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Agradecimiento a Gerardo Arenas

La Nel Guayaquil agradece a Gerardo Arenas por su generosa participación en torno al tema “El Cartel. Tensiones Fecundas”.
 
Algunas ideas que Gerardo transmitió:
Zambullirse en la práctica y luego en el ejercicio de la supervisión tiene efectos de formación. Efectos que, señaló, se dan a través de la conversación y de la inmersión en el discurso analítico. Esto supone al analista que otorga dignidad a lo singular, diferente al discurso aplastante de los grupos.
 
La Escuela no está exenta del peligro del discurso que masifica. Frente a ello, el arma es el cartel. El cartel como solución retoma el estilo singular de cada uno para hacer lazos libidinales con otro y con la Escuela. En ese movimiento impredecible lo singular, animado por una pasión, retorna a la Escuela y la vivifica.
 
Mónica Febres Cordero
Directora
 
María Victoria Clavijo
Coordinadora de Carteles

Nuevos AME en la NEL

La Nel Guayaquil hace llegar su más cálida felicitación a nuestros colegas Adolfo León Ruiz, Gloria González, Raquel Cors y Viviana Berger por su nombramiento como Analistas Miembros de la Escuela, por la Secretaría de la Garantía de la práctica de la AMP-América.

Con seguridad continuará su entusiasmo y opción por el psicoanálisis de la orientación lacaniana a nuestra Escuela.


El directorio

El cartel: tensiones fecundas

“Aquel que me interroga sabe también leerme”
Exergo
Jacques Lacan
Televisión, Otros Escritos, pág. 535

INSCRIPCIÓN AQUÍ

Agenda de la Nel Guayaquil – julio y agosto 2021

  1. Se suspende el viernes de Escuela de julio 23 a fin de organizar los encuentros con los observatorios de la sede.
  2. El viernes 30 de julio se llevará a cabo el encuentro “El Cartel”, Tensiones Fecundas con Gerardo Arenas, Miembro de la EOL y la AMP

3. La discusión en torno al primer capítulo de El Banquete de los analistas, a cargo de Juan Pablo Bitar será el viernes 13 de agosto.  


Cordialmente,
El Directorio

De un cartel a otro

Por Juan de Althaus

En el Acto de Fundación de la Escuela francesa de Psicoanálisis Lacan plantea que participar en ella implica el compromiso a una transferencia de trabajo, para lo cual inventa el pequeño grupo llamado cartel. En la página 254 de los Otros escritos, en el acápite 7 De la Escuela como experiencia inaugural, señala que “La enseñanza del psicoanálisis solo puede transmitirse de un sujeto a otro por las vías de una transferencia de trabajo. Los ‘seminarios’, incluido nuestro curso de Hautes Études, no fundarán nada si no se remiten a esa transferencia”. De esto se deduce que el conjunto de otras actividades de la Escuela se sustenta del trabajo en el cartel.

Esta orientación Lacan la mantiene durante toda su enseñanza. Así, en su Seminario 27. Disolución, en 1980, se lee: “Con ellos –sin dilatación- arranco la Causa freudiana y restauro en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir, el cartel, del cual, experiencia hecha, afino la formalización”. Restaurar el órgano base del cartel significa que había pasado al olvido en la Escuela que disuelve.

Como proposición principal encontramos que el cartel es el órgano base de la Escuela, y como afirmación derivada, que es la puerta de entrada a la Escuela, pero no para quedarse en el zaguán contemplando los interiores, sino que “luego de un tiempo de funcionamiento (el cartel), a los elementos de un grupo se les propondrá permutar en otro”.

En tanto que se trata de agrupar singularidades con su rasgo propio en el trabajo del cartel, cada uno es diferente, así como cada reunión del cartel es único. El más uno designado debe mantener el deseo de saber sobre la episteme sicoanalítica de cada uno de sus cartelizantes, y siempre habrá algo nuevo que decir, y algo nuevo que faltó decir.

Hay cierta convergencia entre el final de un análisis y presentarse al pase con su testimonio, con el final del cartel y sus productos escritos. Estos tienen que “pasar” al Otro de la Escuela a ser expuestos, discutidos, registrados y publicados. Esta acción puede ser considerada como un acontecimiento de Escuela cuyas resonancias remueven el pegoteo imaginario que la cómoda satisfacción estanca.

