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El cartel: tensiones fecundas

“Aquel que me interroga sabe también leerme”
Exergo
Jacques Lacan
Televisión, Otros Escritos, pág. 535

INSCRIPCIÓN AQUÍ

De un cartel a otro

Por Juan de Althaus

En el Acto de Fundación de la Escuela francesa de Psicoanálisis Lacan plantea que participar en ella implica el compromiso a una transferencia de trabajo, para lo cual inventa el pequeño grupo llamado cartel. En la página 254 de los Otros escritos, en el acápite 7 De la Escuela como experiencia inaugural, señala que “La enseñanza del psicoanálisis solo puede transmitirse de un sujeto a otro por las vías de una transferencia de trabajo. Los ‘seminarios’, incluido nuestro curso de Hautes Études, no fundarán nada si no se remiten a esa transferencia”. De esto se deduce que el conjunto de otras actividades de la Escuela se sustenta del trabajo en el cartel.

Esta orientación Lacan la mantiene durante toda su enseñanza. Así, en su Seminario 27. Disolución, en 1980, se lee: “Con ellos –sin dilatación- arranco la Causa freudiana y restauro en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir, el cartel, del cual, experiencia hecha, afino la formalización”. Restaurar el órgano base del cartel significa que había pasado al olvido en la Escuela que disuelve.

Como proposición principal encontramos que el cartel es el órgano base de la Escuela, y como afirmación derivada, que es la puerta de entrada a la Escuela, pero no para quedarse en el zaguán contemplando los interiores, sino que “luego de un tiempo de funcionamiento (el cartel), a los elementos de un grupo se les propondrá permutar en otro”.

En tanto que se trata de agrupar singularidades con su rasgo propio en el trabajo del cartel, cada uno es diferente, así como cada reunión del cartel es único. El más uno designado debe mantener el deseo de saber sobre la episteme sicoanalítica de cada uno de sus cartelizantes, y siempre habrá algo nuevo que decir, y algo nuevo que faltó decir.

Hay cierta convergencia entre el final de un análisis y presentarse al pase con su testimonio, con el final del cartel y sus productos escritos. Estos tienen que “pasar” al Otro de la Escuela a ser expuestos, discutidos, registrados y publicados. Esta acción puede ser considerada como un acontecimiento de Escuela cuyas resonancias remueven el pegoteo imaginario que la cómoda satisfacción estanca.

Si la Escuela es un refugio ante el malestar de la civilización, es porque se obtiene cierto goce vivificante en el trabajo del cartel que se transfiere a otros. Entrar a la Escuela por el cartel es estar decidido a sostenerse en ese lugar pasando de un cartel a otro, sin quedarse contemplando las paredes en silencio, más bien, hablándoles.

Cartel, puerta de entrada a la Escuela. ¿Qué quiere decir?

Por María Victoria Clavijo – 2 de julio de 2021

La Escuela y el cartel tienen la misma fecha de nacimiento. El acto de fundación de la Escuela francesa de Psicoanálisis el 2 de junio de 1964[1] por parte de Jacques Lacan, funda  una colectividad llamada Escuela e instaura también un modo de trabajo en ella, llamado cartel.  Me permito citar el inicio del texto:

“Fundo -tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica, La Escuela francesa de psicoanálisis (…) mi intención es que este título (EFP), represente el organismo en el que debe cumplirse un trabajo, que el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de su verdad (…) este objetivo de trabajo es indisoluble de una formación a dispensar en ese movimiento de reconquista.  Es decir, que están habilitados de pleno derecho a aquellos a quienes yo mismo formé, que están invitados a él todos quienes puedan contribuir a poner a prueba lo bien fundado de esta formación.

Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno se compondrá de 3 como mínimo, de 5 como máximo, cuatro es la justa. MAS UNA encargada de la selección, de la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno.”

Esta es la presentación de lo que Lacan desea, una escuela de trabajadores.  En estos dos pequeños párrafos aparecen expresiones como: “cumplirse un trabajo”, “objetivo de trabajo”, “contribuir a poner a prueba”, “elaboración sostenida”. La Escuela acoge el trabajo de cada uno de sus miembros, los de pleno derecho (analizantes de Lacan) y los invitados, de todos ellos se espera lo mismo: poner a prueba su formación.  Este cambio supone un giro 180 grados respecto de la institución analítica en la que Lacan era didacta y en la que se formó, a saber, la sociedad francesa de psicoanálisis. En ella, la institución estaba conformada por quien hubiera completado el cursus de seminarios teóricos, los años de análisis estipulados con una analista autorizado llamado didacta y las horas de supervisión clínica asignadas. Una vez terminado el ciclo de estudios, el candidato se volvía miembro de pleno derecho, un miembro que no tiene ya mucho que demostrar, pues el periodo que se destinaba para ello era el periodo como candidato en formación. A diferencia de la asociación, la Escuela creada por Lacan, su razón de ser, el deseo a realizar en ella es el de un trabajo a producir de manera sostenida y permanente. La Escuela entonces, no es un lugar de llegada de un proceso didáctico, o educativo o de entrenamiento, sino un lugar de exposición, verificación, y elaboración de lo que la enseñanza de Jacques Lacan  enseña, a cada uno, uno por uno.   El concepto de Escuela de Lacan se remonta más a la escuela platónica que a la Universidad. De hecho, Miller recuerda que la Escuela entendida de manera clásica remite a grupo de seguidores de una enseñanza y es más antigua que la propia Universidad. Hoy la transmisión de saber se ha concentrado en la universidad. Es por ello, que la Escuela hoy, supone hacer un esfuerzo. [2]

¿De qué esfuerzo se trata? Es una pregunta que me orienta. Un esfuerzo más para ser lacaniano, un esfuerzo de poesía, un esfuerzo en el cartel. ¿Por qué no?

