así podemos esperarlo, a desaparecer con ella”.

“Es evidente que la guerra ha de barrer con este tratamiento convencional de la muerte. Esta ya no se deja desmentir {verleugnen}; es preciso creer en ella. Los hombres mueren realmente; y ya no individuo por individuo, sino multitudes de ellos, a menudo decenas de miles un solo día. Ya no es una contingencia. Por cierto todavía parece contingente que un determinado proyectil alcance a uno o a otro; pero al que se salvó quizá lo alcance un segundo proyectil, y la acumulación pone fin a la impresión de lo contingente. La vida de nuevo se ha vuelto interesante, ha recuperado su contenido pleno”. 

Freud, Sigmund. De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915). Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, p. 288-292.

***

“Fácil es señalar el modo en que la guerra se injerta en esta disarmonía. Nos extirpa las capas más tardías de la cultura y hace que en el interior de nosotros nuevamente salga a la luz el hombre primordial. Nos fuerza a ser otra vez héroes que no pueden creer en la muerte propia; nos señala a los extraños como enemigos cuya muerte debe procurarse o desearse; nos aconseja pasar por alto la muerte de personas amadas. Pero la guerra no puede eliminarse; mientras las condiciones de existencia de los pueblos sean tan diversas, y tan violentas las malquerencias entre ellos, la guerra será inevitable”.

“Recordamos el viejo apotegma: «Si vis pacem, para bellum»: Si quieres conservar la paz, ármate para la guerra. Sería tiempo de modificarlo: «Si vis vitam, para mortem»: Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”. 

“Esta guerra hace que me atreva a recordarle dos tesis sustentadas por el psicoanálisis que indudablemente han contribuido a su impopularidad.

Partiendo del estudio de los sueños y las acciones fallidas que se observan en personas normales, así como de los síntomas de los neuróticos, el psicoanálisis ha llegado a la conclusión de que los impulsos primitivos, salvajes y malignos de la humanidad no han desaparecido en ninguno de sus individuos sino que persisten, aunque reprimidos, en el inconciente (para emplear el término de nuestro lenguaje), y que esperan las ocasiones propicias para desarrollar su actividad (…)”.

Apéndice. Carta al doctor Frederik van Eeden (1914).

Freud, Sigmund. De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915). Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, p. 300-2.

***

“Cuando acaba de renunciar a todo lo perdido, se ha devorado también a sí mismo, y entonces nuestra libido queda de nuevo libre para, si todavía somos jóvenes y capaces de vida, sustituirnos los objetos perdidos por otros nuevos que sean, en lo posible, tanto o más apreciables. Cabe esperar que con las pérdidas de esta guerra no suceda de otro modo (…)”.

Freud, Sigmund. La transitoriedad (1915). Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, p. 311.

***

“Antes que esos designios pudieran cumplirse sobrevino la terminación de la guerra; las organizaciones estatales sucumbieron y el interés por las neurosis de guerra dejó sitio a otras preocupaciones; pero lo definitorio es que al cesar las condiciones de la guerra desaparecieron también la mayor parte de las neurosis provocadas por ella”.

“Durante el tratamiento de las neurosis de guerra, a que los obligaba el servicio militar, se aproximaron a las doctrinas psicoanalíticas médicos que hasta entonces habían permanecido alejados de ellas. Del informe de Ferenczi, el lector puede inferir con cuántas vacilaciones y escamoteos se consumó esa aproximación. De ese modo se comprobaron también en las neurosis de guerra, y se admitieron casi universalmente, algunos de los factores que el psicoanálisis había discernido y descrito hacía tiempo en las neurosis de tiempos de paz: el origen psicógeno de los síntomas, el significado de las mociones pulsionales inconcientes, el papel de la ganancia primaria de la enfermedad en la tramitación de conflictos anímicos («refugio en la enfermedad»)”.

Freud, Sigmund. Introducción a Zur Psychoanalyse der Kriegsneurosen (1919). Obras completas, tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu, p. 205.

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