Si la Escuela es un refugio ante el malestar de la civilización, es porque se obtiene cierto goce vivificante en el trabajo del cartel que se transfiere a otros. Entrar a la Escuela por el cartel es estar decidido a sostenerse en ese lugar pasando de un cartel a otro, sin quedarse contemplando las paredes en silencio, más bien, hablándoles.

Cartel, puerta de entrada a la Escuela. ¿Qué quiere decir?

Por María Victoria Clavijo – 2 de julio de 2021

La Escuela y el cartel tienen la misma fecha de nacimiento. El acto de fundación de la Escuela francesa de Psicoanálisis el 2 de junio de 1964[1] por parte de Jacques Lacan, funda  una colectividad llamada Escuela e instaura también un modo de trabajo en ella, llamado cartel.  Me permito citar el inicio del texto:

“Fundo -tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica, La Escuela francesa de psicoanálisis (…) mi intención es que este título (EFP), represente el organismo en el que debe cumplirse un trabajo, que el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de su verdad (…) este objetivo de trabajo es indisoluble de una formación a dispensar en ese movimiento de reconquista.  Es decir, que están habilitados de pleno derecho a aquellos a quienes yo mismo formé, que están invitados a él todos quienes puedan contribuir a poner a prueba lo bien fundado de esta formación.

Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno se compondrá de 3 como mínimo, de 5 como máximo, cuatro es la justa. MAS UNA encargada de la selección, de la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno.”

Esta es la presentación de lo que Lacan desea, una escuela de trabajadores.  En estos dos pequeños párrafos aparecen expresiones como: “cumplirse un trabajo”, “objetivo de trabajo”, “contribuir a poner a prueba”, “elaboración sostenida”. La Escuela acoge el trabajo de cada uno de sus miembros, los de pleno derecho (analizantes de Lacan) y los invitados, de todos ellos se espera lo mismo: poner a prueba su formación.  Este cambio supone un giro 180 grados respecto de la institución analítica en la que Lacan era didacta y en la que se formó, a saber, la sociedad francesa de psicoanálisis. En ella, la institución estaba conformada por quien hubiera completado el cursus de seminarios teóricos, los años de análisis estipulados con una analista autorizado llamado didacta y las horas de supervisión clínica asignadas. Una vez terminado el ciclo de estudios, el candidato se volvía miembro de pleno derecho, un miembro que no tiene ya mucho que demostrar, pues el periodo que se destinaba para ello era el periodo como candidato en formación. A diferencia de la asociación, la Escuela creada por Lacan, su razón de ser, el deseo a realizar en ella es el de un trabajo a producir de manera sostenida y permanente. La Escuela entonces, no es un lugar de llegada de un proceso didáctico, o educativo o de entrenamiento, sino un lugar de exposición, verificación, y elaboración de lo que la enseñanza de Jacques Lacan  enseña, a cada uno, uno por uno.   El concepto de Escuela de Lacan se remonta más a la escuela platónica que a la Universidad. De hecho, Miller recuerda que la Escuela entendida de manera clásica remite a grupo de seguidores de una enseñanza y es más antigua que la propia Universidad. Hoy la transmisión de saber se ha concentrado en la universidad. Es por ello, que la Escuela hoy, supone hacer un esfuerzo. [2]

¿De qué esfuerzo se trata? Es una pregunta que me orienta. Un esfuerzo más para ser lacaniano, un esfuerzo de poesía, un esfuerzo en el cartel. ¿Por qué no?

En enero de 1980, Lacan disuelve su Escuela, y en marzo pide a aquellos que se quieren quedar con él, que hagan otro trabajo, el del duelo por  la Escuela, para tomar la posta de otro  trabajo.  Lo cito: “Créaseme: a nadie admitiré para que juguetee en la Causa freudiana, sino seriamente desescuelado-despegado (d’école). (…) Paso a los otros que, este trabajo, no tienen que hacerlo, por no haber sido de mi Escuela – sin que se pueda decir  ésta no los haya intoxicado.

Con ellos, sin demora, lanzo la Causa freudiana – y restauro en su favor el órgano de base

tomado de la fundación de la Escuela, o sea el cartel, cuya formalización, tomando en cuenta la experiencia, afino.

Primero – Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Aclaro: producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo – La conjunción de los cuatro se efectúa en torno de un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo estará velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.