En enero de 1980, Lacan disuelve su Escuela, y en marzo pide a aquellos que se quieren quedar con él, que hagan otro trabajo, el del duelo por  la Escuela, para tomar la posta de otro  trabajo.  Lo cito: “Créaseme: a nadie admitiré para que juguetee en la Causa freudiana, sino seriamente desescuelado-despegado (d’école). (…) Paso a los otros que, este trabajo, no tienen que hacerlo, por no haber sido de mi Escuela – sin que se pueda decir  ésta no los haya intoxicado.

Con ellos, sin demora, lanzo la Causa freudiana – y restauro en su favor el órgano de base

tomado de la fundación de la Escuela, o sea el cartel, cuya formalización, tomando en cuenta la experiencia, afino.

Primero – Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Aclaro: producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo – La conjunción de los cuatro se efectúa en torno de un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo estará velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.

Tercero – Para prevenir el efecto de pegoteo, la permutación debe hacerse, en el término fijado de un año, dos como máximo.

Cuarto – Ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo.

Quinto – El sorteo asegurará la renovación regular de los puntos de referencia creados a fin de vectorializar el conjunto.

La Causa freudiana no es Escuela, sino Campo – donde cada cual tendrá vía libre para demostrar qué hace con el saber que la experiencia deposita. (…) Abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha.”[3]

Esta es una referencia que encuentro fundamental para situar el cartel como órgano base, puerta de despegue de la Escuela. En 1964, la entrada a la Escuela se hace por un trabajo en el cartel de aquellos que ya eran miembros de la Internacional, es un instrumento político cuyo objetivo era conmover los cimientos de la estandarización de la formación del analista, y hacer hablar a los que se habían acomodado en su prestigio silencioso como psicoanalista consumado, identificado su  ser al Sujeto supuesto saber. En marzo del 80, el cartel sirve a Lacan una vez más para pasar un trabajo a los otros, es decir una institución analítica, la Escuela de la Causa Freudiana, cuyo sostén es un trabajo transferido por el propio Lacan. Una Escuela cuyo secreto es el lazo de trabajo en quienes la componen. En este contexto preciso considero que el esfuerzo por la Escuela, consistió en un esfuerzo y una apuesta a realizar un trabajo  por la existencia de la enseñanza de Lacan, sin Lacan. 

¿Es el cartel hoy una puerta de entrada a la Escuela de hoy?

Diría, de una manera muy simple, que el cartel es una puerta, y se la abre si se la sabe tocar desde adentro, es decir a partir del trabajo de cada uno.  Es un trabajo que consiste en el estudio de los textos de referencia, los de Freud, los de Lacan, es el trabajo de lectura como efecto de un bien decir provocador de elaboración del más Uno, y también de los otros cartelizantes, que avivan cada vez la pregunta que siempre tiende a cerrarse en un saber obtenido, ya sabido.

 En el cartel,  se apuesta por poder  suspender el saber para dejarse enseñar,  es decir, es el dispositivo de la docta ignorancia,  que mostrando el recorrido de los propios callejones sin salida,  de las incomprensiones, y atolladeros del escrito lacaniano, y también, de vez en cuando, alguna  respuesta tentativa, no-toda, pueda darse, avivado el fuego del deseo de saber  por las chispas  de la conversación con los otros cuatro, que provocan, cuestionan, incluso sospechan… sospecha ojalá, de un saber completo, sin falla, instituido, o referencial. El cartel es la apuesta del trabajo colectivo, que es absolutamente necesario para producir la pequeña diferencia de la elaboración propia, palabra cualquiera puede tomar en la Escuela. El cartel iguala a los que puedan embrollarse en sus identificaciones del tipo “analista”, “no analista”. Todos, cada uno, hace su entrada en la Escuela cada vez. Era el deseo de Lacan. ¿Estamos a la altura de ese


[1] Lacan, Jacques. Acto de fundación Otros Escritos, Paidós (2012)

[2]Miller, Jacques-Alain. El concepto de Escuela. En: https://wapol.org/es/las_escuelas/

[3] Lacan, Jaques. Despegue o decolaje de la Escuela.  https://www.wapol.org/es/las_escuelas/

El arte sutil de “ser” más uno…

Por: Jéssica Jara

Sobre el más-uno he abordado en elaboraciones previas sobre “Lo imposible de gobernar” que se trata, según Miller, de un “líder pobre”. Esto también debilita la elección del profesor que más sabe, del más carismático… Es decir, la elección del “más”. Obviamente, tampoco se trata de que gobierne la pereza ni que reine la comodidad.


Para Lacan el más-uno es alguien elegido que promueve la discusión en el cartel y vectoriza a la Escuela el trabajo. Queda claro que la apuesta de Lacan es que los cartelizantes “hacen” el trabajo de la Escuela. Otra función del más uno es contrariar el efecto de grupo (el pegoteo imaginario), encausando la labor de cada cual en torno a su propio rasgo. Es decir, la orientación por el Uno.
Ahora principalizo “el arte de ser más uno”: una labor que implica un cierto saber hacer allí. Y allí se trata de no creerse “el efecto de atractivo” que le confiere su posición, sino de referirlo a otra parte: a Freud, a Lacan, a Miller.


Al respecto, les comparto el texto de J.-A. Miller con esta última referencia, “Cinco variaciones de la elaboración provocada”: https://www.wapol.org/es/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=10&intEdicion=3&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=295&intIdiomaArticulo=1
Evocando a un Freud analizante, quien a una avanzada edad aún se apremia por dilucidar las conexiones inconscientes de la tachadura de una palabra, de un sutil acto fallido, dejándonos un precioso testimonio escrito de sus cavilaciones y deseos más íntimos; apunto a la labor singular del más-uno como una función sutil de apuntar y sostener un enlace inesperado, cada vez, entre lo Uno y lo colectivo del cartel. 
Si hay pincel también habrá filo cortante… Para concluir, el más uno encontrará el modo de favorecer hacer-pasar esos hallazgos cartelizantes modestos e inéditos al Otro de la Escuela.
Como notaron, mis S1 a poner a trabajar en cartel en esta ocasión son: “Artegullo”, “escritoser” y “sutilezas analíticas”. Nos conectamos este sábado a las 11h00 para hablar del cartel, para elegirnos entre nosotros, para conformar un cartel…


Cordialmente,
Jessica Jara de AguirreComisión de Carteles NEL

Convocatoria para formar carteles de la Nueva Escuela Lacaniana-Guayaquil

A los miembros y asociados de NEL Guayaquil, a los amigos del psicoanálisis y de la Escuela, los invitamos a inscribirse, individualmente o como grupo (3, 4, 5, personas) para constituir carteles.

Las solicitudes, vía mail, se dirigirán al coordinador de carteles, Antonio Aguirre, con copia a la directora de NEL Guayaquil, Mónica Febres-Cordero de Espinel.

La comisión de carteles será la encargada de acordar con los interesados los agrupamientos de cartel, el rasgo o tema de estudio, la nominación del más-uno del cartel y los datos necesarios para los contactos.

Escribir a antoni.guirre.f@gmail.com
CC.   febrescorderomonica115@gmail.com

Antonio Aguirre F.
Coordinador de carteles 

Dignidad, lo indigno y la indignación

Por Juan de Althaus

Producto del cartel flash hacia IX ENAPOL

La dignidad implica que la singularidad de un sujeto es merecedora de un reconocimiento por parte del Otro. Se considera digno a alguien porque de alguna manera logra hacer lazo social en el lugar donde se encuentre, desde su diferencia absoluta como ser hablante. Cuando no cumple con esta condición se lo considera alguien indigno, cuando desorganiza el discurso y no permite el pasaje de un discurso a otro.

La indignación conlleva el sentimiento que alguien indigno ha afectado la dignidad de otro, es decir, ha tocado de mala manera su singularidad. Como esta no tiene nombre, como esa juntura a medias y aislada entre un S1 y el cuerpo, la respuesta surge de lo real buscando articularse a la dimensión imaginaria del sentimiento para luego encontrar las palabras simbólicas. En el caso de la psicosis puede producir la paranoia extrema, el desencadenamiento. En la neurosis hace tambalear el síntoma. La manera como el sujeto goza es travesada por un dardo que viene de un otro perverso, en tanto goza de su división.

Lo insoportable de esta afectación puede llevar al sujeto a la ira momentánea, pero también hacia una sublimación o respuesta a ser trabajada en el tiempo de comprender y llegar a una conclusión de tal manera que pueda poner una barrera suficiente a la afrenta sufrida.

En la clínica se ilustra cuando el paciente se queja indignadamente que sus padres o cuidadores le propiciaron una serie de males, o cuando la pareja lo ha agredido. Aquí lo interesante es orientar el análisis hacia la implicación del sujeto en aquello de lo cual se queja indignadamente. Esto también es válido para el mundo de lo político social, para movimientos como los indignados o los chalecos amarillos. Llama la atención que aquellas poblaciones llamadas indígenas que fueron vilipendiadas en su dignidad desde hace 500 años, lograran reorganizarse y movilizarse con prudencia, de tal manera que obtuvieron una serie de reconocimientos parciales del amo, el cual nada quería saber al respecto. La otra vía estuvo presente también, la de un odio ancestral canalizado por organizaciones violentas.

La ética del psicoanálisis implica saber escuchar la indignación y su interpretación apunta a una transferencia de un supuesto saber para inventar significantes nuevos que sepan hacer con aquellos acontecimientos que producen indignación.