Tercero – Para prevenir el efecto de pegoteo, la permutación debe hacerse, en el término fijado de un año, dos como máximo.

Cuarto – Ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo.

Quinto – El sorteo asegurará la renovación regular de los puntos de referencia creados a fin de vectorializar el conjunto.

La Causa freudiana no es Escuela, sino Campo – donde cada cual tendrá vía libre para demostrar qué hace con el saber que la experiencia deposita. (…) Abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha.”[3]

Esta es una referencia que encuentro fundamental para situar el cartel como órgano base, puerta de despegue de la Escuela. En 1964, la entrada a la Escuela se hace por un trabajo en el cartel de aquellos que ya eran miembros de la Internacional, es un instrumento político cuyo objetivo era conmover los cimientos de la estandarización de la formación del analista, y hacer hablar a los que se habían acomodado en su prestigio silencioso como psicoanalista consumado, identificado su  ser al Sujeto supuesto saber. En marzo del 80, el cartel sirve a Lacan una vez más para pasar un trabajo a los otros, es decir una institución analítica, la Escuela de la Causa Freudiana, cuyo sostén es un trabajo transferido por el propio Lacan. Una Escuela cuyo secreto es el lazo de trabajo en quienes la componen. En este contexto preciso considero que el esfuerzo por la Escuela, consistió en un esfuerzo y una apuesta a realizar un trabajo  por la existencia de la enseñanza de Lacan, sin Lacan. 

¿Es el cartel hoy una puerta de entrada a la Escuela de hoy?

Diría, de una manera muy simple, que el cartel es una puerta, y se la abre si se la sabe tocar desde adentro, es decir a partir del trabajo de cada uno.  Es un trabajo que consiste en el estudio de los textos de referencia, los de Freud, los de Lacan, es el trabajo de lectura como efecto de un bien decir provocador de elaboración del más Uno, y también de los otros cartelizantes, que avivan cada vez la pregunta que siempre tiende a cerrarse en un saber obtenido, ya sabido.

 En el cartel,  se apuesta por poder  suspender el saber para dejarse enseñar,  es decir, es el dispositivo de la docta ignorancia,  que mostrando el recorrido de los propios callejones sin salida,  de las incomprensiones, y atolladeros del escrito lacaniano, y también, de vez en cuando, alguna  respuesta tentativa, no-toda, pueda darse, avivado el fuego del deseo de saber  por las chispas  de la conversación con los otros cuatro, que provocan, cuestionan, incluso sospechan… sospecha ojalá, de un saber completo, sin falla, instituido, o referencial. El cartel es la apuesta del trabajo colectivo, que es absolutamente necesario para producir la pequeña diferencia de la elaboración propia, palabra cualquiera puede tomar en la Escuela. El cartel iguala a los que puedan embrollarse en sus identificaciones del tipo “analista”, “no analista”. Todos, cada uno, hace su entrada en la Escuela cada vez. Era el deseo de Lacan. ¿Estamos a la altura de ese


[1] Lacan, Jacques. Acto de fundación Otros Escritos, Paidós (2012)

[2]Miller, Jacques-Alain. El concepto de Escuela. En: https://wapol.org/es/las_escuelas/

[3] Lacan, Jaques. Despegue o decolaje de la Escuela.  https://www.wapol.org/es/las_escuelas/

Relectura del libro de JAM Política Lacaniana, Capítulo Sexto: “El acto entre intención y consecuencia”

Por: Juan Pablo Bitar

Comento brevemente antes de empezar, que la relectura de este capítulo, el sexto y último del libro de JAM llamado Política Lacaniana, será realizado de forma inversa, de atrás hacia adelante, con la finalidad de articular una lógica en el mismo.

Quisiera comenzar con el último apartado, el número once, denominado “el respeto”.  Considero que desde aquí debemos arrancar, en tanto que este significante tiene una connotación positiva o negativa, y da cuenta de cierta reciprocidad, podemos decir que se respeta al otro para ser respetado por él.  Miller nos indica que la reciprocidad es la caída de la relación subjetiva en el estadio del espejo, por tanto, en este punto de cierre del capítulo, Miller nos indica que no hay que ser recíprocos, sino por el contrario golpear al otro de buena manera, atravesar este plano imaginario, es decir, responder un acto y por sus consecuencias, especialmente de las que no se conocen y que habrá que asumirlas.