 

Sobre el relanzamiento del cartel “Hacia una Nueva República de las Letras”[i], en Guayaquil.

“… además de ponerlos a ambos en comunicación y, en sentido inverso,
llevar a esas ciencias aquello que por nuestra subjetivación pueden recibir como inspiración complementaria”.
Lacan, Acto de Fundación de 1964

Por Jessica Jara, Más-uno.

Nuestro cartel se relanzó de un modo particular, tratándose de una permutación que consistió en que cada integrante invitó a alguien más al colectivo. El cartel quedó conformado más o menos así. En las primeras reuniones cada cartelizante puso su rasgo/riesgo singular a funcionar, al mismo tiempo que armábamos una bibliografía compartida, sin que la misma constituyera un límite a nuevas perspectivas de búsqueda y a la inspiración. Lo que viene bien en el espíritu ZADIG, espacio donde nos hemos anotado y cuyo planteo es recuperar a Freud y Lacan, atendiendo la continuidad moebiana entre la psicología individual y social.

ZADIG retoma de modo inédito una conversación urgente y siempre renovada entre psicoanálisis y política, esfuerzos que se escribieron uno por uno: “el analista ciudadano”; “la acción lacaniana”; incluso los CPCT’s podrían ser considerados un ejercicio de respuesta de algunos analistas al malestar social; publicaciones valiosas como “cartas a la opinión ilustrada” y “testimonios de encuentros con el psicoanálisis”; mociones y peticiones; “la batalla del autismo”; participación de analistas en la arena política, el senado y la construcción de legislaciones; creación de observatorios; transformación de las Escuelas en Ong’s y organismos consultores. Por lo que haría falta un repaso serio de esa serie de esfuerzos, al estilo de la “recensión” del campo freudiano que propusiera Lacan en el 64.

Hasta el momento, cada uno de los cartelizantes ha ido precisando su interés de trabajo entre “Psicoanálisis y política”, ya que perseveramos en sostener abierta esta pregunta.

Antonio Aguirre, psicoanalista. Después de sus lecturas de filosofía política de Leo Strauss apuesta por Simone Weil, lectura señalada por Miller. Antonio empezó por “Echar raíces”, desde allí nos supo transmitir que esta mujer es una inclasificable, “hereje” precisó. Nos resonó, resultando enigmática, una de sus propuestas: ante la dificultad hay necesidad de (re)introducir un dicho que inspire. Lo que hace pregunta a cierto nivel es la posición antipartidista de Weil, pero en este caso también lo fue su puntuación: antes de los derechos están las obligaciones. En una discusión sobre si todos los argentinos eran “peronistas”, Antonio se preguntaba: ¿entonces Borges? La cuestión del “significante vacío” laclausiano que ha sido funcional tanto a la “derecha” como a la “izquierda” volvió al ruedo. A. Aguirre desde hace un tiempo es colaborador de La conversación. La academia en la comunidad[ii].

Rafael Guerrero, estudioso y amigo del psicoanálisis, retomará el seminario 17. Su cuestión es el sujeto dividido, “insatisfecho”. Algunas preguntas que surgieron fueron: ¿cómo se expresa esa división?, ¿cómo esto se pone en juego en una relación con la institución?, ¿qué democracia/política/Estado considera a este sujeto, sin ser populista?, ¿cómo poner en falta la lógica totalitaria?, ¿cómo conectar política y singularidad? Rafael nos ha enviado un link con obras de Weil en pdf: https://mega.nz/#F!5AMjmK6C!1iFe9oTyczmEVy3Vaj_E7w  Su participación a fines de los setentas en la revista de incidencia política “Nariz del diablo”, hizo recordar que un modo “antiguo” válido para responder era el “periodicazo”. En su primera exposición comentó “¿Qué es la política?” de Hannah Arendt para decir que el orden no se funda en relación a lo necesario sino de lo contingente y apuntar una identidad por la narración. Un punto de conversación fue el nacimiento del sujeto y el Otro, y el objeto.

Carlos Tutivén, intelectual no orgánico y docente, escribió un paper colectivo con Héctor Bujanda y Tina Zerega sobre la serie “Black Mirror”, y avanza en su indagación por los medios digitales, la crisis de la subjetivación: ética y política. Ante la desorientación contemporánea y el paso de “lo prometéico” a “lo fáustico”, se propone un trabajo en dirección a lo que sería una “ética del despertar”, contando con su referencia psicoanalítica, filosófica y budista. Su pregunta por el desencanto, banalización y brutalización actual puede tener como referencia la Presentación de Miller del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, donde se atiende el “cero de sentido”, lo que le remite al fantasma y a un nuevo imaginario. Carlos Tutivén también escribe en La Conversación[iii].

Carlos Quezada, asociado de la NEL que se anotó a ZADIG, siendo que de este modo entró a formar parte del cartel. De inicio su pregunta es por el “canalla”, a quien el análisis puede volver un fool, y la canallada colectiva, siguiendo las formulaciones lacanianas; y también por esos que “ponen el cuerpo” y sólo “cumplen órdenes”: subjetividad atendida por Hannah Arendt, a quien fue remitido. Por otra parte, se preguntó a quién nos dirigimos como ZADIG por lo que tomará como un antecedente válido de estudio “Las cartas a la opinión ilustrada” de J-A.Miller, donde aparece el significante “opinión”, pero como destinatario. En otra reunión Carlos, en tanto ingeniero politécnico, nos habló de algunos modos de hackeo en tiempos de servidumbres digitales, y rememoró el debate entre eficiencia y eficacia.

Fabián Mosquera, intelectual, periodista cultural y poeta, pasa del estudio de fondo de la poética de Paul Celan al comentario de los textos: “Marx y Freud en América Latina” (Bruno Bosteels) y “The spirit of revolution…”, último que compartirá. Anotó su deseo de seguir vinculado al cartel, -al tiempo que estará haciendo un doctorado en Pittsburgh-, para trabajar sobre Pier Paolo Pasolini, considerando que hace poco Miller hubo lanzado la “Petición a la no reducción de Pasolini a un intelectual orgánico”. Una precisión es el funesto destino que puede resultar la academia para un pensamiento vivo, siguiendo la crítica de Derrida sobre la “neutralización” de Marx en la Universidad. Plantea que hay que sacar al marxismo de la lógica libresca. Nos preguntamos si aquello le ocurre hoy a Freud y Lacan en la Universidad…

Jessica Jara, psicoanalista. Acabada la lectura del “El narrador de Benjamin”, su interés es continuar trabajando el paso lógico del “testimoniar” al “ser hereje, de la buena manera”. Indagará sobre el estilo y la materia de la que está hecha esa “opinión” planteada por Miller: la que a sería una opinión más viva y real, es decir una que ya no sea un dar testimonio de un acontecimiento traumático sufrido, en tanto que sobreviviente que vive sólo para contarlo; sino, a su entender, de un decir que implica una transmutación[iv], un saber-hacer allí y el embrollo. Trabaja el seminario 23 y “Topología y tiempo” de Lacan, testimonios de pase y “La regla del juego…” (JAM y BHL). Le proponen leer “Mondos” para atender al acto sin Otro. El planteo es ¿cómo “hablar con propiedad” cuando se sigue vivo después del acontecimiento? El arraigo a la letra ante el desarraigo contemporáneo es una de sus conjeturas.

Patricia Ballén, catedrática y amiga de la literatura y el psicoanálisis[v]. Es nuestra amable anfitriona, quien hoy trabaja en torno a la ficción que consumen los adolescentes, los jóvenes. En esta ocasión se trata de la cultura “freaky”. Nos dice que el chat también sirve para interrogarse, aunque parezca que este consumo es de quienes “no creen en nada”. Hay un revival de la ficción en las nuevas generaciones, nos dice, y habrá que estar atentos.

Fernanda Carrera, comunicadora social vinculada a los derechos humanos. Escribe en medios populares. Fernanda se pregunta por lo que es la “sociedad civil”, después de los estragos causados por un estado que pretendía anularla a título de “lo público” o del interés público, pero también por la escalada de la cultura de la demanda y lo políticamente correcto. Así, se interesa por lo que sucede en un twitter sin ley, en lo que llama “guerra virtual”. Fueron interesantes sus preguntas sobre aquello que llega a ser Trending Topic en tanto que, -muy a parte del trabajo de los trolls-, el hecho de que algo se vuelva “tendencia” a veces ocurre de “milagro”. Sus referencias son Rawls y Hobbs, y ahora se dedica a Hegel y Lacan.

El este cartel ampliado también participarán Cecilia Ballén, psicóloga clínica que ingresó al Hospital Psiquiátrico en la iniciativa “Proyecto de psicoanálisis” iniciado en 1991, donde ha logrado sostenerse; y, Jhonny Burgos, arquitecto y catedrático que dice que se “pondrá al día” para asistir. Héctor Bujanda, catedrático y escritor venezolano, se sumará más adelante al trabajo del cartel pues está concluyendo la redacción de su tesis de doctorado.

Quedan invitados a participar nuestros amigos: Tina Zerega[vi], Héctor Chiriboga[vii] y Javier Rodríguez, a la distancia.

Este texto fue publicado en Lacan Cotidiano N° 23, Sección La Movida ZADIG.

[i] http://estudioslacanianosecuador.blogspot.com/2017/02/resena-cartel-nuevas-subjetivaciones.html

[ii] http://laconversacion.net/author/antonio-aguirre-fuentes/#tab2

[iii] http://laconversacion.net/author/carlos-tutiven-roman/#tab2

[iv] http://estudioslacanianosecuador.blogspot.com/2014/11/el-pivote-irreductible-de-un-analisis.html

[v] https://nelguayaquil.wordpress.com/2016/09/28/boletin-14-violencias-y-pasiones/

[vi] http://www.expreso.ec/guayaquil/tina-zerega-investigadora-LRGR_8198194

[vii] https://nelguayaquil.wordpress.com/2016/10/12/boletin-16-violencias-y-pasiones/

https://nelguayaquil.wordpress.com/2017/09/12/violencias-y-pasiones-el-libro-de-la-nel/

De psicoanalizante a psicoanalista: un paso, un empalme, un gesto… un acto

Carteles

Por: Jessica Jara
kj

Arte: http://www.gunyol-kunt.com

“¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición,                                  el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,             la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?”