El psicoanálisis no se produce sin medios, la Escuela no parte de cero, parte de gente, gente que se reúne, personas que tienen sus propias subjetividades, pero que podríamos suponer que en el horizonte tienen un deseo, un deseo que como resaltó Piedad hace dos reuniones anteriores, es un deseo puesto a trabajar en la escuela.  Me animo a decir también que es un deseo que por momentos es puesto a prueba, aun siendo muy singular.  Puede ser también un deseo con respuestas dirigidas a buenas intenciones e incluso a tener una respuesta de no, pero como sabemos, la política lacaniana es una política de la insistencia, una insistencia por hacer salir al deseo oculto tras las buenas razones y la buena intención.  Es decir, por momentos podríamos pensar que es una idea un tanto descabellada, pero no habría que satirizarla, en tanto que puede ser que se encuentre dentro de la ética que incluya al Otro, una ética que él la denomina ética de las consecuencias.

Miller dirá que los actos son gestos y estos dependen de sus consecuencias, por lo tanto, hay que juzgar al acto por su consecuencia.  La forma común, de lo que yo puedo llamar la psicología del sentido común, es a través de la ética de la moral, de la buena intención, de la buena fe; una ética del para todos que es incompatible con el psicoanálisis.  Lacan implica a la consecuencia, inscribe el acto en el mismo estatuto de la consecuencia, se puede decir que el acto es un comienzo, pero sólo se lo podrá juzgar retroactivamente, por lo tanto será necesario esperar para saber si fue “efectivo”, y deberá ser juzgado por la ética de las consecuencias, una ética que incluye al Otro.

Hay un planteamiento que considero algo importante en el punto cuatro, que es la cuestión del acto.  Miller nos dice que “la causa de todo es la cuestión de la formación del analista”.  Al leer esto, puedo asumir que es la causa de la escuela.  Con esto puedo preguntarme: ¿Cómo una escuela como la nuestra podría formar a los analistas?  Si bien, el intento de formular una respuesta fue objeto de una reunión de escuela, en donde luego de la intervención tanto de miembros como asociados, se pudo denotar que cada uno pudo responder desde su singularidad, desde la soledad de las ideas e incluso desde una iniciativa propia.  Esto me hace recordar algo de lo que Antonio Aguirre nos decía en alguna de las reuniones anteriores, “la escuela es un grupo de dispersos y dispares”, de varios que tenemos diversas opiniones.  

Retomando a Miller, podría decirse que la escuela está hecha para vivir un malestar, un malestar que talvez no se lo deba de tratar, sino de dejarlo estar, un malestar que incomode al grupo social analítico, es decir, puedo pensar que los miembros, asociados, amigos de la escuela estamos cómodos con nuestros pequeños grupos, con quienes nos gusta trabajar, pero algo de eso es lo que se debe de irrumpir, creo que la idea sería de trabajar, no tan solo con quienes nos caen bien, sino tal vez, por momentos debemos de trabajar con quienes nos caen mal, seguramente el trabajo con ellos generaría el malestar y creo que eso fomentaría el trabajo propio de la escuela.

Quiero cerrar este texto hablando del primer apartado denominado “la presión del presente”.  Miller aquí menciona que las tres conversaciones dadas en el seno de la AMP para aquella época eran “ensayos de política lacaniana”.  Estas conversaciones fueron las de las psicosis ordinarias, Arcachon, Angers y Antibes.  Hoy en día, la presión del presente apunta hacia el “año trans”, hacia lo trans, y tomando lo que Miller nos dice en este apartado, podríamos pensar que hay una posibilidad muy amplia que de todo lo que existe para estudiar, que la presión que existe por estudiar este tema, por decir algo sobre este tema, nos venza; sin embargo, como nos dirá Miller en este apartado, la mayoría de las veces primero hay que hacer las cosas y después despejar los principios. 

Por lo tanto, la escuela talvez no sea un refugio de tranquilidad, es un lugar donde hay un malestar presente, un malestar de diversos y dispares, con sus diversos actos que tienen sus diversas consecuencias, pero podría ser un lugar donde se ponga a hacer algo con ese malestar, donde ese malestar pueda producir algo de lo que sería ser un analista, incógnita que sigo manteniendo.

Guayaquil, 25 de junio de 2021