(Una vez que) Me duele una mujer en todo el cuerpo”. J. L. Borges, El Amenazado.

De empalmes y pasos

Freud apuntó el hecho de que sólo se sabe de las aperturas y de los finales de las partidas de ajedrez, tal y como sucede con los psicoanálisis. Que en el intermedio habría infinitas posibilidades. Jacques Lacan por su parte señaló que los momentos de la entrada y la salida del análisis son dos puntos de empalme. Para Lacan hay fin del análisis y su continuación por otros medios.

En la Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela Lacan indicó que la terminación del psicoanálisis -redundantemente llamado “didáctico”- es el paso del psicoanalizante al psicoanalista; y que nuestra escuela, debe dedicarse a disipar: “esa sombra espesa que recubre ese empalme”.

Un empalme remite a un punto en que se unen, se enlazan, se suceden sin interrupción dos cosas. Sin embargo, lo que parecería ser una continuidad no lo es, en tanto que un empalme parte de una separación, de un corte, a partir del cual se procede a juntar. Empalmar implica un hacer: un acto. Un empalme es un nudo. El de escota o bandera, por ejemplo, se diferencia de otros nudos porque puede ser utilizado para unir líneas de diferente grosor. Analizante y analista no son líneas homogéneas.

Hay un “momento electivo” nos dice también Lacan, en que el psicoanalizante pasa a psicoanalista. El acto analítico es supuesto desde este momento. El acto por su parte implica un antes y un después: es un acontecimiento. Al acto analítico el analista no es convocado como sujeto y sus efectos son a nivel del goce. A la entrada, el acto analítico da paso a la posición analizante sosteniendo y autorizando el trabajo de éste. Hay que tomar de que este acto de autorización es segundo y remite al acto primero de la autorización del analista.

El hecho de que haya “entrada en análisis” supone que hay analista. ¿Y qué es un analista? Para Jacques-Alain Miller un analista es “un sujeto que ha percibido su modo de gozar como absolutamente singular, que ha tomado su goce en tanto fuera de sentido” [1].

El enlace inicial analista-analizante acontece con la instalación del sujeto supuesto saber. Y cuando el analizante ha terminado su trabajo, -al decir de Lacan-, esta página puede ser pasada con un gesto que cambia al sujeto al final. Este acto es la destitución del mismo sujeto que lo instaura, al revelarse lo inesencial del SsS.

En esa vía Xavier Esqué enunció en uno de sus testimonios: “El analista aparecía caído del ideal, como un “mocoso” respecto al saber sobre mi goce, imberbe de lo real. El analista quedaba reducido a im-ber-be, a una mirada. De esa mirada había sido soporte en la cura”.

Uno decide, uno se vuelca, uno entra… en el discurso psicoanalítico 

Lacan en su Autocomentario[2] del 74 nos dice que su empeño por el pase era para esclarecer lo que sucede en cierto momento “… en el que uno se decide, uno se vuelca, uno entra en el discurso analítico”. Allí Lacan recuerda que cogitó la Proposición del 67 durante sus vacaciones en Italia, y comenta que entonces se decía: “¿Pero qué mosca te pica? ¡Dios sabe lo que esto provocará!”.

Desde la Proposición, puede decirse que entre analizante y analista hay una puerta cuyo gozne es el resto que hace su división. Lacan planteará entonces que: “En este vuelco donde el sujeto ve zozobrar la seguridad que le daba ese fantasma donde se constituye para cada quien su ventana sobre lo real, se percibe que el asidero del deseo no es más que el de un deser…”.

Tomando como referencia el seminario 17, “alguien” se vuelca al discurso analítico cuando acontece, no un giro de 360 grados, sino la permutación de un cuarto de vuelta de las cuatro letras del matema. El paso del discurso de la histeria al del analista puede escribirse:

 -> S1                    a   -˃ $

a   //   S2                         S2  // S1

Así, desde la lectura del matema podemos decir que se entra al discurso analítico:
1. Cual sujeto dividido que consiente se le responda desde el lugar de a para así producir sus significantes amo, en tanto que la operación analítica consiste en separarlos del sentido:

a  ->  $   -> S1   //   S2

  1. Se entra al discurso analítico en tanto que analista, si surge el deseo inédito de ocupar el lugar del objeto a, causa de deseo: objeto agalmático al inicio y palea al final. Miller interpreta que el analista quiere ser abandonado y organiza su operación para “ser el engañado y volverse el desecho”[3].

Lacan no cesó de preguntarse y preguntar por qué alguien querría ser analista, indicando que es “un job muy duro”. Y gracias a su conferencia en Yale, junto con las preguntas que le hacen, sabemos que él pedía testimonios al final y al inicio del análisis. Al inicio para “elegir” a sus analizantes. Y para el final propuso el pase, que consiste en que:

“en el punto en que alguien se considera suficientemente preparado para osar ser analista, pueda decir a alguien de su propia generación, un par –no su maestro o pseudomaestro- eso que le ha dado nervio para recibir personas en nombre del análisis”.

Un acto: un gesto de partida

En el dilema de los tres prisioneros[4] se esclarecen tres momentos: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. A ese trío se suman y restan las escansiones: los lapsos de duda y las objeciones lógicas, lo que inconsiste la perfección del número 3. La “prisa lógica”, es el toque de real que precipita la conclusión. Esthela Solano[5] dio cuenta de este funcionamiento en el “proceso lógico del pase”, donde ella precisa que las escansiones son introducidas por el pasador.

La conclusión, en el caso de los prisioneros, es un acto que se adelanta a su certidumbre, y señalará también Lacan que hay un acto en el “gesto de la partida” que absorbe los momentos anteriores.

El acto de salir en este problema implica la toma de la palabra, aún sofisma, en tanto que “la verdad” no alcanza a dar cuenta de la elección. Lo cierto es que se sabe lo que se es, -en este caso el propio color-, cuando los otros han vacilado dos veces en salir.

Allí la referencia es el mismo Lacan en “El momento de concluir” [6] cunado señala que: “el fin del análisis es cuando se ha girado dos veces en círculo, es decir reencontrado esto de lo cual se está prisionero…. Basta que se vea eso de lo que se está cautivo, y el inconsciente es eso: es la cara Real… de eso en lo que se está enredado”. El subrayado es mío.

En el seminario 20 Lacan se refiere al “signo de cambio de discurso”, al nuevo amor a propósito del poema de Rimbaud “A una razón”. Los primeros versos: “Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos e inicia la nueva armonía./…”. Y podemos “ver” allí que no se trata de razones, de argumentos de sentido, sino de un signo, de un gesto: “Un golpe de tu dedo sobre el tambor”, lo que marca un cambio de discurso e inicia una nueva armonía.

Pivotajes y transmutaciones 

Lacan habla en su seminario “… o peor” de pivotajes (referencia de la física) y transmutación (referencia de la al-química). Siendo el pivote que nos concierne es de la “anécdota” a la “lógica”.

En esta vía podemos anotar el señalamiento de Aníbal Laserre sobre la elaboración del testimonio de pase cuando indica no haber visto “que los que escuchan se alteren, por ejemplo ante una incoherencia de la cronología, mientras que el más mínimo fallo en la lógica si llama la atención”.

Así, en uno de los testimonios de X. Esqué el pivotaje será del “es que” al “sé que”. Él nos dice entonces que “La repetida cantinela del es que(de la anécdota) fue agujereada por la que considero la interpretación fundamental… que… trazaba un arco que iría del principio al final de la cura, del “es que” de la impotencia al “sé que” de la imposibilidad”[7]. Lo que muestra un giro implacable, conservando al mismo tiempo una “cierta ingenuidad”. Simple y elegante como las matemáticas.

Lacan también dirá en el seminario 19 que en la experiencia analítica vemos al significante transmutarse en letra. ¿Esto implica la transmutación del analizante al analista?

En el testimonio de Mauricio Tarrab quien señala que el significante “soplo (al corazón)”, -que juntó la marca el cuerpo y el sentido materno, agregando que “teniendo un destino de equivocación, producto de la interpretación que hará el sujeto y de todas sus resonancias… al ser tratado su fuera de sentido por la maquinaria del Nombre del Padre”-, al final devino signo.

En la experiencia analítica el “soplo” como significante (amo) se despegó de las significaciones y despojado del sentido (S2) se transmutó en letra. Al final enunció Tarrab: “ya no inflo más el globo del nombre del padre”. Dicho que implicaba un hecho: el inicio de una nueva lógica.

Esta mutación sin dudas trae efectos al analista en su práctica al aproximarlo a la posición femenina o del S (Atachado). Y también puede, contingentemente, producir un analista.

Un significante nuevo vs. el S2 de Google 

Lacan en el 77 se pregunta por qué uno no inventaría un significante nuevo, uno que no tuviera como lo real “ninguna especie de sentido”. Desde esta perspectiva, podemos leer el fin del análisis como un acontecimiento de escritura, de invención de un nuevo número/letra que cierra una lógica que es en relación al Otro (A) y escribe el inicio de otra, esta vez del S(Ⱥ). Aquí la referencia es Cantor con su número transfinito: número imposible de pensar, pero posible de utilizar.

Para Leonardo Gorostiza[8] el paso fue del significante “calzador” (que anudaba síntoma y fantasma) al significante inventado al final de su análisis: “calzador-sin-medida”: escritura irónica, nombre de su sinthome.

En el caso de Ram Mandil se tratará de las letras “A.V.D.”, siendo que en uno de sus testimonios hace un señalamiento fundamental al decir que la escucha de estas letras podría desencadenar sentidos infinitos en francés y en portugués, pero que “la lectura, su materialidad sonora, permitió hacer de estas letras un nombre, un sinthome que estanca el sentido, una fijación de goce”. Y es entonces que podemos apuntar que en su caso hubo una mutación del “goce del sentido” a un modo singular gozar, cuya marca es esa nueva escritura.

Llama la atención entonces que algunos testimonios de pase dan cuenta de intentos fracasados y búsquedas infructuosas del “significante nuevo” en Google, el gran S2 de la época. ¿Es la debilidad de la que habla Lacan? Así, en todo caso lo que se verificó es que “calzador-sin-medida”, “A. V. D.”, “CPTU y un guión”… son escrituras inéditas, agujeros en el sentido, significante de la falta en el Otro, oximorónica verdadera-invención, enunciación de su más singular.

Existe la fantasía de la existencia de una línea de progreso o desarrollo en el análisis, que llevaría a un sujeto paso a paso, centímetro a centímetro del lenguaje a lalengua, del síntoma al sinthome, sueño que se contraría por el acontecimiento, la irrupción de lo imprevisto, que el corte lacaniano produce.

Ser analista de su propio inconsciente o el acto de desuposición 

Tomando como referencia el hecho de que:

1) Al final del análisis hay el acto de destitución subjetiva;

2) El deseo del analista es su enunciación, y su enunciación transmisión en acto;

3) El acto del analista es sin garantías, sin Otro;

4) El pasaje del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo ya no estaría causada por el analista sino por el psicoanálisis.

Quiero anotar fragmentos que dan cuenta de lo que sería la continuación del análisis por otros medios, hacia una elaboración posterior:

  • Lacan decía que se la pasaba haciendo el pase, que el pase había que recomenzarlo siempre; que él en su seminario estaba en posición analizante, cuando no decía que estaba en posición femenina.
  • Del testimonio de Anna Aromí: “Y sobre la mujer como sobre la psicoanalista, sabrán que no dejo de romperme la cabeza. Es mi forma de autorización”.
  • Miller ha subrayado el “postanalítico”, y hace pocos años demandó “… que se hable de sí mismo como de un caso, que se elabore la relación al sujeto supuesto saber, y también que los analistas den a conocer cómo se elabora en el paciente de ellos el deseo de ser analista”.
  • Elisa Alvarenga en uno de sus testimonios: “Si durante el análisis, la preferencia dada al inconsciente tendía a recubrir con lo simbólico todo lo imaginario y lo real, otro corte fue necesario al final, restaurando así el nudo borromeo en su forma original, dice Lacan. No había más que decir, sino mucho que hacer…”.

En todos los casos los subrayados son míos.

Bibliografía

Alvarenga, Elisa. “Modalidades del objeto en un psicoanálisis”. Revista Digital Virtualia # 3. http://virtualia.eol.org.ar/003/default.asp?notas/ealvarenga-01.html

Aromí, Anna. “Romperse la cabeza”. Revista Lacaniana de Psicoanálisis. Número 16. Abril del 2014.

Borges, Jorge Luis.  “El Amenazado”. El oro de los tigres.

Castellanos, Santiago. “El deseo del analista y lo real del acto”. Blog de la ELP.

Esqué, Xavier. Testimonio: “Lo éxtimo empuja”.

Gorostiza, Leonardo. “Los confines de la caridad freudiana”.

Lacan, Jacques:

  • “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”. Escritos, Tomo 1.
  • El Seminario. Libro 2 “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” 1954-1955.
  • Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Momentos cruciales de la Experiencia Analítica. Ed. Manantial.
  • “El acto psicoanalítico”. Reseña del seminario 1967-1968.
  • El Seminario. Libro 17 “El reverso del psicoanálisis”.
  • El Seminario. Libro 19 “… o peor”.
  • El Seminario. Libro 20 “AUN”.
  • El Seminario. Libro 23. “El sinthome”.
  • Seminario 24 “L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”. Inédito.
  • Seminario 25 “El momento de concluir”. Inédito.
  • “Autocomentario”. Intervención en el Congreso de La Grande-Motte. “Uno por Uno”. Número 43, Verano 96.
  • Conferencia en Yale. Inédito.

Laserre, Aníbal. “La elaboración del testimonio”. Revista Digital Virtualia. http://virtualia.eol.org.ar/002/notas/leserre-01.html

Mandil, Ram. Fragmento de testimonio de pase.

Miller, Jacques-Alain:

“El banquete de los analistas”.

“Cómo se deviene psicoanalista en los inicios del siglo XXI”.

“Cosas de Finura en Psicoanálisis”. Curso del 6 de diciembre de 2008.

Solano Esthela, “La práctica del pase”. Feminidad y fin de análisis. GRAMA Ed, 2009.

Tarrab, Mauricio. Testimonio “Y el soplo se vuelve signo”. Web de la AMP.

 

[1] Cosas de Finura en Psicoanálisis, curso del 6 de diciembre de 2008.

[2] Intervención en el Congreso de La Grande-Motte. En “Uno por Uno” número 43, Verano 96.

[3] “Cómo se deviene psicoanalista en los inicios del siglo XXI”, JAM.

[4] Trabajado por Lacan en sus Escritos, Seminario 2, entre otras intervenciones y textos.

[5] En “La práctica del pase”.

[6] Seminario 25, clase del 10 de enero de 1978.

[7] “Ahora puedo decir se que, se que el significante no alcanza a decir mi ser, se que la destitución subjetiva abre la vía a la pulsión y que mi deseo se articula a lo más singular del goce pulsional”.

[8] “Los confines de la caridad freudiana”.